Globalización en retroceso

11 / 01 / 2017 Gideon Rachman
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Peligran los grandes tratados de libre comercio.

Desde el inicio de la crisis financiera global en 2008 los pesimistas han estado advirtiendo de una fuerte reacción contra la globalización. A grandes rasgos, se han equivocado. Pero en 2017, las peores previsiones sobre el rechazo al libre comercio y el capitalismo internacional finalmente se convertirán en realidad.

Tanto el nacionalismo como su primo, el proteccionismo, están al alza en Occidente, impulsados por el populismo político. En 2016 el que marcó la pauta fue Donald Trump con su lema de “América primero” y su amenaza de imponer grandes aranceles a los principales socios comerciales de Estados Unidos, sobre todo en Asia. Para contrarrestar el fenómeno Trump, Clinton se vio obligada a manifestarse contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, en sus siglas en inglés), un amplísimo pacto comercial que en su día apoyó. Barack Obama podría intentar ratificar el TPP en las últimas semanas de su presidencia, pero las perspectivas de que el tratado entre en vigor en 2017 parecen remotas.

Los problemas del TPP están muy vinculados a los del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, en sus siglas en inglés), un acuerdo mucho menos avanzado para el establecimiento de nuevas reglas comerciales entre Estados Unidos y la UE. En este caso, sin embargo, las reticencias han venido fundamentalmente de Europa. 

Como en Estados Unidos, los políticos moderados europeos tienden de forma natural a confiar en la globalización como una forma de impulsar el comercio internacional y las inversiones. Pero los moderados son acosados desde izquierda y derecha. Para la derecha nacionalista, ejemplificada por Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, los acuerdos comerciales internacionales son ejemplos de cómo las élites globales traicionan los intereses del ciudadano de a pie, que sigue anclado en su país. Desde la extrema izquierda se esgrimen argumentos similares, aunque se opta por hacer hincapié en los presuntos mecanismos para evitar pagar impuestos usados por grandes multinacionales como Uber o Apple. El modo en que siglas hasta hace poco oscuras como TPP o TTIP son ahora de uso cotidiano en el debate político estadounidense y europeo demuestra la fuerza de los contrarios a la globalización. Este rechazo se intensificará en Europa en 2017 debido a que se celebrarán elecciones en Francia, Alemania y Holanda. Los políticos tradicionales ya se están empezando a adaptar a la nueva situación política europea. Sigmar Gabriel, líder de los socialdemócratas alemanes, ha declarado que a efectos prácticos el TTIP ya está muerto.

De hecho, la reacción contra la globalización es ahora tan intensa que la cuestión clave en 2017 no será si se ratificarán nuevos grandes acuerdos comerciales, como el TTIP o el TPP, sino si los contrarios a la globalización lograrán derribar algunos de los mecanismos establecidos que facilitan el comercio internacional y las inversiones. Ya hay algunos ejemplos de que esto está ocurriendo a pequeña escala.

Viento de cara para el comercio internacional

El grupo internacional de investigación Global Trade Alert ha detectado un aumento importante de las medidas proteccionistas entre los países del G-20 en los últimos dos años. En la mayor parte de ellos ninguna de las 350 medidas registradas hasta mediados de 2016 ocuparon titulares, pues se trató en su mayoría de cambios regulatorios o de procedimientos antidumping. En 2017, sin embargo, podría haber actuaciones de mayor entidad contra algunos de los pilares centrales de nuestro orden globalizado. Trump, por ejemplo, ha prometido que Estados Unidos renegociará o se retirará de Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta).

La campaña de Trump reveló lo popular que resulta crear barreras físicas para impedir el paso de personas y mercancías entre México y Estados Unidos. En Europa, sin embargo, el brexit ha desencadenado un proceso que casi con toda seguridad afectará a la integridad del mercado único europeo. En 2017 el Gobierno británico iniciará el procedimiento formal para abandonar la UE. Dependiendo de cómo transcurran las negociaciones, esto podría levantar nuevas barreras a empresas e inmigrantes. Londres ya ha dejado clara su intención de impedir la libre circulación de personas entre el Reino Unido y la UE.

La UE, por su parte, ha insistido en que la libre circulación de personas es inseparable de las de capitales, bienes y servicios. Si Reino Unido se niega a aceptar la libre circulación de personas, esto supondría su expulsión del mercado único europeo. En caso de que esto ocurriera, afectaría a la capacidad de las empresas financieras de la City londinense para operar en Europa. Y en el peor de los escenarios, todo ello podría llevar a que se impusieran aranceles a la circulación de bienes entre el Reino Unido y la Unión Europea.

Cualquier movimiento de este tipo resultaría muy perjudicial para el comercio. Mandaría una muy mala señal al mundo, ya que se haría patente que incluso los acuerdos de libre comercio más consolidados son vulnerables a la inestabilidad generada por el auge de los antiglobalización.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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