Victoria pírrica

03 / 01 / 2018 Dan Rosenheck y James Fransham
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Los demócratas no se recuperarán. Será muy difícil que tengan mayoría en el Congreso.

Los objetivos legislativos de Barack Obama se dieron de bruces con las elecciones de 2010. Enrabietados por estar fuera de la Casa Blanca y por los intentos de aprobar una reforma sanitaria liberal, los republicanos votaron en masa en aquellos comicios legislativos de mitad de mandato, lo que les costó a los demócratas su mayoría en la Cámara de Representantes. Por esta razón Obama tuvo que depender de las órdenes ejecutivas en los restantes seis años de su presidencia.

En 2018 podría ocurrir lo contrario. En este momento los republicanos controlan los tres poderes electos del Gobierno federal y tendrán que protegerlos de la ira de los votantes. El punto de partida para predecir los resultados electorales es la “encuesta genérica del Congreso”. En ella, los votantes se limitan simplemente a decir a qué partido votarán. Esto crea un registro asombrosamente preciso a la hora de prever el sentido general del voto. En las 38 elecciones legislativas que se han celebrado desde 1942, una predicción estadística simple sobre la media de las encuestas publicadas, ajustada a si se trataba de elecciones de mitad de mandato o también presidenciales, ha tenido un margen de error de solo un 1,3%. Si nos valemos de un modelo algo más complejo pero basado en estos datos, la actual ventaja de los demócratas para las legislativas de noviembre es de entre cinco y seis puntos.

Pero incluso un margen tan cómodo podría no ser suficiente para cambiar la mayoría de ninguna de las Cámaras del Congreso. En el Senado, los demócratas se enfrentan a un mapa brutal. De los 33 senadores que se enfrentan a su reelección, 25 son demócratas que se presentan en Estados claramente republicanos. Una marea demócrata podría hacer que resultaran elegidos los 25, pero aun así eso le dejaría a los republicanos 50 escaños, suficientes para mantener la Cámara bajo control.

En efecto, para hacerse con el control de la Cámara Alta los demócratas tendrían que lograr escaños en Estados profundamente republicanos. Los mayores candidatos son Tennessee, donde Bob Corker se retira, y Texas, donde el ultraconservador Ted Cruz se enfrenta a un rival fuerte como Beto O’Rourke. Sin embargo, según la empresa demoscópica PredictIt, los republicanos tienen un 80% de posibilidades de mantener ambos Estados.

En la Cámara de Representantes está en juego la totalidad de los 435 escaños y los demócratas han de obtener 24 más de los que tienen ahora para recuperar el control. Para ello los demócratas tendrían que superar la manipulación electoralista de las fronteras de los distritos electorales (gerrymandering), que en este momento favorece a los republicanos. Los demócratas deberían ganar por siete puntos en el voto nacional, y todo para lograr una mayoría de un solo escaño.

Los demócratas tienen la ventaja de que ya cuentan con el escaño en muchos distritos. Y es que, tal vez debido a que soplan vientos desfavorables, muchos republicanos en distritos de tendencia demócrata han decidido retirarse. Y por el contrario, ningún demócrata ha renunciado en las plazas
 difíciles.

Aun así, la previsión es que los demócratas no lo conseguirán por poco. En PredictIn les dan un 48% de posibilidades de hacerse con el control de la Cámara de Representantes, mientras que la web Decision Desk HQ reduce sus posibilidades al 46% (ver mapa).

Controlar la Cámara Baja es importante. Si los demócratas finalmente impulsaran un impeachment, con dicho control tendrían capacidad para iniciar investigaciones sobre los acuerdos de Trump. De ahí que el destino de la presidencia de Trump pueda depender de la habilidad de los que en su partido rediseñan las fronteras de los distritos electorales (gerrymanders) frente a un electorado que no perdona.

Dan Rosenheck: jefe de Datos de The Economist

James Fransham: periodista de Datos de The Economist

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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