Escocia busca la independencia

17 / 02 / 2012 10:52 Maruxa Ruiz del Árbol (Londres)
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Convocará un referéndum en 2014 y el espinoso camino hacia la consulta se convertirá en el espejo en que se mirarán el resto de los nacionalismos europeos.

A unos 2.000 kilómetros al norte de Bilbao y algo más de Barcelona, Escocia sienta en estos días los términos de un histórico referéndum sobre su independencia. Alex Salmond, el ministro principal de Escocia y líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP, por sus siglas en inglés), ha definido la consulta como “la decisión más importante para el pueblo escocés en 300 años”. La cifra no es casual. Es el tiempo que Inglaterra y Escocia llevan unidas políticamente, desde el Acta de Unión de 1707.

Para comprender con claridad la relevancia del momento, es necesario recordar la compleja situación política del país de los hombres con falda. No se preocupen si hasta ahora no tenían claros algunos de estos conceptos. Incluso a algunos habitantes de las islas británicas no terminan de entrarles en la cabeza. Como dice el comentarista político Robin Lusting, “la identidad es una cosa confusa en un país donde en la escuela te enseñan literatura inglesa y cuando te dan tu primer pasaporte te das cuenta de que no pone ‘pasaporte inglés’ sino ‘pasaporte británico’ y uno cae en la cuenta de que no existe tal cosa como la literatura del Reino Unido”.

Cambio político.

Reino Unido es un Estado formado por cuatro países: Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte. Por eso, Escocia tiene como reina a Isabel II y como primer ministro al conservador David Cameron, pero además tiene un Parlamento autónomo con un líder de Gobierno propio al que se le llama ministro principal. Alex Salmond es el ministro principal de Escocia desde 2007. Cuando en las pasadas elecciones autonómicas de 2011 renovó su mandato por mayoría absoluta, vio por primera vez el camino abierto para llevar a cabo su mayor promesa electoral: convocar un referéndum sobre la independencia.

En el modelo ideal de nación planteado por el partido de Salmond, el Partido Nacionalista Escocés (SNP), la figura de la reina se mantendría como cabeza de Estado, pero se eliminaría al primer ministro británico y el único jefe de Gobierno sería el ministro principal escocés. En palabras del propio Salmond “esa unión, o si queremos, ese Reino Unido, se mantendría tras la independencia política de Escocia”. La coronas escocesa e inglesa se unieron en 1603 por el monarca Jaime VI de Escocia, mientras que unión política se logró en 1707.

Este hipotético nuevo Estado mantendría, además, la libra esterlina como moneda, una opción que permite alejar en el tiempo el espinoso debate en torno a la posible adopción de la moneda única. “Los niveles de productividad entre Reino Unido y Escocia son muy similares, por lo que no se producirían las tensiones que vemos entre Grecia y el resto de la zona euro”, ha tranquilizado Salmond.

El clímax histórico del momento trasciende de lejos las fronteras de las islas británicas. En España todas las antenas políticas están puestas en cada paso hacia el referéndum, y no es por mera curiosidad por nuestros vecinos del Mar del Norte. Lo que está pasando en el país celta tiene muchos paralelismos con España y sus movimientos nacionalistas. El camino hacia la soberanía en Escocia está alentando las expectativas de los partidos aberzales en el País Vasco y los grupos nacionalistas de Cataluña, que ya se han pronunciado al respecto.

Bildu, por ejemplo, ha hablado de la posibilidad de ir a conocer en directo el proyecto de Salmond y el dirigente de la izquierda aberzale Joseba Permach ha asegurado que el proceso escocés “es importantísimo para todos aquellos que llevamos años trabajando y luchando en Europa para tener un Estado propio”. Permach ha añadido: “El referéndum de Escocia va a ocurrir también en Euskadi”. En Cataluña, Esquerra Republicana ha pedido al presidente de la Generalitat, Artur Mas, que emule a Salmond y convoque también una consulta sobre la soberanía catalana, pero tal cosa no está entre los planes del president. Ha sido el diario alemán Frankfurter Allgemeine el que ha publicado unas declaraciones de Mas en las que rechaza como ejemplo para Cataluña el caso de Escocia. “El Reino Unido no es España y Cataluña no es Escocia. Cataluña tiene mucho más peso en España que Escocia en Gran Bretaña. Cataluña tiene una población muy mezclada y Escocia menos. Pero Gran Bretaña tiene una democracia más sólida y amable que España”.

Más cerca de Escocia, en Irlanda del Norte, el partido nacionalista Sinn Féin también se ha apuntado a pedir un referéndum por su independencia del Reino Unido a la zaga de los escoceses. Querrían que fuera después de las próximas elecciones, en 2015 o 2016, pero la última palabra la tiene Westminster.

La mecha de la consulta podría encenderse también entre nacionalistas flamencos en Bélgica y los separatistas italianos de la Lega Nord, aunque es poco probable, ya que su líder, Umberto Bossi, quiere promover solo la separación fiscal. Por si los europeos no tuvieran ya los cinco sentidos puestos en el camino escocés hacia el referéndum, el pasado 25 de enero Salmond presentó en Edimburgo su proyecto de consulta en una conferencia bajo el título Independientes dentro de la UE. ¿Cómo se hará la consulta que tanto interesa en Europa?

Una pregunta que hará historia.

