¿Queda alguien ahí?

20 / 03 / 2009 0:00 Carolina Valdehíta
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Illán de Vacas, en la provincia de Toledo, es el pueblo más pequeño de España según los últimos datos del INE. Sólo tiene seis personas censadas, pero ninguna vive allí.

Alguna vez se han preguntado cuál es el pueblo con menos habitantes de España? Se trata de Illán de Vacas, en la provincia de Toledo. Según el último censo de población que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadística (INE), en este municipio de apenas 9 kilómetros cuadrados sólo están censadas seis personas, todas pertenecientes a la misma familia. Aparte de la curiosidad que suscita cómo es el pueblo más pequeño de España, destaca el hecho de que sea uno de los cinco municipios que no se beneficiarán del fondo local creado por el Gobierno para incrementar el desempleo. Su alcalde, Julián Renilla Bru, no ha presentado ningún proyecto para recibir los más de 6.000 euros (1.200 por habitante) que le corresponderían de haber aceptado el plan.

Un pueblo fantasma

Como un oasis en medio del desierto encontramos Illán de Vacas en el camino de la carretera comarcal entre Los Cerralbos y Cebolla. El desvío no está asfaltado y el pueblo sólo tiene tres calles adoquinadas, una pequeña iglesia románica en la entrada y contadas casas con puertas de color verde que se mantienen en buen estado. Parece habitable y nada descuidado pero, aún así, no hay rastro de habitantes. Una pareja de jóvenes que pasa en una camioneta afirma que allí no vive nadie, y que sus últimos habitantes se trasladaron a pueblos vecinos como Navalmorales, Cebolla o Talavera. “Hace años había un guarda, pero ya no está, y las familias de aquí no vienen casi nunca”, dice Irene, nieta del ex guardia civil de Cebolla. Siempre ha sido un pueblo de pocos habitantes, y se dice que tomó su nombre en el siglo XVI, cuando un hombre llamado Illán llegó a las tierras, que por entonces recibían el nombre de Vacas. Cinco siglos después, algunas cosas llaman la atención: en la calle principal está aparcado un coche con matrícula de Madrid bajo un álamo -nombre que a su vez recibe la calle-, y a una distancia aproximada de cincuenta metros hay un camión. Los timbres de las casas no suenan, aunque se trata de buenas construcciones, no hay alumbrado en las calles, un buzón de cartas irónicamente afirma que es “de recogida diaria” y un perro se encuentra en una de las casas acompañado del silencio sepulcral del frío enero de Castilla. Hasta que, desconcertado por el inusual eco de las voces y como si de un fantasma se tratase, aparece un hombre. Su nombre es Vicente García y es quien está al cuidado de las tierras. “Si hubiese sabido que venían ustedes me hubiera puesto más elegante”, bromea. Y es que él desempeña prácticamente las funciones del alcalde mientras está ausente y está acostumbrado a tratar con la prensa, hasta tal punto de que los vecinos de los pueblos cercanos le consideran una celebridad. Nació en Illán hace 60 años y ahora vive en Cebolla, a dos kilómetros. Afirma que ocupa sus mañanas en trabajar las tierras con el tractor: “Hago lo que haga falta en el campo, con los cereales y los olivos, y a la una me marcho a comer. No hay mucho que hacer por aquí”. Vicente lamenta que no hayamos estado presentes el sábado 24 de enero, pues tuvieron lugar las fiestas patronales de la Virgen de la Paz: “Nos reunimos aquí los amigos de Cebolla y de Cerralbos, cada uno aportando algo”.

Iglesia restaurada

Una fiesta en la que tampoco hubo rastro de los seis habitantes censados, ni siquiera del propio alcalde, Julián Renilla Bru, en el cargo desde 1983 y del Partido Popular. Pero si bien no era necesaria su presencia para llevar a cabo tal sarao, la que no podía faltar era la del párroco. Vicente asegura que el día de la fiesta es el único que va el cura: “El resto del año no aparece por aquí”. Y muestra orgulloso el interior de la iglesia, que, aunque carezca prácticamente de uso, fue restaurada hace apenas un año. Pero el pueblo no siempre estuvo deshabitado. Hasta hace quince años había una estación de tren cercana, lo que hacía que hubiera más población en la zona. Pedro, que ha desempeñado el cargo de guardia civil en Cebolla y alrededores durante 41 años, afirma: “Ha llegado a haber más de cien personas viviendo aquí cuando estaban las vías del tren. Incluso había negocios como la carpintería, herrería, mecánica y hasta un colegio. Ahora no queda nada”. Illán de Vacas se compone de 900 hectáreas aproximadamente, de las cuales 650 pertenecen a la familia Renilla, cuyos antepasados “compraron el municipio hace muchos años”, dice Vicente a Tiempo. Es por eso que la alcaldía siempre ha estado a cargo de algún miembro de la familia: “En las últimas elecciones se presentó un candidato del PSOE, pero no logró imponerse”. Resulta impensable para cualquier candidato de un partido político que no sea el PP aspirar a ocupar el cargo de alcalde mientras que el censo municipal continúe sólo con esos seis habitantes. Vicente se despide amistosamente y posa con naturalidad para la fotografía de este reportaje. De momento, y en ausencia de habitantes, él es el protagonista.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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