El conflicto nacionalista

20 / 02 / 2017 Alfonso Guerra
  • Valoración
  • Actualmente 3.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 3.5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

La pasividad y la política de apaciguamiento frente al independentismo en Cataluña han dado muy mal resultado. Es hora de cambiar de estrategia.

No hay un conflicto catalán, sí un conflicto nacionalista en Cataluña. Si alguno aún no lo había comprendido así, bastaría con visionar las imágenes de televisión en las que un grupo de autoridades catalanas se manifestaban ante las puertas del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, para negar su autoridad judicial, acusándole de ser instrumento de “un montaje”, una persecución política. Tal espectáculo es un acto antidemocrático que, seguido por miles de personas, señala que en Cataluña no hay una situación normal de democracia.

Todas las opciones pueden expresarse en una sociedad libre, siempre que se respeten las leyes. Aquellos ciudadanos de Cataluña que defienden la independencia tienen derecho a hacerlo, pero no pueden dar un golpe a las normas de convivencia estableciendo unilateralmente una nueva realidad política. Si son demócratas han de conseguir que se cambien las leyes, y no es argumento oponer que no pueden hacerlo porque no tienen la mayoría necesaria para cambiarlas. Si no tienen mayoría no es democrático pretender su imposición por una minoría.

Más allá de las muchas opiniones que se emiten sobre el conflicto nacionalista, acertadas o erróneas, lo importante es atenerse a los hechos que son incontrovertibles.

Un grupo de representantes políticos nacionalistas durante varios años se expresan y actúan con desprecio de las normas que establece la Constitución de 1978, apoyada en referéndum por la inmensa mayoría de españoles, entre ellos los catalanes (que, por cierto, la apoyaron más que los madrileños). Además no lo ocultan, hacen ostentación de convocar consultas, plenamente conscientes de que no están amparados por la legalidad vigente. Han reiterado la presión sobre los ciudadanos para convencerles de la legitimidad y legalidad de sus acciones. Han utilizado dinero público, es decir de todos, para lograr una opinión pública que apoye sus aventuras contra la ley. Han usado sin límite los medios de comunicación públicos para intoxicar a los ciudadanos de Cataluña con mentiras e invenciones (a recordar el “España nos roba”), con el apoyo de los medios privados. Han sido tenaces en la utilización de insidias y falsedades en una grave operación de manipulación. Llegados ante un tribunal han mantenido una actitud propia de cobardes, excusándose con que nadie les advirtió (después de sentencias del Tribunal Constitucional prohibiéndoles seguir adelante) y han descargado la responsabilidad sobre los supuestos voluntarios. La imagen que intentó ofrecer el expresidente Artur Mas de dignidad ultrajada recuerda con tristeza a la arenga del pater familias Jordi Pujol en 1984 en el balcón de la Generalitat, acusando a Madrid (sinónimo de España para los nacionalistas) de un ataque a su persona lo que era un ataque a Cataluña, según Pujol, un ataque a su integridad, a su honradez. Aquel día en el que proclamó que ya solo ellos podrían hablar de ética, ya tenía la fortuna oculta en Andorra.

Toda esta rebelión contra la democracia está protagonizada por unos nacionalistas rodeados por la corrupción, por unos “servidores” de Cataluña que ingresaban un 3% de todas las obras públicas. Pero si la Justicia persigue esos delitos, responden con que se trata de impedir la independencia. En realidad, la radicalización independentista de los nacionalistas catalanes se ha producido al compás que la Justicia iba desenmascarando su sistema mafioso de estafar a los ciudadanos

Las fechorías de los nacionalistas catalanes han tenido estos días algunos episodios relevantes: presionar a los funcionarios para que pidan vacación para acudir a la manifestación contra el Tribunal de Justicia y el estúpido descaro de un juez y senador que hacía una gira de conferencias para exponer cómo actuaban de manera ilegal para conocer los datos de los contribuyentes. En el colmo del despropósito, este juez redactor de una supuesta Constitución catalana provocaba a su público advirtiéndoles “estáis todos fichados”. ¿Herederos de la Stasi?

Ante estos hechos irrebatibles, ¿qué puede hacerse? ¿Cuál será el camino que recorrerá la sociedad catalana?

Para contestar a estas preguntas hay que hacerse algunas advertencias. La responsabilidad de lo que está ocurriendo es de los nacionalistas rebeldes contra la Constitución. No comparto insinuaciones como la de “evitar el choque de trenes”. No hay dos trenes en este conflicto, solo un tren y un muro contra el que el nacionalismo quiere embestir, el muro es la Constitución de 1978. Porque la actitud independentista de los nacionalistas catalanes es una estrategia para ocupar el poder sin control de los mecanismos democráticos de contrapesos. Recuérdese que en el momento de la conformación del Estado social y democrático de Derecho, los nacionalistas catalanes se posicionaron contra la autodeterminación y contra la independencia.

