España, bien, gracias

07 / 02 / 2017 José María Vals
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¡Gracias!

Las medidas económicas de Donald Trump han disparado las alarmas en el comercio internacional. Pero para España el daño, de momento, es muy limitado en la industria e incluso en el turismo. Y algunas empresas pueden verse beneficiadas.

El presidente de EEUU firma una de sus polémicas órdenes ejecutivas en la Casa Blanca. [Foto: Shawn Thew/Efe]

Los 1.300 trabajadores que prestan sus servicios en las bases estadounidenses de Rota y Morón de la Frontera, ambas en la provincia de Cádiz, también miran con inquietud las noticias diarias sobre la intensa actividad de Donald Trump. Ellos no son una empresa que exporte artículos a Norteamérica, tampoco tienen que vérselas con la Policía de fronteras del otro lado del Atlántico y además trabajan para el mismísimo Ejército de los Estados Unidos de América. ¿Qué temen ellos? El flamante nuevo presidente de EEUU no solo quiere que los mexicanos paguen el muro que ha ordenado construir en la frontera Sur, sino que también quiere que los europeos paguemos nuestra parte de la OTAN sin escatimar un céntimo. Y eso puede ser un problema que se suma, por el lado de la cruz de la moneda, al que pueden tener algunos exportadores españoles. Pero las drásticas medidas de Trump también pueden producir beneficios para otros empresarios.

Donald Trump ha puesto en cuestión la pervivencia de la OTAN, tal y como la conocemos ahora, y ha invitado, con esa forma peculiar que él tiene de invitar, a todos los socios a que alcancen el 2% de su PIB en gastos de defensa si quieren seguir contando con la protección del escudo americano. Eso, según cifras manejadas por el instituto de investigación Bruegel, supone que España debería sobrepasar los 15.100 millones de euros (16.000 millones de dólares) anuales frente a los 12.400 millones que gasta ahora. De lo contrario, y si Trump cumpliera su amenaza, podría dejar fuera de uso las bases militares americanas en territorio español. ¿Lo hará? Pues nadie lo sabe, pero los trabajadores de esas instalaciones están inquietos.

Como también lo están los empresarios dedicados en España a la industria auxiliar del automóvil, la que según todos los expertos sería la más perjudicada por el proteccionismo de la industria americana anunciado por el nuevo presidente. Este sector aglutina a unas 1.200 empresas de tamaño pequeño y mediano que dan empleo a 205.000 personas de forma directa y entre sus filas se encuentran también tres auténticas multinacionales como Gestamp Automoción, Antolín o CIE Automotive. Cada año facturan entre todos algo más de 35.000 millones de euros, de los que más de 19.000 provienen de ventas fuera de España. Visto así, el cierre del mercado estadounidense podría representar un problema. Pero, ¿de qué dimensión?

Muy poco

Según el último recuento realizado por la patronal del sector (Sernauto), la industria española de componentes del automóvil en el mercado estadounidense representa únicamente el 4,6% de las exportaciones, muy cerca del 4,2% que acapara Marruecos y a años luz del 72,4% que tiene como destino otros países de la Unión Europea. En cifras concretas, esto supone que el cierre del mercado estadounidense a las exportaciones españolas de componentes de automóvil supondría una caída de la facturación global del sector de unos 800 millones de euros sobre un total de 19.000 millones de ventas fuera de España. Alguien lo pasaría mal, sin duda, pero a escala global no sería un desastre de dimensiones bíblicas. 

¿Qué pasa con las fábricas de coches? España tiene 17 plantas repartidas por todo el territorio nacional y una de ellas es genuinamente americana. Se trata de la que Ford tiene en la localidad valenciana de Almusafes. De sus cadenas de montaje salen entre 1.500 y 1.800 vehículos diarios. Su destino: Alemania, Francia, Italia y Turquía, además de España, claro está. Lo que Donald Trump no quiere es que haya fábricas de coches americanas fuera de América para vender esos vehículos a los americanos. Ese es el caso de las plantas de México, pero no de la de Ford en España. Es más, entre las 17 plantas de todas las marcas que fabrican en España, apenas van al mercado estadounidense entre 40.000 y 45.000 vehículos al año, que representan apenas el 1,9% del total de coches ensamblados en España. Y es que los gustos de los conductores americanos difieren mucho de los de los europeos y los modelos que se fabrican en Europa no son muy apreciados en aquel mercado.

