Irak: tiempo de esperanza

07 / 11 / 2017 Alfonso S. Palomares
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En tres años, el primer ministro Al Abadi ha logrado doblegar al Estado Islámico y unir el país.

Haider al Abadi, en el centro, pasa revista a tropas iraquíes. Foto: Vahid Salemi/AP

Entre los países desventurados, Irak lleva muchos años ocupando uno de los primeros lugares. Con Sadam Hussein y sin él. Pensamos que Hussein era el mal y lo era, pero su liquidación trajo nuevos males y enfrentamientos, las tensiones entre suníes y chiíes se multiplicaron en disparos, muertos y atentados. A los muertos se les enterraba y se les vengaba en un engranaje de sangrienta pesadilla. Los chiíes, mayoritarios (el 60%), padecieron bajo la dictadura del suní Hussein todo tipo de agresiones y humillaciones.

La guerra que Bush, Blair y Aznar montaron sobre la mentira de que tenía armas químicas destrozó al país y lo grave es que solo habían pensado en cómo derribar al dictador, no habían dedicado un solo minuto, ni un solo análisis, a cómo sería el día después.

Lo disolvieron todo: el Ejército, la Administración, la Justicia... todo y por eso llegó el caos más absoluto. Los militares sin ocupación organizaron la resistencia clandestina contra los invasores y de ahí surgió el embrión del Estado Islámico (EI) convirtiendo a Irak en un matadero. En esos años de plomo, los periodistas que cubrían la zona solo contaban tragedias: mezquitas suníes incendiadas o atacadas con bombas, mercados destruidos y vidas segadas por los pacientes disparos de fusiles y pistolas. Irak junto con Siria eran los dos países-matadero. Tres millones de iraquíes se desplazaron de sus lugares de origen buscando dónde asentarse para salvar la vida. En los últimos tres años, las cosas empezaron a cambiar y ahora ese cambio es visible en la notable disminución de los atentados. El cambio empezó cuando ascendió al cargo de primer ministro el chií Haider al Abadi, en el verano de 2014.

Sentimiento nacional

Al Abadi es de confesión chií, pero ha evitados todo sectarismo proponiéndose ser un líder nacional y lo está logrando, aunque no es fácil conseguir de la noche a la mañana la coexistencia de ramas religiosas y etnias diferentes que llevan enfrentándose muchos años, convirtiendo sus tensiones en posturas encallecidas. Son varios los dirigentes de diversas adscripciones que no dudan en confesar que Al Abadi puede ser el hombre que una a todos en un análogo sentimiento nacional.

El logro más evidente fue conseguir lo que parecía imposible, echar al EI de sus feudos dejándole sin territorio, especialmente de su capital Mosul, en cuya mezquita Al Bagdadí se había autoproclamado califa de todos los creyentes. También ha conseguido arrebatar a los kurdos la simbólica Kirkuk, un notable centro petrolero. El primer ministro está volcado en aumentar la producción de petróleo, que ahora ya pone en el mercado 4,5 millones de barriles de petróleo al día. El petróleo es la principal fuente de ingresos y la gran palanca económica del país que aportará recursos para reconstruirlo. Irak está totalmente devastado.

Hay mucho trabajo en Irak para reconstruir todas las infraestructuras, también hay abundante mano de obra desempleada, pero falta dinero. Aparte, también tiene que importar el 80% de consumibles y comida. Por eso Al Abadi apela a los países ricos de la zona y a los inversores privados prometiéndoles que obtendrán buenos dividendos si invierten en Irak ahora que entra en un periodo de paz.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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