No obstante, existen motivaciones para ser críticos con los que no han ayudado a encauzar el conflicto planteado por los nacionalistas. El Gobierno de España ha optado por una “complaciente” espera, bajo la creencia de que las cosas se arreglarían solas, postura cómoda e irresponsable, pues el resultado está a la vista. El nacionalismo ha interpretado esa pasividad como un signo de debilidad y ha contestado con una escalada de provocaciones y amenazas.

Políticos y periódicos, ante un hecho grave y transcendente como un intento de secesión, andan templando gaitas. Se recurre a una entelequia de apelación al diálogo, mientras el nacionalismo da pasos cada día hacia la ruptura de la nación. ¿Por qué se ignora que la Constitución establece los mecanismos para solucionar los casos en los que las autoridades no cumplen con las responsabilidades mandatadas mediante elecciones libres y democráticas? No es fácil entender que Gobierno y partidos constitucionalistas no exploren la posibilidad de que a la vista de que “una Comunidad Autónoma no cumpliese las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuase de forma que atente gravemente al interés general de España (…) el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas”. (Constitución Española).

La independencia de Cataluña está fuera de la Constitución y de las leyes, no sería en ningún caso reconocida por las instituciones internacionales y pondría a Cataluña en manos de unos políticos que han dado muestras de sectarismo y de no respetar los derechos de los ciudadanos.

Con este panorama no se puede seguir contemplando el horizonte. La respuesta más general es una llamada al diálogo. Habrá que interpretar que se refieren a un diálogo que cumpla con las leyes, no cabe otra opción.

El tiempo se les acaba a los nacionalistas, han propiciado una frustración colectiva, la del pueblo catalán, por perseguir el poder absoluto. Los que les han apoyado, Podemos e Izquierda Unida, han perdido toda legitimidad por su estrategia oportunista. Los partidos constitucionalistas han de despertar antes de que sea tarde y las consecuencias sean aún más graves.

La política de apaciguamiento que pretenden algunos está apoyada sobre una falacia más: lo que ocurre con los nacionalistas es una judicialización de la política. No es verdad. Si un ciudadano no cumple las leyes, intervienen los jueces. Si el ciudadano que viola las leyes tiene como actividad la política ¿no deben intervenir los jueces? Y si el político ocupa, además, una alta representación pública que le obliga a hacer cumplir la ley, y es él quien la incumple, ¿no deben intervenir los jueces?

Esta defensa, este burladero de acusar a todos menos a los que rompen las reglas democráticas ha dado un espantoso resultado. Es hora de cambiar de estrategia, es la hora de analizar qué está pasando en Cataluña, y de actuar en consecuencia.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: Ángel 19/06/2017 21:19

    Mi enhorabuena a Alfonso Guerra, lo triste es que no tenga responsabilidad de Gobierno para poder actuar en coherencia con lo expresado en el artículo.Hace tiempo que en Cataluña se fomenta por parte de las autoridades el no respetar la legalidad si entra en conflicto con el monotema de la independencia. Pensemos lo que harían países de nuestro entorno como Francia o Alemania.Pienso que el imperio de la Ley es innegociable y la soberanía nacional de todos los españoles irrenunciable. No entiendo la actitud de Pedro Sánchez , qué pena eso de España Nación de naciones volvemos a los Taifas, a las divisiones, ¿ Qué España quiere heredar como futuro Presidente? ¿La de presidente honorario de la confederación de pueblos ibéricos independientes?. La pelea por el poder le ciega en un camino que sólo reportará al PSOE problemas, divisiones y sin duda cada vez menos votos......al final la irrelevancia

