Harvey Oswald, el conejito desafortunado

18 / 11 / 2013 12:34 Luis Rivas
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Hay personas que solo brillan en la incertidumbre. A Lee Harvey le faltó credibilidad, pero disfrutará de la presunción de inocencia para siempre.

Que al magnicida más importante del siglo XX lo apodaran en la Marina Conejito afortunado por su parecido con un dibujo animado validaría la totalidad del corpus teórico de Freud. Había caído en el ejército huyendo de una madre sobreprotectora, y allí, en los crueles barracones que ponían músculo a la doctrina Truman, también lo llamaban Oswaldskovich. Por su apoyo a la causa soviética, le decían, aunque su objetivo fuera ridiculizarlo. Su padre falleció dos meses antes de su nacimiento. Los cimientos de la psicopatía se le habrían removido a destajo, de haber sentido Lee Harvey Oswald (Nueva Orleans, 1939-Dallas, 1963) alguna simpatía por el diablo. Pero no lo parecía, pues los ojos del hombre que disparó a Kennedy pedían fama y respeto, autoafirmación. ¿Por qué negó, pues, los cargos? Puede que por cobardía, que les es propia a inseguros y melancólicos, o puede que no.

A los 14 años, y a consecuencia de una pelea con uno de sus hermanastros, un psiquiatra neoyorquino le diagnosticó personalidad esquizoide y tendencia a la agresividad. Su madre, por supuesto, rechazó el dictamen y, con él, el tratamiento para Lee Harvey, y se mudó con la familia a cuestas a Nueva Orleans. Cuando Oswald alcanzó la mayoría de edad había cambiado 22 veces de domicilio y 12 de colegio. Acarreaba en sus continuas mudanzas la señora Marguerite Claverie tres hijos del mismo padre (de los que el endeble Lee Harvey era el menor) y otro más de un segundo matrimonio fallido. La predisposición hacia el mal está en la biografía de Oswald y es tangible, pero pocos creen que matara a JFK, o al menos en solitario o por propia iniciativa, pues hasta para ser un malo perfecto hacen falta cualidades. Y a Lee Harvey le falta credibilidad. ¿Qué se puede pensar si sus prácticas de tiro en el ejército lo acreditan como un tirador mediocre? En 1959 fue juzgado por un tribunal militar tras dispararse accidentalmente en un codo con una pistola no autorizada. Tras el juicio, acudió a pedirle explicaciones al superior que lo había delatado y acabó en el calabozo.

No es de extrañar, por tanto, que Oswald desertara de los marines en la URSS, donde se casaría con la hija de un alto cargo de la KGB. Y aquí se bifurcan las teorías de la conspiración, pues mientras que unos creen que apretó el gatillo por orden de los comunistas, los más enrevesados opinan que no fue esta sino una maniobra de despiste para que nadie pudiera apuntar al FBI y/o la CIA, sus verdaderos amos. En ambos casos, Oswald no habría sido más que un mandado.

El presunto asesino había entrado en contacto con la CIA en 1955, gracias a un compañero homosexual de la Civil Air Patrol. La Comisión Warren no profundizó en la clase de relación que mantenían Oswald y su amigo David Ferrie. Cuando regresó de su exilio soviético se afincó en Dallas y comenzó a trabajar para el magnate del armamento David Byrd, damnificado por las políticas de Kennedy y dueño del Depósito de Libros desde donde supuestamente se llevó a cabo el atentado. Existe una tercera vía de sospecha que apunta a la Mafia, y que fue la que sugirió Oswald cuando se declaró inocente y patsy, término que utilizan los mafiosos para referirse a un cabeza de turco. En todo caso, su popularidad tampoco sale muy bien parada de esta versión.

El 22 de noviembre de 1963 un policía lo arrestó cuando se trasegaba un refresco hora y media después del magnicidio. Se encontraron sus huellas en el rifle homicida y, como prueba, se encontró una fotografía del sospechoso con la misma arma patrullando el jardín de su casa, presumiendo de esa falta de amor propio que exhiben las personas que posan con armas, que incluso en su propia iconografía buscan una subordinación inconsciente, y se subordinan a un rifle. Como epílogo anticlímax, el dueño de un cabaré del tres al cuarto le descerrajó un disparo en el pecho cuando lo trasladaban a prisión, procurándole el honor de ser el primer asesinado en directo en la historia de la televisión. Con toda probabilidad, Jack Ruby no buscaba más que un poco de fama para su ruinoso negocio al calor de un ajusticiamiento que, pensaba, quedaría impune. Oswald, en su limbo, disfrutará de la presunción de inocencia para siempre, por mucho que el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos concluyera que hubo una conspiración y un tal James Files reivindicara el asesinato en 1996. Solo querían robarle protagonismo, esa fama que al final obtuvo por el misterio. Algunos como él, Oswald, Conejito afortunado, solo brillan en la incertidumbre.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: trizan 14/04/2017 19:53

    No fue detenido hora y media después bebiendo un refresco. Al minuto y medio después del magnicidio fue sorprendido por el policía Baker bebiendo un refresco pero su jefe dijo:es Lee trabaja aquí y lo dejó ir.Oswald salió del edificio donde laboraba minuto y medio después. 45 minutos después asesinó al policía Tipit y se escondió en un cine y ahi fue detenido.

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