La deriva de Maduro

11 / 07 / 2017 Alfonso S. Palomares
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Los venezolanos llevan tres meses llenando las calles de manifestantes.

Manifestantes opositores participan en una marcha contra Maduro en Caracas. Foto: Miguel Gutiérrez/EFE

Pocas veces la palabra crisis tuvo un significado tan exacto y múltiple como ahora en la Venezuela de Maduro. En ese desventurado y rico país podemos ver todos los rostros de la crisis, de las crisis. Crisis alimentaria, económica y social. Crisis humanitaria al borde de la desesperación. Falta de todo, sería un rosario interminable enumerar las carencias que tienen los desesperados ciudadanos. Y lo que es peor, la constante presencia represora de la Policía chavista que ha dejado, al menos por ahora, 76 muertos y un número indeterminado de detenidos, aparte de los encarcelados encabezados por el clásico Leopoldo López, del que hay una presunta grabación de sus gritos mientas estaba siendo torturado. Los venezolanos llevan tres meses llenando las calles de manifestantes casi a diario, una prueba de que les posee una rabia interminable frente al régimen.

Hay tiros y muertos, pero el miedo no les frena. Maduro pronuncia unos discursos delirantes y primarios. Ha dicho que si no les llegan los votos acudirán a las armas, es decir, que está dispuesto a seguir matando para defender su revolución bolivariana. Muy demócrata el tío. Pocas veces hubo un presidente con unas aristas tan rudimentarias. Chaves era otra cosa. Tenía un gran carisma verbal.

La crisis se agudizó y las manifestaciones se multiplicaron cuando a primeros de abril dio un golpe de Estado contra la Constitución.

Mayoría arrolladora

Fue cuando le quitó los poderes a la Asamblea Nacional para que fueran asumidos por el Tribunal Supremo, el Supremo avaló la maniobra, pero pronto tuvieron que volverse atrás ante las presiones de la comunidad internacional. La Asamblea Nacional, según la Constitución, es el órgano legislativo legítimo. En las últimas elecciones la oposición obtuvo una mayoría arrolladora, pero sistemáticamente Maduro viene impidiendo que ejerza sus funciones. Los periodistas denuncian las presiones y las represiones contra los profesionales críticos con Maduro y contra las empresas periodísticas que atacan al sistema. El periodista Tulio Hernández, colaborador del Nacional, se vio obligado a huir y refugiarse en España por haber pedido a los jóvenes que se defendieran de los ataques. El propio Maduro alentó públicamente a la Policía que lo buscara y encarcelara. La fiscal General del Estado, Luisa Ortega, se ha convertido en el blanco de las iras del régimen por reconvenirle que respetara las leyes. Luisa Ortega, era una reconocida chavista, pero no quiso colaborar con las veleidades antidemocráticas de Maduro. En medio de ese caos esquizofrénico, Óscar Pérez, un piloto de película, se apoderó de un helicóptero de la Policía Científica y desde el aire se dedicó a bombardear el Ministerio del Interior y el edificio del Tribunal Supremo, mientras su copiloto exhibía una inscripción contra el régimen. Trágicómico.

 Maduro montó en una de sus típicas cóleras y acusó a los Estados Unidos y a la embajada de ese país de apoyar ese vuelo y un golpe de Estado. En este paisaje tan desolador, Maduro quiere perpetuarse y legitimarse en el poder y para lograrlo ha convocado las elecciones a una Asamblea Nacional Constituyente para que elabore una Constitución que le blinde a él y a su revolución que se sustancia en un chavismo adulterado. Esa Asamblea tendrá 545 miembros de los cuales 364 serán elegidos de forma territorial y 173 saldrán de los ámbitos sectoriales; es decir campesinos, pescadores, estudiantes, discapacitados, empresarios, empleados y comunes. Más ocho indígenas.

 La circunscripción será municipal y todos los municipios estarán representados por un miembro. De este modo tendrá el mismo valor un municipio habitado por 1.000 habitantes que el poblado por 300.000 o 500.000. Lo que trata es de restarle poder a las ciudades en donde tiene un rechazo frontal.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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