El pasado 25 de enero el carismático Alex Salmond anunció las palabras exactas con que formulará la pregunta, previsiblemente en otoño de 2014: “¿Está de acuerdo en que Escocia sea un país independiente?”.

Según el calendario, el Gobierno nacionalista presentará un proyecto de ley sobre el referéndum a comienzos de 2013 para su aprobación en octubre, y la consulta se celebraría un año después, en el otoño de 2014. No hay motivo para pensar que el referéndum no se celebrará en los términos que ha anunciado Salmond. David Cameron ya ha aceptado que se llevará a cabo el referéndum y a estas alturas está más interesado en ejercer su influencia sobre los matices que en evitar que se produzca. “Creemos, sabemos y entendemos que está generalmente aceptado que tenemos un mandato político incontestable, que es una mayoría absoluta en un sistema parlamentario proporcional, para conducir un referéndum sobre el futuro constitucional de Escocia”, ha dicho Salmond, que opta por promover una relación de amistad con Cameron.

Pese a las palpables tensiones, el astuto Salmond tiene una estrategia de paz en que dibuja a la futura Escocia independiente como un buen aliado para Reino Unido. El líder independentista se ha ofrecido a negociar con el Gobierno británico para asegurarse de que no haya dudas sobre la legalidad de la consulta y Escocia siga adelante con su camino “ejemplar” hacia la independencia. Al contrario que el movimiento independentista de Irlanda del Norte, o el del País Vasco, el nacionalismo escocés nunca ha estado vinculado a la existencia de grupos violentos. “Este ha sido un proceso democrático. Ni una persona ha perdido su vida en el proceso de independencia”, ha resaltado Salmond recientemente en una afirmación que, según sus palabras, iba dirigida especialmente a los medios extranjeros.

Con su pregunta, clara y directa, Salmond eludirá la opción más confusa de preguntar si los votantes están o no a favor de dar un mandato al Ejecutivo escocés para que negocie la independencia con Westminster. En cualquier caso, si de las urnas saliera un a favor de la independencia sería precisamente eso lo que sucedería. La independencia no sería automática y Salmond tendría que negociar con el Gobierno británico y pactar su soberanía con Westminster, que representa al conjunto del Reino Unido. Una hipotética independencia abriría fuertes tensiones sobre la ubicación de la flota de submarinos nucleares, ahora en Escocia, o sobre el reparto de los alrededor de 14.000 millones de euros generados por el gas y el petróleo del Mar del Norte.

Elección de fecha.

La mayoría de los escoceses (un 70% según distintos sondeos) están a favor de la celebración de un referéndum, aunque eso no significa que vaya a ganar el Sí. Una reciente encuesta de Ipsos–Mori da el 58% de votos a la unión y el 38% a la independencia. En principio estos números no favorecen los propósitos del líder independentista, pero tiene mucho que ganar y, según las encuestas, el tiempo juega a favor del .

Salmond ha tolerado algunas de las exigencias clave de Downing Streeet, como la de formular una pregunta clara o el hecho de que la consulta esté organizada por la Comisión Electoral. Sin embargo, no ha transigido con adelantar la fecha. El SNP quiere capitalizar la ola de orgullo escocés que recorrerá el país en 2014. Se cumplen 700 años de la batalla de Bannockburn, un hito importante en el enfrentamiento contra Inglaterra en las guerras de independencia de Escocia. Además, en junio de ese año se celebrarán las Olimpiadas de la Commonwealth en Escocia y en septiembre, la Ryder Cup. Al contrario, el espíritu patriótico british estará previsiblemente en su mejor momento después de la celebración de los Juegos Olímpicos y el jubileo de diamantes de la reina Isabel. Además, Londres prefería que la consulta se produjera lo antes posible para evitar que la incertidumbre pueda dañar las inversiones en territorio escocés. Por eso David Cameron apostaba por celebrar la votación de aquí a 18 meses.

El segundo as en la manga de Salmond es la aparición en la consulta de una tercera alternativa a la dicotomía independencia–unión. En la presentación del referéndum Salmond anunció que los escoceses podrán aprobar o rechazar el elevar el actual techo de competencias del sistema autonómico. Esta vía se conoce en la jerga política como devomax y se refiere a la devolución de la máxima autonomía. A esta pregunta se espera un mayoritario.

Como reflejo de la tradición cívica, y no étnica, del nacionalismo escocés, podrán votar los residentes en Escocia, no solo los nacidos. Así, no votarán los escoceses que ya no viven en Escocia, lo que dejará fuera de la consulta a cientos de miles de escoceses residentes en Inglaterra, a los que se presume más a favor de la unión que de la independencia.

Salmond quiere sondear además la posibilidad de que puedan votar quienes tengan 16 y 17 años, sabedor de que la causa de la independencia es más popular entre los jóvenes. “Si a los 16 años un escocés se puede alistar en el Ejército, casarse y pagar impuestos, ¿no debería también ser capaz de opinar sobre el futuro constitucional de este país?”, defendió.

El referendo, cuyo coste estima el informe presentado por el SNP en unos 12 millones de euros, se dirimiría por mayoría simple, sin que se exija un mínimo de participación. Escocia acaba de sentar las bases para su histórico referéndum y al tiempo ha colocado un espejo gigante al norte de Europa por donde pasarán para reflejarse las múltiples regiones independentistas del viejo continente.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica