Zimbabue se libera de Mugabe

28 / 11 / 2017 Alfonso S. Palomares
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El presidente deja el poder después de 37 años al frente del país.

Estudiantes universitarios se manifiestan contra Mugabe. Foto: AFP/Getty

Al fin Robert Mugabe ha abandonado la presidencia que creía poseer por derecho divino. No podía seguir resistiendo los gritos unánimes de la calle pidiéndole: “Vete ya”. Era el pueblo, todo el pueblo quien gritaba: los de su propio partido, los de la oposición, los militares, los comerciantes, los estudiantes y las mujeres de todas las edades. A sus 93 años, el presidente más viejo del mundo y con casi 40 en el poder, quería seguir ejerciéndolo para pasárselo a su mujer, que a su vez conspiraba con otros miembros de su partido para heredarle.

Desde 1980, año en que Zimbabue logró la independencia, Mugabe ejerció el poder con un gran apoyo al principio, ya que había sido el héroe de la lucha contra los británicos. Moduló su partido, el ZANU-PF, con el objetivo de mantenerse en el poder y diseñó el Ejército para blindarse en la presidencia. Amañó elecciones o liquidó a los oponentes cuando con amañarlas no era suficiente. Sucedió en las de 2008, cuando participó Mugabe liderando su partido y Morgan Tsvangirai al frente del Movimiento por el Cambio Democrático.  Ganó Tsvangirai por más de cinco puntos en la primera vuelta. Antes de que se celebrara la segunda, Mugabe desató tal violencia contra los opositores que Tsvangirai renunció a presentarse, no solo temía por su vida sino por la de quienes le apoyaban, de hecho algunos fueron eliminados. El arzobispo sudafricano Desmond Tutu, Nobel de la paz, definió a Mugabe como “la caricatura del dictador africano”.

Extraño golpe de Estado

Hace unos días el Ejército dio un peculiar golpe de Estado que no se confesó como tal. El general Constantino Chiwenga comandó la operación. Sin disparar un tiro las tropas se fueron haciendo con todas las instituciones y centros de poder, mientras el pueblo les coreaba. El partido ZANU-PF le destituyó de la presidencia, por lo que Mugabe se quedaba sin apoyos, en el limbo. El pasado domingo los generales pidieron al presidente que dimitiera, y el muy hipócrita dijo que lo haría en un discurso rodeado por los mandos militares. Mugabe habló con voz tambaleante e insegura divagando sobre seguridad, paz, ley y orden. Sobre la necesidad de luchar contra la inflación y la corrupción, pero de dimitir no dijo nada hasta el martes.

Entre los militares hay dos bloques, los veteranos que hicieron la guerra y acompañaron a Mugabe todos estos años y los de mediana edad conocidos como la generación 40. Los veteranos son los que promovieron la acción militar, entre los más jóvenes hubo división de opiniones, algunos apoyaban que la sucesión recayera en su mujer, la ambiciosa Grace. Para facilitar la sucesión a su mujer Mugabe destituyó hace unos días al vicepresidente Emmerson Mnangagwa, fue la chispa del estallido, tiene el apoyo del núcleo duro del Ejército y de la cúpula del partido. Destituyeron a Grace Mugabe de la presidencia de la poderosa Liga de Mujeres “por promover el divisionismo con discursos de odio”. También la expulsaron del comité central del partido junto a sus partidarios. A Mugabe no le ha quedado otra alternativa que dejar el país con una promesa de inmunidad. Una era represiva ha terminado.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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