La UE de Macron

10 / 10 / 2017 Alfonso S. Palomares
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El presidente francés cree que ha llegado el momento de salvar a Europa del populismo.

Los líderes de la UE en Tallín (Estonia) el 29 de septiembre. FOTO: ILMARS ZNOTINS/AFP

Después del brexit la Unión Europea está viviendo una intensa crisis y trata de superarla dibujando un futuro que la cohesione. El más activo formulando propuestas está siendo el presidente francés, Emmanuel Macron, una vez que Angela Merkel ha quedado debilitada por los resultados electorales que la obligan a formar Gobierno con unos partidos sin demasiados fervores europeístas. La pasión europea de Macron es antigua y lo dejó claro en la campaña que le llevó a la presidencia. Desde entonces ha hablado muchas veces sobre la articulación de una nueva Europa, llegando a plantear como objetivo una especie de Estados Unidos de Europa. Escogió como escenario de sus proposiciones la Universidad de La Sorbona, una de las más antiguas y prestigiosas del mundo. Piensa que es el momento de salvar a Europa para que no caiga en populismos extremistas, de uno y otro lado.

Los nacionalismos exacerbados cargados de supremacía racial han encendido las hogueras en las que Europa ardió en el pasado y puede volver a quemarse en el futuro si se entrega a un identitarismo dogmático y pasional. Con voz entusiasmada Macron dejó claro que para refundar o relanzar la UE tenía: que definir un verdadero presupuesto de la Eurozona, un superministro de finanzas para gestionarlo y un Parlamento de esa misma zona con el fin de ejercer un control democrático. La apuesta de Macron tiene como finalidad lograr una Europa fuerte con gran presencia mundial en unos momentos en los que los Estados Unidos de Trump se repliegan sobre sus intereses y tanto China como Rusia tratan de jugar fuerte en el escenario Internacional. Por eso también el presidente francés habla de la creación de una fuerza de intervención rápida que disponga de una doctrina militar común. Ve la Europa actual demasiado lenta, débil e ineficaz. Sabe que para llegar a ese objetivo tiene que contar con Alemania, y la señora Merkel no vive sus mejores momentos, aunque siga siendo el referente de la solidez europea, pero dada la situación interior está centrada en las políticas migratorias, la gestión de los refugiados dentro de sus fronteras y los desafíos de la política digital a corto plazo.

Los dirigentes y los países europeos han recibido las propuestas de Macron de manera distinta. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, sostiene que en el fondo lo que propone Macron ya está en marcha porque la función de superministro de Finanzas la desarrolla en cierta manera el Comisario Europeo de Asuntos Económicos, que sería también presidente del Eurogrupo, una función actualmente diferente. De alguna manera, Juncker y Macron podían estar de acuerdo. El primer ministro holandés, refiriéndose al presidente francés, soltó: “El que tenga visiones que vaya al oculista”, lo que no deja de ser una ingeniosa boutade. La mayor resistencia a los planes de Macron le ha venido del llamado grupo de Visogrado, que engloba a Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, que consideran una injerencia en sus asuntos internos algunas directivas europeas. Son países con dirigentes  con planteamientos nacionalistas casposos y retardatarios. Las ideas de Macron solo caben en una Europa a dos o tres velocidades, liberada de lastres.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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