El proteccionismo nunca es bueno para el flujo comercial y aunque el daño para el sector industrial español no vaya a ser excesivamente llamativo, es verdad que los analistas ven en el horizonte un posible parón a la internacionalización de las empresas españolas, justo cuando el horizonte americano se estaba abriendo por la más rápida recuperación de su economía. Otras empresas de alta tecnología españolas como Grifols o PharmaMar tampoco representan una amenaza para el cierre de fronteras comerciales del presidente Trump.

En el caso de Grifols, compañía catalana fundada por la familia Grifols, y dedicada a los hemoderivados para transfusiones, concentra el 65% de sus ventas en EEUU, pero a través de empresas norteamericanas, ubicadas allí, en Carolina del Norte y California, donde da empleo a cerca de 11.000 personas de las algo más de 13.000 con las que cuenta el grupo en todo el mundo. PharmaMar, por su parte, es algo más nueva en ese mercado, donde ha entrado con fuerza para comercializar medicamentos antitumorales, pero que allí son vendidos por empresas americanas bajo licencia, porque es más fácil.

Otro de los sectores que podría verse beneficiado por las nuevas medidas económicas de Trump serían las constructoras españolas. El nuevo presidente estadounidense ha puesto sobre la mesa la posibilidad de invertir medio billón de dólares (unos 470.000 millones de euros al cambio actual) en construir nuevas infraestructuras y mejorar las existentes. Todo ello con el objetivo de dar empleo a miles de americanos. Pero la ingeniería previa es absolutamente necesaria y ahí entran empresas españolas como ACS, OHL o Ferrovial, sin olvidar a Sacyr, que ya diseñó la ampliación del Canal de Panamá. Y capítulo aparte merece la intención de Trump de revitalizar sectores como la minería, donde también hay empresas españolas asentadas allí como Arcelor Mittal o Acerinox.

Dólar, incertidumbre y turismo

Y ¿qué pasará con la macroeconomía y su influencia sobre España? Las políticas propuestas por Donald Trump conducen, según todos los analistas, hacia una subida de los tipos de interés en EEUU, lo que fortalecería el dólar y debilitaría el cambio del euro. Eso facilitaría la vida a empresas europeas con filiales en territorio de Estados Unidos, que ganarían más al hacer el cambio de las ventas en dólares a euros. Y también facilitaría las ventas de compañías de fuera, porque sería más barato. El nuevo orden mundial comercial está por delimitar y España, como todos los países que mantienen relaciones de intercambio con EEUU, sufrirá las consecuencias.

Aunque lo peor será probablemente la incertidumbre de los próximos meses. “A pesar de su hiperactividad en firmar órdenes ejecutivas –asegura un analista de bolsa– Trump desconcierta por lo que dice. Tras ver cómo el dólar subía con sus primeras medidas ha anunciado que así no se favorecen las ventas en el exterior y el dólar vuelve a bajar. Pero ahora se abre una pelea con la Reserva Federal para ver cómo quedan los tipos de interés”.

La Reserva Federal, algo así como el Banco Central Europeo de los estadounidenses, no depende del Gobierno. Trump no tiene autoridad para cambiar a su actual presidenta, Janet Yellen, quien ha dicho en varias ocasiones que piensa cumplir su mandato (termina en enero de 2018), aunque de momento ha optado por una actitud prudente de no entablar una guerra con el presidente hasta ver cómo queda la batería de medidas anunciadas desde que tomo posesión del sillón del Despacho Oval en la Casa Blanca.

Y de este cambio de moneda dependería también el tamaño del varapalo a otro de los pilares de la economía española, el turismo. Aquí no se trata ya de que no se pueda vender en EEUU, sino de que los estadounidenses vengan menos a España. Pero es que ya vienen poco. Representan el 2,9% del turismo extranjero sobre un total de 75,6 millones de visitantes registrados en 2016. En Estados Unidos hay 320 millones de habitantes y solo 60 millones (uno de cada cuatro) tienen pasaporte. Hay quienes dicen que muchos votantes de Trump son precisamente de los que no lo tienen.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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