El momento de los partidos

06 / 02 / 2017 Gabriel Elorriaga
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Es tiempo de congresos de las formaciones políticas. Lo que suceda en algunos de ellos puede determinar la estabilidad del escenario actual.

Tras una larga etapa electoral entramos ahora en tiempo de congresos. Y, aunque para la mayoría sean solo encuentros internos de partido, sus repercusiones pueden trascender mucho más allá de ese ámbito. Los tiempos son distintos para unos y para otros: los que apenas han llegado y quienes deberían pensar en cómo recuperar a los electores perdidos.

Los nuevos partidos se consolidan cuando son capaces de afianzar una estructura organizativa amplia y estable, de perfilar un discurso que defina con claridad su espacio y objetivos y, sobre todo, cuando sobreviven a su primer cambio de liderazgo. Para lo último es quizá demasiado pronto, aunque en Podemos no parecen descartar ninguna opción. Lo interesante es que la existencia de un líder carismático, pretendidamente capaz de conectar con el pueblo sin necesidad de intermediación alguna, es consustancial a todas las formaciones populistas de éxito. No le falta razón a Juan Carlos Monedero cuando afirma: “Si cae Pablo, desaparece Podemos”, aunque más bien cabría anunciar que derrotado el líder mutaría la naturaleza de su proyecto político. Y lo interesante es advertir que una izquierda joven y fuerte, no populista y desmarcada del anclaje comunista de IU, posiblemente ejercería un atractivo irresistible sobre los socialistas. Junto a un liderazgo puesto en cuestión, Podemos tiene otras dificultades, entre las que destaca su incapacidad para establecer una estrategia territorial. El calendario electoral forzó el aterrizaje precipitado de la incipiente organización en el complejo mapa político español. El resultado es un partido amplio pero discontinuo, ausente como tal de buena parte del territorio, y con dirigentes y objetivos plenamente diferenciados según su respectiva agenda local. Con este bagaje, no parece posible que cierren con excesivo éxito su próxima asamblea.

Mientras tanto, el PSOE navega a la deriva y peligrosamente expuesto a las decisiones ajenas. Sigue faltando un análisis que explique con rigor la creciente merma del espacio político socialdemócrata y, sobre todo, que proponga alternativas claras y viables. Por eso, y a pesar de sus evidentes carencias, lo que suceda en Podemos puede determinar la estabilidad del escenario político actual. La opción populista choca con cualquier intento de colaboración entre las izquierdas y colocaría incluso a quienes la pretenden, Pedro Sánchez y Patxi López, como ingenuos derrotistas. Frente a Iglesias, no cabría en el PSOE otro camino que el distanciamiento y la confrontación de proyectos, apostando definitivamente por la opción reformista que apunta el documento de bases políticas que recientemente presentó su gestora. Sin embargo, si la estrategia errejonista saliese ganadora posiblemente sus cantos de sirena atraparían a un partido socialista débil y confuso.

Más a la derecha, Ciudadanos intenta de nuevo fijar su ruta. Sus vaivenes les presentan como un partido inmaduro que no es capaz de ocupar el espacio que pretenden reivindicar: España, liberalismo económico y progresismo social. Su congreso solo parece haberles permitido avanzar en la vertiente organizativa mientras que la anunciada asunción futura de responsabilidades de Gobierno suena más a excusa que a compromiso. Y para completar el panorama, ya se sabe: nada hay tan aburrido como el congreso de un partido en el Gobierno.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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