El gigante Modi

08 / 01 / 2018 Max Rodenbeck (Nueva Deli, India)
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Y los dos riesgos para su reelección.

Narendra Modi: cierta tendencia a la extralimitación. Foto: Prakash Singh/AFP/Getty Images

A medida que se aproximan las elecciones de principios de 2019, pocos se interponen entre Narendra Modi y su segundo mandato como primer ministro de India. Desde que ganara por mayoría aplastante en la Cámara Baja del Parlamento en 2014, su partido, el nacionalista Partido Popular Indio (BJP) ha ganado también en las elecciones locales. El partido y sus aliados gobiernan en 18 de los 36 Estados y territorios de la India, que representan dos terceras partes de la población, lo que significa que, a finales de 2018, el BJP puede también dominar la Cámara Alta: sus miembros son elegidos indirectamente, con legisladores estatales desempeñando funciones clave. Con ambas Cámaras bajo su control, Modi tendría libertad para redactar las leyes que quisiera. Modi ya tiene muchas ventajas. La política en India es costosa y los donantes de un partido pueden marcar la diferencia. Cuando el BJP haya reforzado su control político, recibirán incluso más dinero, dejando a sus rivales casi sin nada. En lugar de unirse para enfrentarse al BJP, los demás partidos siguen con sus peleas. Sus líderes parecen débiles al lado de Modi, que cultiva su imagen dominante y patriarcal. Su maquinaria de partido está bien engrasada y es implacable. Respaldado por grupos nacionalistas hindúes de derecha cuyas bases no tienen parangón, no se oculta tampoco el apoyo de medios de comunicación privados o de instituciones públicas, como la Policía y universidades, para acallar las voces críticas.

No tan deprisa

¿Qué podría detener a este gigante? Aunque remotos todavía, hay dos factores que, juntos, podrían volverse contra el BJP en 2018. Uno es la gestión económica de Modi. El otro son las bases de derecha del partido, que quieren imponer su visión hindú a un país de enorme diversidad.

La economía india va bastante bien. Crece más rápido que la mayoría de las grandes naciones. La inflación es baja, las finanzas del Gobierno son sólidas, la inversión extranjera está en auge y los índices bursátiles se han disparado en 2017. Quizá más importante es que el Gobierno de Modi es menos corrupto que el anterior. Se han mejorado las pésimas infraestructuras, se ha perseguido a los defraudadores fiscales, se han modificado las leyes para hacer que la burocracia sea menos onerosa y se han fijado objetivos más efectivos contra la pobreza.

Sin embargo, bajo Modi, el PIB, la producción industrial y la inversión nacional han retrocedido alarmantemente, a pesar de un estímulo económico excepcional, gracias a las importaciones de energía y los bajos precios del petróleo. Los bancos, especialmente los estatales, mantienen un gran stock de préstamos dudosos y apenas conceden nuevos. Y lo peor, algunas reformas de Modi han llegado en dosis sobredimensionadas. La eliminación de los billetes de alta denominación en noviembre de 2016 ha sido un golpe bajo para la economía informal masiva. La puesta en marcha del impuesto de bienes y servicios en el verano de 2017 provocó cierta acidez estomacal tanto a las compañías que luchaban por salir adelante, como al Gobierno, cuyos ingresos empezaron a menguar. A menos que en 2018 Modi demuestre que tal medicina económica funciona, su clientela de clase media bien podría empezar a buscarse otro doctor.

¿Y qué pasa con la hinduzación del BJP en un país que es 80% hindú? Los Estados que gobierna el BJP han endurecido las restricciones sobre el sacrificio de vacas, han cambiado la historia para enfatizar el heroísmo hindú y no han podido contener los ataques contra los musulmanes. El pluralismo secular y el nacionalismo hindú se han enfrentado desde antes de su independencia. La diferencia es que esta polarización ha crecido de manera descarnada, con linchamientos masivos de musulmanes, asesinatos de intelectuales de izquierda y persecución de disidentes. Tales incidentes de momento son esporádicos y fragmentarios, pero un brote mayor de violencia podría provocar una poderosa reacción contra el partido gobernante.

Sin embargo, es más probable que la economía de India se recupere del golpe y se enderece el próximo año. Y, seguramente, los partidarios más chovinistas de Modi se inclinen por la sabiduría de la paciencia. ¿Por qué buscar la controversia cuando los frutos de una gran victoria electoral se pueden recoger en la primavera de 2019?

Max Rodenbeckcorresponsal en Nueva Deli de The Economist

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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