La lucha de Francia

11 / 01 / 2017 Sophie Pedder
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La candidatura de Macron causará tanta confusión a la izquierda francesa como irritación a la derecha.

Emmanuel Macron

El miedo y la introspección se cernirán sobre Francia cuando las divisiones políticas se pongan de relieve en un año electoral de gran importancia. Los votantes elegirán un sucesor para François Hollande en las presidenciales de abril y mayo. Las cuestiones apremiantes sobre cómo reactivar la economía y frenar el desempleo quedarán eclipsadas por un debate populista sobre iglesias, mezquitas, velos, carne de cerdo y qué significa ser francés. Cuando los confusos candidatos empiecen a hablar de inmigración, islam y terrorismo, la campaña electoral se volverá tóxica.

La política que llevará el debate al terreno nacionalista es Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional (FN). Su posición como favorita para vencer en la primera vuelta convertirá la campaña en una carrera por enfrentarse a ella en la segunda y definitiva. En un esfuerzo por ampliar sus bases, y descontaminar su tono, Le Pen retocará las referencias al FN y a su emblema, centrándose, en su lugar, en la marca Marine, presentándose como la candidata de toda “la gente”. En realidad, Le Pen bordeará un discurso de división, prendiendo la mecha sobre los musulmanes y los inmigrantes de Menton a Calais. Asimismo usará el brexit como precedente para exigir un referéndum sobre un frexit. Su astuta capacidad para aprovechar el miedo nacional podría asegurarle a su partido docenas de escaños en el Parlamento, un resultado histórico que alteraría el equilibrio político en Francia.

¿Puede Le Pen ganar las elecciones? Después de la victoria de Donald Trump en EEUU, la pregunta parece menos absurda. Una mayoría de votantes, al margen de sus recelos por otros candidatos, tienden a unirse al final para excluir al FN. Una victoria de Le Pen sigue siendo improbable y causaría conmoción en Francia y en Europa. Sin embargo, la expansión del populismo sugiere que la complacencia es desaconsejable. La campaña de Le Pen debería vigilarse con mucho cuidado.

El oponente más fuerte contra Le Pen será el ex primer ministro François Fillon, quien contra todo pronostico se alzó con la victoria en las primarias del centro derecha, superando a Nicolas Sarkozy y a Alain Juppé. Fillon representa la esperanza de reformas económicas en materia de recortes de gastos e impuestos, retraso de la edad de jubilación y jornadas laborales más largas, aunque también de huelgas y protestas. De cara al exterior, Fillon intentaría convencer a los líderes europeos para que revisaran la normativa sobre el control de fronteras (el sistema Schengen II), reforzaran la Eurozona y frenaran la adhesión de Turquía a la UE. Las tirantes relaciones entre Francia y Alemania serían inevitables.

Aunque Francia asume apática unos candidatos que se repiten, hay, sin embargo, un nuevo y excitante rostro en el que fijarse: Emmanuel Macron, exministro de Economía de François Hollande, quien se presentará a las elecciones, aunque no por el Partido Socialista.

El impacto de la novedad

El impopular y actual presidente se ha echado a un lado y ha dejado que Manuel Valls, su primer ministro, dé un paso adelante, si bien tendrá todavía que luchar contra un buen ramillete de compañeros de partido en las primarias socialistas antes de ser el candidato oficial. Pero es la candidatura de Macron la que causará confusión a la izquierda francesa, tanta como irritación a la derecha, cuando intente captar a los votantes progresistas proeuropeos de ambos lados. Como político novato sin el apoyo de un partido y ridiculizado por muchos socialistas, sus posibilidades son escasas. Pero hay en Francia necesidad de cierta frescura y, a veces, solo a veces, de que las reglas políticas se rompan.

Esta campaña se llevará a cabo en el oscuro contexto del terror. Francia estará permanentemente alerta: constantes simulacros de ataques terroristas en las escuelas que alarmarán tanto como tranquilizarán. Muchos de estos ataques son, trágicamente, probables. Los franceses tendrán que aprender a vivir con miedo. El país luchará por frenar la llamada a la Yihad islámica entre una minoría descontenta; los esfuerzos de “desradicalización” se quedarán cortos. Francia seguirá siendo un objetivo de las redes terroristas, aunque no se detendrá en su lucha contra el yihadismo en el extranjero, en particular, en el Sahel africano.

¿Pueden los franceses recuperar su alegría de vivir? Su moral ha sido quebrantada por las masacres terroristas y por las promesas incumplidas de Hollande. Pero Francia seguirá contando con investigadores de categoría mundial, ingenieros y excelentes artesanos de máximo nivel, y seguirá exhibiendo su buen gusto por un estilo de vida tranquilo, todo lo cual debería ser fuente de confianza. Ciudades como Montpellier, Burdeos o Grenoble están floreciendo con centros de alta tecnología y recientes zonas peatonales y calles relucientes. En un año en que el Centro Pompidou celebra su 40 aniversario, 2017 podría ser también un buen momento para que Francia participe en la innovación orientada al futuro y el atrevimiento artístico. El único riesgo es que el auge del conservadurismo político y del nacionalismo excluyente agravará probablemente las dudas de los franceses.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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