  • Por: Jose Lucio 18/06/2017 14:43

    http://es.globedia.com/independencia-cataluna-pensamientos-delinquen No nos merecemos un Gobierno y una Fiscalía inanes y arrugados incapaces de plantar cara al desafío independentista con la mera aplicación de nuestro Codigo Penal. La proclama de Puigdemont fijando fecha y pregunta del referéndum, no es un pensamiento Ya hay fecha y pregunta para que el gobierno de la Generalidad catalana consumen el delito de Rebelión o Sedición previstos y penados en los artículos 472 y 544 y ss. del Código Penal y el Gobierno y la Fiscalía miran para otro lado so pretexto de que "los pensamientos no delinquen" Nada más falso y tendencioso, como intentaré explicar. Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes:... 5.º Declarar la independencia de una parte del territorio nacional. (Artículo 472 CP). Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales. (Artículo 544 CP). De la sola lectura de ambos artículos aparece meridiano que los inpendentistas serían reos de un delito de rebelión si, en algún momento, a su publicidad suman cualquier tipo de violencia, como así ocurrirá si presionan o amenazan a los funcionarios o a los mossos de esquadra para montar el necesario aparato para llevar a término el referendum. Mientras tanto, es obvio que ya serían reos de un delito de sedición pues el gobierno y hasta parte del parlamento catalanes, llevan meses, incluso años, resistiéndose a cumplir las resoluciones del TC. Pero lo más importante en este momento es la clamorosa, por vergonzosa, inacción del Gobierno y la Fiscalía por el autoconvencimiento de que "los pensamientos no delinquen" lo que equivale a sostener que no se puede detener a un radical yihadista que piensa, planea y hasta decide y transmite el dónde y la fecha para cometer un atentado, hasta que este se produce. Pensamiento, en una de las acepciones de nuestra RAE, es, "propósito o intención" Si el pensamiento se desconecta de cualquier clase de acto prepararorio, no es punible, pero si, como ocurre, el autor del mismo es la máxima autoridad catalana y se acompaña de una cascada de declaraciones, acciones, partidas presupuestarias, desobediencia a los tribunales, presiones a funcionarios y cuerpos policiales, etc. a más de antecedentes penales y reincidencia en las conductas, hasta el punto de delimitar un proyecto delictivo viable y pausible, entonces el pensamiento ininputable, deja de ser un pensamiento y deviene en hecho, con un propósito o intención y nuestro CP prevé penas de 15 a 30 años rebajadas en uno o dos grados para esa forma imperfecta de ejecución que no llega a consumar el delito. Todos los actos preparatorios de la comisión de determinados delitos, tienen consecuencias penales. Y los delitos de sedición y rebelión se encuentran entre los mismos. Veamos lo que señala al respecto el propio Código Penal: Algunos pensamientos -los de cometer un atentado, por ejemplo- SI pueden ser delito La provocación, la conspiración y la proposición para cometer rebelión serán castigadas, además de con la inhabilitación prevista en los artículos anteriores, con la pena de prisión inferior en uno o dos grados a la del delito correspondiente. (Art. 477 CP) La provocación, la conspiración y la proposición para la sedición serán castigadas con las penas inferiores en uno o dos grados a las respectivamente previstas, salvo que llegue a tener efecto la sedición, en cuyo caso se castigará con la pena señalada en el primer apartado del artículo 545, y a sus autores se los considerará promotores. (Art. 548 CP). El propio Código Penal prevé el castigo y la persecución de los actos preparatorios -los pensamientos- de los delitos de sedición y rebelión. Solo resta aclarar lo que el propio CP entiende por tales: + Conspiración (art. 17.1 del Código Penal) Dos o más personas se conciertan para la ejecución de un delito y deciden ejecutarlo (coautoría), de modo que el factor desencadenante que puede acabar en la lesión del bien jurídico es la decisión firme (dolosa) de todos los conspiradores de ejecutar el delito. + Proposición (art. 17.2 del Código Penal) El que ha resuelto cometer un delito invita (inductor) a otra u otras personas concretas (inducido/s) a ejecutarlo. Igualmente es necesario que el proponente actúe con dolo y que el proyecto delictivo sea viable. + Provocación (art. 18 del Código Penal) Existe cuando directamente se incita por medio de la imprenta, la radiodifusión o cualquier otro medio de eficacia semejante que facilite la publicidad, o ante una concurrencia de personas, a la perpetración de un delito. A diferencia de la proposición, la provocación va dirigida a personas indeterminadas. En el caso que nos ocupa, es claro que los independentistas vienen realizando conductas sostenidas y recurrentes de Conspiración, Proposición y Provocación de un delito de rebelión o Sedición desde antes del pseudoreferéndum del 9-N sin que ni el gobierno ni la Fiscalía actúen. Los pensamientos según y como, si delinquen. No lo digo yo, lo dice nuestro Código Penal. No hacer nada al respecto desde hace ya demasiado tiempo, es una claudicación vergonzosa.

  • Por: Juan 18/06/2017 10:18

    Cuando a un tonto le da por una vereda, termina la vereda y sigue el tonto(dichjo popular). Lo malo es que no están costando más que un niño tonto.

  • Por: steinierberg 17/06/2017 20:47

    Poquitas reacciones para tanta soflama, Alfonso. Pero es que según el CIS, solo un 0'9% de españoles estáis preocupados por la unidad de España. Seguramente, solo los que vivís de ella. Y no llegáis ni al uno, Alfonso.

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica