Vox se cuela en la cumbre de la extrema derecha

01 / 02 / 2017 Clara Pinar
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La formación espera un impulso en España gracias al triunfo de Trump y las expectativas de victoria de Le Pen.

Santiago Abascal (derecha), presidente de Vox, con el holandés Geert Wilders, en Coblenza

Los vientos de la “rebelión contra la corrección política”, del cierre de fronteras a los refugiados y contra el robo de soberanía nacional de la UE soplan fuerte en Europa y en ellos intenta mecerse Vox, el partido nacido hace tres años con la intención de captar el voto de los descontentos con el PP por su giro al centro, que el pasado fin de semana fue invitado a la cumbre de la extrema derecha europea en Coblenza, Alemania.

Santiago Abascal, presidente de Vox y su candidato en las europeas de 2014 y en las generales de 2015 y 2016 –con 57.733 y 46.781 votos, respectivamente–, encabezó una delegación de cuatro personas en el encuentro entre líderes de extrema derecha de 15 países europeos, convocados por la presidenta de Alternativa para Alemania, Frauke Petry, que tras entrar en el Parlamento de varios Estados federados y en Berlín, podría ser tercera fuerza en las elecciones de este año, con ideas como recuperar el uso de términos relacionados con el nazismo.

Cambio de impresiones

De la mano de Petry, pero sobre todo del Frente Nacional francés, que defendió su invitación ante el resto de partidos, la delegación de Vox asistió a un encuentro en el que no intervinieron ni presentaron ponencia alguna, pero en el que se presentaron ante fuerzas con representación en sus países y en el Parlamento Europeo, como el griego Amanecer Dorado o el Movimiento por una Hungría Mejor.

Abascal saludó e incluso intercambió impresiones con la francesa Marine Le Pen o con el holandés Geert Wilders, a quienes las encuestas auguran buenos resultados en las elecciones previstas para este año en sus respectivos países. También con el líder de la Liga Norte italiana, Matteo Salvini, que en 2014 mostró su apoyo sin fisuras a Artur Mas en el proceso soberanista en Cataluña. “Le dimos mucha información y confiamos en que no se vuelva a repetir”, explica sobre las opiniones de este compañero de movimiento, tan opuestas a la mano dura contra el secesionismo que defiende Vox.

Coblenza dio el pistoletazo de salida a la “primavera patriótica”, según Wilders, a un “movimiento” en el que Abascal no quiere perder comba. “Nos sentimos dentro y entendemos que las victorias electorales que se están produciendo nos pueden favorecer y abrir la puerta a que muchas personas piensen que una opción como Vox es factible en España”. Frente a las opciones de la extrema derecha en otros países, la de Vox pasaría por obtener algún escaño en las europeas de 2019. En 2014 se quedaron a 1.000 votos de decantar para ellos un escaño que finalmente fue a Ciudadanos. Abascal cree que para entonces Le Pen o Wilders quizá gobiernen, lo que “puede ser muy favorable a una opción como Vox”.

 

Reunión en España

Hasta entonces, regresa desde Coblenza con más contactos entre una familia política en la que se ve integrado y con la aspiración de organizar un encuentro similar en España. “Estamos convencidos de que fructificará, porque hay interés en que España pueda tener una fuerza de esta naturaleza que tenga éxito electoral”, dice Abascal, que hasta se postula como “interlocutor” de Donald Trump en España, ante las críticas del PP al presidente de EEUU, desde su victoria hasta la supresión de la versión en castellano de la web de la Casa Blanca.

Frente a las desavenencias con el PP, del que procede, están ahora las coincidencias con la extrema derecha europea. La primera, “una clara alegría por la victoria de Trump”. Vox también apuesta por que cada país se haga responsable del control de sus fronteras para frenar a los refugiados, defiende la “identidad nacional y judeocristiana”, se opone al “multiculturalismo como puerta abierta al islamismo” y reflexiona sobre la salida del euro, como defiende Le Pen en Francia. “Cada matiz sobre la construcción europea es tachado de euroescéptico o eurófobo”, reprocha Abascal, que niega “eurofobia y mucho menos xenofobia” en Coblenza. “Había italianos, rumanos, alemanes, ingleses, españoles, sin ningún rechazo al otro, sino reconociendo a cada uno su soberanía”.

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