A tiro de Kim Jong-un

12 / 12 / 2017 Alfonso S. Palomares
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El último misil lanzado por el dictador norcoreano puede alcanzar la Casa Blanca.

Kim Jong-un (centro) ordena el lanzamiento del nuevo misil intercontinental. Foto: EFE/KCNA

Las fotos que nos muestran a Kim Jong-un después de los ensayos con misiles que pueden transportar ojivas nucleares lo presentan como un gordito feliz, con la sonrisa ancha de los niños que lanzan cometas de colores. Como si no rompiera un plato cuando estaba destrozando toda la vajilla. Este año Corea del Norte ha hecho veinte ensayos con misiles, tres de ellos intercontinentales, el último y más potente lo probó el pasado miércoles 29 de noviembre, batiendo los récords de los dos anteriores al alcanzar una distancia de 13.000 kilómetros y una altura de 4.475. Lo que supone que puede tener como blancos ciudades como Nueva York o Washington y, por supuesto, Europa y Rusia, y no digamos los vecinos como Japón y el sur de la península de Corea.

Corea del Norte se autoproclamó “Estado nuclear” celebrándolo con bengalas de colores, mientras las alarmas saltaron en todos los países. Trump esta vez fue más prudente que en otras ocasiones, se limitó a decir: “Nos vamos a hacer cargo de esta situación”. ¿Qué significa? Un enigma. Como llevaba dos meses y medio sin realizar ensayos, algunos observadores pensaron que el gordito feliz había entrado en razón por las advertencias de China y había optado por las vías diplomáticas. Incluso Joseph Yuosang Yun, representante especial de Estados Unidos para los Asuntos de Corea del Norte y asesor del Departamento de Estado para Corea del Sur y Japón, creyó y dijo ante el Consejo de Relaciones Exteriores que desde Pyongyang llegaban señales de que se estaban preparando para el diálogo.

El presidente chino, Xi Jinping, creyó lo mismo que Joseph Yuosang Yun, tal vez porque lo habían hablado directamente o a través de intermediarios, y para comprobar lo que se estaba cociendo en Pyongyang mandó como enviado personal al experimentado diplomático Song Tao con el pretexto de que explicara a Kim las conclusiones y decisiones del reciente congreso del Partido Comunista de China. Tao tuvo que regresar a Pekín sin poder tener un solo encuentro con Kim. Lo que quiere decir que Kim Jong-un trata de demostrar autonomía frente a sus protectores, lo que preocupa no solo a China sino al resto del mundo. Este verso suelto con bombas nucleares en el bolsillo puede ser sumamente peligroso.

El Consejo de Seguridad se reunió con urgencia y nerviosismo. Va a concretar nuevas sanciones económicas, pero el gordito feliz escucha esas amenazas como si oyera llover, sabe que a él no le harán perder un solo kilo. La embajadora de Estados Unidos en la ONU pidió a todos los países que rompieran las relaciones diplomáticas y comerciales con Corea del Norte, porque si llega una guerra, el régimen, y con él el país, serán completamente destruidos. Pero antes, ¿qué se puede hacer? ¿Abatir un misil en pleno vuelo? Esta posibilidad plantea problemas legales, estratégicos y técnicos. El planteamiento estadounidense es que atacar un misil cuando supone una amenaza directa para EEUU u otros países aliados entra dentro de la legítima defensa. Lo acaba de decir el secretario de Estado de Defensa, James Mattis. Más discutible es atacar un misil en pleno vuelo sobre el océano donde no hay nada alrededor. Destruir con una tormenta de fuego las factorías atómicas de Corea del Norte, como dijo Trump hace unos meses, sería entrar en una guerra de consecuencias inciertas. Es más peligroso todavía que el gordito feliz, por darse un capricho, ordene enviar un misil contra la Casa Blanca. ¿Es capaz? No conocemos los límites de la temeridad de los gorditos locos como Kim.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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