Responsables

26 / 04 / 2017 Alfonso Guerra
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Un líder con un proyecto debe emplearse en que los demás le apoyen, lejos de la práctica de hacer seguimiento de la última soflama de los demagogos.

El significado de la palabra “responsable” es recogido en sus tres acepciones por el diccionario de la Real Academia de la Lengua: obligado a responder de algo o por alguien; que pone cuidado y atención en lo que hace o decide; persona que tiene a su cargo la dirección o vigilancia del trabajo. Pero no toma en cuenta el uso tal vez más frecuente entre los hablantes. Se refieren a aquél que ha sido causante de un mal, un desastre o aun de una catástrofe. Cuando las cosas van mal en un grupo, en un país son muchos los que señalan a algún gobernante: “Él es el responsable”, es decir, el causante. Normalmente, cuando la responsabilidad está definida, el político en cuestión lo pagará –no siempre– con la pérdida de la confianza de los electores y por tanto del poder que ostentaba. Pero nada más, no existe una sanción que impida, por ejemplo, que vuelva a ejercer el poder, o que encuentre acomodo entre los privilegiados de la riqueza. Pondré un ejemplo para que se entienda. El presidente Nicolás Maduro, más allá de las simpatías o antipatías que merezca, ha realizado una gestión de la cosa pública que ha derivado en que los venezolanos no encuentran alimentos en los comercios ni medicinas en las farmacias. El daño infligido a los ciudadanos, del que es responsable el máximo dirigente de la nación, bien por sectarismo o por incompetencia, no debería saldarse solo con unas elecciones que le releguen del poder. Mi intención hoy es hablarles de otro caso, más cercano geográficamente a nosotros. A mi parecer, tres dirigentes del Reino Unido son responsables de un gran descalabro político en la UE y en su propio país.

Los tres se manifestaron contra el llamado brexit, la salida del Reino Unido de la UE, y los tres son responsables de tal despropósito.

El entonces primer ministro David Cameron, al detectar una cierta oposición entre los miembros de su partido, concibió una operación que le reportara nuevos apoyos, prometió una consulta a los británicos para decidir si el Reino Unido permanecía en la UE o salía de ella. Él se pronunció por la permanencia, pensando que la mayoría de conservadores le seguiría y que los laboristas también lo harían (con su histórico sentido de responsabilidad). Cameron tendría en cuenta el papel clave de Gordon Brown en el referéndum sobre la escisión de Escocia para mantener la integridad del Reino Unido.

En el referéndum (brexit) Theresa May defendió con gran pasión la permanencia del Reino Unido en la UE. Cuando tuvo la oportunidad de acceder al puesto de primer ministro abandonó sus convicciones y se convirtió al fanatismo brexit. Su eslogan preferido es: “brexit es brexit” en consonancia con otros pronunciamientos tautológicos, “no es no”, “sí es sí”, todos ellos deudores de los “filósofos” deportivos, “fútbol es fútbol”.

El tercero de los mandarines es el líder de los laboristas, Jeremy Corbin, que anunció estar contra el brexit e inmediatamente se retiró del escenario para hacer una larga siesta política. Los tres dirigentes, dos conservadores y un laborista, son responsables de lo que podría ser un definitivo freno al sueño de los Estados Unidos de Europa. Todos ellos con el recurso de moda, el referéndum, que aseguran es el método más democrático para tomar las decisiones que afectan a todos. En teoría la consulta a todos los ciudadanos es un sistema de democracia directa legítimo, pero sus defensores a ultranza son unos falsarios. Y ello por dos motivos, el primero porque resulta un despropósito que asuntos tan complejos como el brexit, que exigirá una negociación de dos o tres años para conocer sus consecuencias, se pueda decidir con un sí o un no, casi como tirando una moneda al aire, pues los votantes no podían conocer a fondo las consecuencias de su acto a la hora de votar. Habremos de esperar años para conocerlo. En segundo lugar, y esto es lo que lo convierte en un recurso ilegítimo, es que los que propugnan el referéndum practican una campaña “informativa” apoyada sobre grandes mentiras que desvirtúan la voluntad colectiva. En el caso del referéndum acerca del brexit sus partidarios mintieron (lo han reconocido después del referéndum) sobre los ahorros y ventajas económicos de votar sí a la separación. Esto no es nuevo, la primera detención al proyecto europeo fue la negativa de Francia y Holanda a apoyar al Constitución Europea. Se celebraron los correspondientes referendos en los dos países. En la campaña francesa por ejemplo, los contrarios a la Constitución hicieron propaganda con la mentira de que con la Constitución Europea se abolirían el divorcio y el aborto.

No tenemos que viajar a Francia, en Cataluña los nacionalistas repiten una y otra vez que lo más democrático es preguntar a los ciudadanos, pero llevan años utilizando los recursos económicos públicos para repetir mil y una vez en los medios de difusión que “España nos roba”, para orientar el voto en un supuesto referéndum de secesión. Con demócratas de este jaez se hace muy difícil desarrollar las reglas de convivencia.

Así actúan los dirigentes, responsables de los desastres, pero irresponsables a la hora de rendir cuentas de sus desmanes.

El caso de Theresa May es sobrecogedor. La gran apasionada contra el brexit se cambia la camiseta, pone en marcha el artículo 50 para la separación y lo hace mediante una carta-documento que pasará a la historia como un ejemplo de indignidad política. La irreflexiva señora exige trato económico preferente bajo amenaza de dejar de colaborar en la lucha contra el terrorismo, en la garantía de seguridad. Todos estos dirigentes políticos se mantienen en el puesto de mando sea de gobierno o de partido, apelando al apoyo de sus bases, a las que piropean de continuo para obtener su favor, pero no son capaces de afrontar los grandes problemas de los ciudadanos, no aceptan que gobernar un país o una institución como un partido no es practicar un seguimiento ciego de todas las reivindicaciones, sino que el liderazgo que protege a los ciudadanos es actuar atendiendo al beneficio de la mayoría, aunque a veces suponga enfrentarse a los intereses de los grupos, incluso de los más cercanos. No son pocos los dirigentes políticos, como los mencionados Cameron, May y Corbin que, convencidos de la conveniencia para todos de una posición política, actúan en sentido contrario porque las bases no les comprenderían. Se trata precisamente de que el líder que verdaderamente lo sea se comprometa en una dedicación pedagógica para convencer a los que defienden posiciones que aparecen como más complacientes pero que resultan ser muy perjudiciales para el conjunto. Un líder con un proyecto debe emplearse en que los demás le apoyen, lejos de la práctica, hoy muy extendida, de hacer seguimiento de la última soflama de los demagogos.

Son esos demagogos, como los británicos citados, los que arruinarán el más acertado proyecto europeo desde hace siglos, la unidad política de una región, la europea, que tras siglos de guerras y destrucción encontró un camino de cooperación y convivencia pacífica.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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