Jerusalén es una bomba de racimo

19 / 12 / 2017 Alfonso S. Palomares
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El reconocimiento de la ciudad como capital de Israel por parte de Trump puede incendiar la región.

Milicianos palestinos queman una bandera estadounidense en Gaza. Foto: M. SABER/EFE

Jerusalén, Yerushalayim para los judíos y Al Quds para los árabes, no es una ciudad, es una pasión teológica. Esta ciudad santísima conserva intacta su capacidad de encender pasiones y por derivación incendiar gran parte del mundo, especialmente lo que llamamos la calle árabe. El presidente Donald Trump acaba de proclamar Jerusalén como capital del Estado de Israel, anunciando a la vez que trasladará su embajada de Tel Aviv a la ciudad santa. Con ello ha tocado un símbolo político y religioso altamente inflamable.

Inmediatamente se soltaron los vientos de la cólera por todo el mundo árabe y los palestinos del Hamás han anunciado su vuelta a la lucha y posiblemente a la intifada, que sería la tercera. De momento la violencia está siendo controlada, por lo menos a la hora en que escribo, pero pueden volver los disparos y las piedras, no solo por parte de los palestinos sino también de los libaneses y otros países del entorno.

Con esta decisión, Trump también ha visto deteriorado su papel de mediador en el hipotético relanzamiento del proceso de paz. Sin embargo, esta decisión que sembró optimismo en Israel, la ha tomado Trump pensando más en la comunidad judía y en los cristianos radicales estadounidenses que en Israel. El hombre que está detrás de Trump en este anuncio es Sheldon Adelson, el magnate del juego y los casinos, el mayor contribuyente a la campaña de Trump y al Partido Republicano. La decisión la tomó después de una comida con Adelson en la Casa Blanca. El alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, está eufórico al igual que toda la derecha israelí, que ha felicitado a Washington por el paso histórico que acaba de dar. 

Aberración

Para la mayoría de los responsables políticos tanto de Oriente como de Occidente la decisión es una aberración terrible. En un hipotético acuerdo de paz con la creación de dos Estados, Jerusalén podría ser el broche de cierre de la negociación convirtiéndola en capital de los dos Estados. Este y Oeste. Aquí salta la pregunta: ¿podía ser esta provocación un golpe de efecto para forzar las negociaciones? ¿Lo habló Trump antes con el rey Salman de Arabia Saudí, su más firme aliado en la zona, con el fin de facilitar un entendimiento con Israel formando bloque frente a Irán, el enemigo común de los tres? Demasiado maquiavélico para Trump, pero no hay que descartar nada.

El pasado domingo el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acudió a un encuentro con el presidente francés, Emmanuel Macron. Era la primera salida al exterior del israelí después de la decisión de Donald Trump sobre Jerusalén. El presidente francés había declarado que ninguno de los problemas de la zona va a ser resuelto por decisiones unilaterales. Macron puso de relieve al israelí que el reconocimiento era peligroso para la paz y contrario al derecho internacional. 

Una decisión trágica

También le dejó muy claro que tenía que suspender el apoyo a los asentamientos porque con su multiplicación y fortalecimiento no había una geografía para la paz, pues la geografía palestina sería como una piel de cebra que impediría la intercomunicación del pueblo palestino. La declaración de Trump convierte a Jerusalén en una bomba de racimo que puede multiplicar sus estallidos.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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