De fusiones “políticas” y del relevo en la banca

31 / 01 / 2012 Agustín Valladolid
  • Valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

En la por ahora desmentida fusión de CaixaBank y Bankia, Rajoy podría optar por anteponer la política a otros intereses.

Hace tiempo que en la sede central de La Caixa, o CaixaBank, se vigilan con la máxima atención todos los movimientos que pudieran tener que ver con el futuro del que hasta ahora ha sido su competidor más directo, Bankia. En la Diagonal se maneja información de primera y sus máximos responsables, Isidro Fainé y Juan María Nin, saben que la coyuntura política y la buena química que contra todo pronóstico existe entre Mariano Rajoy y Artur Mas puede acarrear sorpresas. ¿Estabilidad y fortaleza política en esta compleja legislatura a cambio de ceder a la entidad catalana, por la vía de la absorción de la madrileña, el number one de las finanzas españolas? Todo es posible. Por eso desde hace semanas asistimos a un goteo constante de informaciones que alertan acerca de la delicadísima situación de la caja-banco que preside Rodrigo Rato. Perfecta estrategia de comunicación que prepara el terreno “por lo que pueda pasar”, y reblandece las opiniones contrarias a la inevitable y astronómica cantidad de dinero público que habría que comprometer para llevar a cabo la operación.

La reforma inacabada del sistema financiero patrio obliga a nuevas fusiones-absorciones, y la razón de Estado otorga a la política poderosos argumentos para doblar, por una vez, el pulso a la dictadura de los mercados. En condiciones normales, una boda por lo civil (en este caso se podría muy bien decir que por lo militar) entre CaixaBank y Bankia sería en estos momentos inasumible: solapamiento de la red, choque de culturas, desequilibrio en las cuentas y oposición del Partido Popular de Madrid. Pero las cosas no están para minucias, y los imponderables económicos solo encuentran contrapeso en las urgencias políticas. De ahí que Rajoy no parece hacerle ascos a un movimiento que puede ayudar a pacificar la cuestión catalana y traer sosiego a la vida política cuando esta más lo necesita. A cambio, el president Artur Mas se apuntaría un éxito indudable: coloca a CaixaBank en lo más alto del ranquin, recupera prestigio para las finanzas catalanas y ayuda a resolver un serio problema consolidando la imagen de político de peso, de los que han venido para quedarse.

Así visto, el libreto tiene todo el sentido. Sin embargo hay factores que antes de dar el paso conviene medir. Milimétricamente. Comenzando por explicar el porqué, el cómo, y el cuánto (dinero de todos los españoles) de la operación. El acuerdo de moderación salarial alcanzado por sindicatos y empresarios apenas reduce otros riesgos de contestación social que atisba el inquilino de La Moncloa. El rosario de noticias negativas en los que se han visto envueltos banqueros o directivos de las antiguas cajas, léase indultos, fugas de capitales o indemnizaciones multimillonarias, no van a ser por mucho tiempo compatibles con la infinita sucesión de embargos, desahucios o el cierre masivo de pequeñas empresas por falta de liquidez. Tampoco con el uso indefinido de nuestros impuestos para sanear las cuentas, privadas, de aquellos que no supieron parar a tiempo. Con la economía en recesión y el paro sin llegar aún al fondo del pozo, Rajoy sabe de la importancia que van a adquirir las apariencias en estos dos primeros años de su mandato. Antes de que se conozca el próximo caso Luzón (que se conocerá a no mucho tardar y será aún más impactante: tres dígitos de indemnización-pensión), el Gobierno debería tener hechos algunos deberes y situados estratégicamente los diques de contención.

Me refiero (deberes) a la urgente necesidad de completar la rectificación levantando el pie del freno a la inversión, desacralizando el cumplimiento a corto del déficit y poniendo en marcha un plan creíble de recuperación del empleo, con especial énfasis en el juvenil. Pero también hablo (diques) de lo que en ciertos círculos se empieza a susurrar con extrema prudencia: la renovación casi al completo de la cúpula de la banca española; aprovechando la culminación de la reforma financiera. En todo caso, se argumenta, antes de que los relevos se conviertan, por la fuerza de los hechos, en destituciones “ejemplares”.

Nada se sabe de lo que opina Rajoy a este respecto -y puede que nunca lo lleguemos a saber-, pero sin duda su anuencia es vital para lo que algunos ya pergeñan: nuevas caras para recuperar credibilidad, nueva imagen y nuevas formas para una banca que por distintos errores (¡ay la banca de inversión!) y circunstancias, hace demasiado tiempo que a ojos de muchos empresarios y trabajadores dejó de ser el instrumento cercano y eficaz que era.

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica