Venecia se hunde

13 / 02 / 2012 Gloria Moreno
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La subida de las aguas amenaza con hacer desaparecer la bella localidad italiana. Tanto es así, que los ciudadanos ya han celebrado su funeral.

Venecia, la ciudad de los canales, se encuentra en peligro de extinción. El aumento del nivel del mar y la creciente contaminación de su peculiar ecosistema no solo amenazan con corroer su inigualable belleza sino que también están poniendo en juego su misma supervivencia. En los últimos 100 años, la ciudad ha perdido unos 23 centímetros con respecto al nivel del mar, una distancia que podría parecer irrelevante pero que en este caso hace saltar todas las alarmas. Venecia se encuentra tan solo un metro por encima de la superficie del agua. Sin embargo, esta ya exigua distancia podría reducirse todavía más en los próximos decenios a causa de los efectos del cambio climático y, sobre todo, del progresivo deshielo de los glaciares, fenómenos que conllevarán el alzamiento paulatino de los océanos en todo el planeta.

Ubicada en el noreste de Italia, la antigua república marítima de Venecia está compuesta por 117 pequeñas islas interconectadas por más de 400 puentes. Esta original distribución urbana, que en lugar de calles tiene canales, hace que sea imposible trasladarse en coche, con lo que uno se ve obligado a coger el vaporetto (pequeño ferry para pasajeros) o la góndola para moverse dentro de la ciudad. Así, una de las primeras preguntas que vienen a la cabeza es cómo rayos se les ocurrió a los primeros habitantes fundar esta maravillosa urbe, con sus magníficos palacios y encantadoras iglesias, en un lugar tan inhóspito. Pues la culpa fue de los bárbaros. Durante los años de la caída del Imperio Romano forzaron a las poblaciones que habitaban en tierra firme a refugiarse en las pantanosas islas de la laguna veneciana, dando origen, sin saberlo, a la que sería una de las potencias mercantiles más importantes del Mediterráneo.

Sin embargo, a lo largo de este último siglo, la contaminación y las cada vez más frecuentes inundaciones provocadas por las mareas vivas han deteriorado y puesto bajo grave amenaza todo este rico legado cultural. “Lo que más preocupa es la intensificación en el tiempo del fenómeno de las mareas altas”, explica a Tiempo Elena Zambardi, portavoz del Consorzio Venezia Nuova, el comité público que se está encargando de relanzar el ecosistema de la laguna y protegerla de las inundaciones.

Cada año, los venecianos tienen que vérselas con las crecidas extraordinarias del mar que dejan sumergida la ciudad durante varias horas. “Últimamente, esto suele ocurrir unas cinco veces al año y supone un grave perjuicio para los comerciantes y para el sector turístico, que es uno de los motores principales de la economía veneciana”, detalla Zambardi. En estas ocasiones, no es extraño ver las calles cubiertas de improvisadas tablas de madera flotantes que facilitan el paso tanto a los ciudadanos como a los numerosos turistas, que se ven forzados a llevar sus maletas a peso porque el agua les llega hasta las rodillas.

“En realidad, en una ciudad como Venecia, las mareas altas siempre han sido un problema. El verdadero drama está en que este tipo de fenómenos son cada vez más y más frecuentes. Basta consultar las estadísticas históricas para comprobar que de los diez eventos por década que se registraban a principios del siglo XX se ha pasado a más de 50 en los últimos diez años. Esto quiere decir que el fenómeno se ha multiplicado por cinco o seis en solo 100 años. Y lo que es peor, existe una altísima probabilidad de que vuelva a repetirse una catástrofe igual o incluso peor que la que se produjo el 4 de noviembre de 1966, cuando la ciudad quedó sumergida bajo un metro de agua. En realidad, es casi seguro que esto volverá a pasar. Lo único que falta por saber es cuándo”, asegura la experta.

Proyecto Moisés.

Ante esta perspectiva, las autoridades ya se han puesto manos a la obra y están trabajando a contrarreloj para poner en marcha el proyecto MO.S.E., acrónimo de Módulo Experimental Electromecánico, pero que en italiano también significa Moisés. Su objetivo, como bien señala su profético nombre, es salvar a Venecia de las aguas. “Se trata de un sofisticado sistema de diques móviles de acero que permitirán mantener la laguna por debajo del nivel del mar en caso de marea alta”, detalla Dan Kohnen, ejecutivo del grupo ArcelorMittal, una de las empresas que ha participado en la construcción de las barreras.

Estarán colocadas en el fondo del mar, en cada una de las entradas a la laguna y se alzarán cada vez que las previsiones indiquen el arribo de una marea superior a 1,1 metros, que es el nivel a partir del cual Venecia corre el riesgo de quedar inundada. Actualmente, el dispositivo se halla en una fase avanzada de ejecución y debería estar listo en 2014. Pero solo será útil si en las próximas décadas el nivel del mar aumenta un máximo de 60 centímetros.

Lo cierto es que este faraónico proyecto ha suscitado diversas polémicas, sobre todo entre quienes consideran que el dispositivo debería activarse antes de lo previsto por las autoridades, es decir, antes de que el agua alcance los 1,1 metros. Los críticos sostienen que las barreras deberían alzarse con una marea de 90 cm, ya que en algunas partes de la ciudad, sobre todo en el casco antiguo, esta es la distancia que separa la tierra del nivel del mar. Además, según los detractores, detrás de esta medida se esconderían los intereses económicos de quienes pueden verse perjudicados por el alzamiento de las barreras, que cada vez que se levanten bloquearán el acceso a la ciudad. Otra de las controversias está en la financiación del proyecto, que costará unos 5.500 millones de euros. Si esta cifra ya parecía desorbitada en tiempos de bonanza, más aún lo es ahora, estando Italia como está en el ojo del huracán de la crisis de la deuda.

Mientras las autoridades públicas multiplican sus esfuerzos para impedir que una de las urbes más preciadas del mundo desaparezca, en esta sigue produciéndose un imparable éxodo de ciudadanos. En los últimos 40 años, ha perdido a la mitad de sus habitantes, que han pasado de ser alrededor de 121.000 en 1966 a menos de 60.000 en la actualidad. Esto significa que el burgo está por debajo de su límite vital, cifrado en los 60.000 habitantes.

Funeral simbólico.

Al problema de las continuas inundaciones se suma la invasión cotidiana de los turistas y los altos precios de las casas y del nivel de vida en general, sin olvidar lo incómodo que resulta vivir entre canales. Los residentes se ven obligados a luchar diariamente contra miles de problemas. Cuando no son las ratas que asaltan las casas a través de las cañerías cuando sube la marea, son las palomas que con sus excrementos lo dejan todo perdido. Pero tampoco son un alivio las temporadas de marea baja, que es cuando los canales se secan y surgen los malos olores.

Esta situación preocupa tanto a las autoridades como a los mismos ciudadanos, que el año pasado celebraron el funeral simbólico de Venecia para llamar la atención sobre la gravedad del problema. Este insólito sepelio compuesto de barquitas y góndolas recorrió los principales canales de la ciudad ante la mirada atónita de los turistas y terminó justo delante de la sede del Ayuntamiento, ante el que los participantes rezaron una oración fúnebre.

Aun así, en Venecia todo el mundo sabe que por muchas soluciones que se adopten poco se puede hacer para frenar la subida de las aguas. Con lo que solo queda esperar que llegue Moisés y vuelva a hacer milagros.

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