Internacionalismo progresista

10 / 01 / 2018 Chrystia Freeland
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Ministra de Exteriores de Canadá

"En la mayoría de los lugares donde el nativismo ha brotado como fuerza política, la desigualdad salarial ha sido su primer detonante"

Foto: Lauren Crow

Los canadienses han sido tanto beneficiarios como cocreadores del orden internacional que nació de las ruinas de las dos grandes guerras mundiales. Hoy, ese orden está bajo asedio. Necesitamos comprender por qué. Y luego necesitamos encontrar los remedios –remedios sensibles, justos y asequibles– antes de perder la paz y la prosperidad que tantos en Occidente han dado por sentadas.

El nacionalismo, el anticomercio y el proteccionismo tienen hoy más credibilidad intelectual que nunca, que no es mucha. Están más ligados a la realidad económica o la justicia social que antes, que tampoco. Sin embargo, parecen estar más vigentes que antes. ¿Por qué? Tales movimientos no han surgido de la nada. En la mayoría de los lugares donde el nativismo ha brotado como fuerza política, la desigualdad de los ingresos ha sido su primer detonante. Luego se debilitó la fe de los trabajadores en el futuro. En el peor de los casos, socavó la cohesión social, desencadenando disturbios o la revolución.

Para cualquier persona familiarizada con el populismo nacional que precedió a las guerras mundiales, existe un inquietante paralelismo histórico. En su libro 1914: de la paz a la guerra (“The War That Ended Peace: The Road to 1914”), de 2013, la historiadora Margaret MacMillan describe la Exposición Universal de París de 1900 como una celebración exuberante de la globalización. “Parecía la forma adecuada de celebrar el fin de un siglo que había empezado con revoluciones y guerras, pero que ahora defendía el progreso, la paz y la prosperidad”, afirma MacMillan. Nadie puede leer su relato sin sentir un escalofrío y la inquietud ante la velocidad y ferocidad con que se sucedieron los hechos. Sin embargo, hay diferencias críticas entre hoy y los inicios del siglo XX; de entre ellas, los retos a los que nos enfrentamos hoy son mucho más grandes que entonces. Y también nuestras oportunidades.

El cambio climático, la guerra civil, la sequía y los desastres naturales nos amenazan por todas partes, entre otras razones debido a las desestabilizantes migraciones en masa. Y las democracias han compartido responsabilidades y otros imperativos para defender los derechos humanos, como Canadá ha hecho recientemente en el caso de los derechos de los rohingya (grupo étnico musulmán de Birmania) y los venezolanos.

¿Cómo cumplir con nuestras obligaciones morales al tiempo que aprovechamos la oportunidad de construir algo mejor de lo que heredamos? En Canadá, proponemos dos vías. La primera es apoyar el orden internacional basado en el Estado de Derecho donde y como quiera que podamos, y hacerlo de una forma que, explícitamente, abarque la seguridad, el libre comercio y los derechos humanos.

Esto significa respaldar a nuestros aliados de la OTAN, como están haciendo tropas canadienses en Letonia. Y significa defender la soberanía de Ucrania y su integridad territorial, como están haciendo soldados canadienses. Y todo ello implica una vigorosa inversión en las fuerzas armadas de Canadá, como nuestro Gobierno anunció en su informe de Defensa en junio de 2017. También incluye seguir dentro de la Norad (Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial), en la defensa compartida de nuestro hogar continental, como en el caso de los desastres naturales que nos han azotado con demasiada frecuencia en 2017.

También significa fomentar el libre comercio, como hemos hecho con CETA (un acuerdo comercial pionero firmado con Europa), así como explorar la liberalización comercial con China, y continuar con Mercosur, la Asean y otros tantos. Al mismo tiempo (y este es un motivo personal de orgullo para el primer ministro Justin Trudeau y para mí), hemos firmado los ocho Convenios Fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo; y otro definitivo, sobre el derecho a los convenios colectivos y organizativos, que entrará en vigor en junio de 2018. Y estamos trabajando para fortalecer todos los órganos internacionales a los que pertenece Canadá.

Creemos que tales objetivos son moralmente oportunos. También benefician a Canadá. Como potencia intermedia, Canadá tiene especial interés en un orden basado en el Derecho que puede que no siempre sea justo, pero en el que los países más fuertes del mundo están sujetos a principios que son internacionalmente reconocidos y de obligado cumplimiento. 

La claridad empieza en casa

La segunda vía de nuestro programa internacional es nacional, lo que puede parecer una paradoja, pero dejen que me explique. La justicia económica, la oportunidad y los altos niveles de vida deben ir de la mano de un comercio liberalizado. De lo contrario, el apoyo popular al sistema se quebrará; con libre comercio hay seguridad. La globalización y la inmigración se han convertido en chivos expiatorios de los males de la clase media. El auténtico culpable son las políticas nacionales que se equivocan al creer que un crecimiento duradero depende de medidas a nivel nacional –incluidas una fiscalidad justa y estándares laborales progresistas– que redistribuyen la riqueza. No es una coincidencia, por tanto, que los compromisos de Canadá en las conversaciones con la Nafta (el Tratado de Libre Comercio de América del Norte) sean marcadamente progresistas, con respecto al trabajo, el medioambiente, el género y los derechos indígenas. El comercio progresista no es un amago o una banalidad. Es fundamental para el fomento de un sistema comercial que contará con el apoyo popular.

Dados los nubarrones que se avecinan, ¿es viable algo así? La generación de posguerra empezó con la devastación. No obstante, triunfaron, y brillantemente, por cierto. Nosotros también podemos hacerlo.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica