Puigdemont y Mas: cómo destrozar un partido hegemónico

23 / 11 / 2017 Antonio Fernández
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

El nacionalismo moderado, que ha sido determinante durante los últimos 30 años, podría convertirse en residual tras las elecciones del 21-D.

Foto: Quique Garcìa/EFE

El Partit Demòcrata Europeu de Catalunya (PDECat), del cual es presidente honorífico Artur Mas y que cuenta entre sus valores con Carles Puigdemont, se enfrenta a las elecciones autonómicas del próximo 21 de diciembre sumergido en una curiosa circunstancia: evita utilizar sus siglas para los comicios mientras trata de simular una plataforma amplia independentista (Junts per Catalunya) detrás de su candidato. El PDECat es el nuevo nombre de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), el que fuera primer partido catalán durante tres décadas. ¿A qué se debe, entonces, el hecho de camuflar unas siglas y tener que renunciar a concurrir a unas elecciones con el nombre del partido?

Un dirigente del PDECat que prefiere guardar el anonimato explica a Tiempo que esta organización “está por la integración del país y de las personas. Y este sentimiento va más allá del partido. Se ha intentado hacer una lista de país, una lista unitaria buscando el máximo espectro ideológico posible. Y al frente ha de figurar Carles Puigdemont, porque la figura del president es respetada por todos. En la última manifestación, que era para pedir la liberación de los presos políticos, el segundo grito más coreado fue ‘Puigdemont es nuestro president’. Además, Puigdemont apostó, no por una lista de partido, sino por una lista unitaria. Por tanto, lo que hace el partido es poner a su disposición una plataforma que puede utilizar para ganar las elecciones”. Y no solo eso: “Debido a las circunstancias especiales con que se han convocado estas elecciones, lo lógico sería una candidatura unitaria con una figura de consenso como la suya al frente”, subraya este dirigente. Y otro explica: “Los partidos se basan en activos. Ahora, tenemos como principal activo a Puigdemont y debemos ponernos a sus órdenes”.

La verdad, en cambio, suele ser mucho más pragmática: las encuestas vaticinan un fuerte voto de castigo para la antigua Convergència, que pasaría de primera fuerza a cuarta, con una horquilla de 14 a 17 diputados sobre un total de 135 del Parlamento autonómico (en 2010, Convergència i Unió tenía 62 escaños). Este tremendo varapalo desaconseja a los estrategas convergentes concurrir con sus siglas. Así, en caso de fracaso, no será la otrora victoriosa Convergència quien fracase, sino las siglas que se presentan. Y ello a pesar de que la candidatura de Puigdemont, por mucho que quiera endulzarla con algún independiente, no cuenta ni siquiera con fuerzas minoritarias en su seno, como sí tendrán las candidaturas de ERC o de la CUP. En este sentido, son mucho más amplias las plataformas de sus rivales que las del PDECat, que se ha quedado sin novio con quien bailar el próximo 21-D.

Pero el hundimiento del principal partido catalán, el que era pal de paller (piedra angular) de la política catalana, no fue labor de un día: fue un proceso que duró cinco años. Un lustro para olvidar. “Fue un proceso muy personal el que llevó al desastre. Artur Mas y su círculo son los culpables de que el partido de la centralidad haya desaparecido”, explica un exdirigente crítico con todo ese proceso. Y otro subraya que “una cadena de errores y decisiones equivocadas fueron la causa de que Convergència haya acabado como ha acabado”. En total, cuatro grandes errores que enterraron la obra del partido que hizo posible no solo la gobernabilidad de Cataluña, sino la gobernabilidad de España en los momentos de crisis más delicados. 

MAS-y-DURANf

Artur Mas con Josep Antoni Duran i Lleida cuando todavía eran CiU

JUNTS-PEL-SIf

De izquierda a derecha, Oriol Junqueras, Muriel Casals, Raül Romeva, Carme Forcadell y Artur Mas al presentar Junts pel Sí

Fotos: G. Nacarino y D. Ramos/Getty

Elecciones anticipadas y precipitadas

El primer error “garrafal” que Mas cometió fue la convocatoria anticipada de elecciones en el otoño de 2012, cuando no llevaba ni dos años como president. “Fue una decisión precipitada. Y, además, la situación se agravó porque, por primera vez, Convergència se decantó por el independentismo como doctrina ideológica, con lo que perdía la centralidad que nos había llevado históricamente a la victoria”, explica uno de los exdirigentes. La consecuencia fue que Artur Mas, en vez de atesorar una mayoría absoluta que tenía cerca, fue castigado en las urnas y CiU acabó sacando 50 escaños, 12 menos que los que tenía hasta ese momento.

El segundo error de Mas fue dinamitar la coalición de Convergència i Unió (CiU). Los socios de Unió Democràtica (UDC), la formación que presidía Josep Antoni Duran i Lleida, daba estabilidad a un electorado nacionalista pero no independentista. Pero en la primavera de 2015 Mas forzó el pacto con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) para crear la plataforma Junts pel Sí (JxS), lo que hizo que UDC abandonase el Gobierno catalán y los dos partidos, que siempre habían concurrido juntos, siguiesen caminos distintos. “Convergència enterró su trayectoria impecable con esa decisión”, se duelen los veteranos convergentes. Además, consideran que CDC quiso copar con su neoindependentismo un segmento que ya estaba copado por Esquerra, partido que históricamente se había declarado independentista. Otra fuente, por el contrario, añade que “el PDECat y ERC no son rivales. La suya es una lucha coyuntural. De todos modos, en estas elecciones es cuando mediremos, por primera vez, las fuerza de cada uno”. El secreto estará, aseguran, en ver si Puigdemont es capaz de atraer a una bolsa de 500.000 votos nacionalistas no independentistas que en las anteriores elecciones no acudieron a las urnas. Pero después de las decisiones tomadas y vista su trayectoria, es difícil que Puigdemont, más radicalizado incluso que Artur Mas, logre atraerse a ese segmento del electorado.

El tercer error de Mas fue “echarse en brazos de la CUP tras las elecciones autonómicas de septiembre de 2015. Vendió su alma al diablo y vendió al partido”. Con la decisión de formalizar un acuerdo parlamentario con el partido anticapitalista, Mas acabó de dinamitar la poca credibilidad de un proyecto que ya no contentaba a ninguno de los antiguos militantes de Convergència. “Mas acertó al crear la casa gran del catalanisme hace una década, pero a partir de 2012 encadenó error tras error hasta culminar con la entrega del Gobierno a la CUP. Aguantó tres meses la negociación para tener que salir deshonrosamente, cuando en esas circunstancias no podía traicionar al electorado”. Con la llegada de Carles Puigdemont, la situación se volvió más problemática, ya que gobernó de espaldas a su partido y, lo peor, siguiendo al milímetro los dictados de los anticapitalistas, hasta el punto de que llegó a ser conocido dentro de su propio partido con el sobrenombre de el President de la CUP.

El cuarto error garrafal fue decidir cambiar el nombre del partido. “Es cierto que ha habido escándalos de corrupción ligados a dirigentes de Convergència, pero intentar cambiar el nombre del partido para borrar la historia de las personas que lo componen es un patinazo histórico”. Los militantes de CDC no entendieron nunca el cambio de siglas. Y como muestra de desagrado, tumbaron todos los nombres que Artur Mas hizo llevar al congreso fundacional del PDECat en julio de 2016. Pero lo cierto es que el expresidente de Cataluña acometió con ese cambio una operación de cirugía estética de CDC que incluía renovar las caras al frente del partido, cambiar de sede y cambiar de nombre. 

El peso de la corrupción

Los motivos de esta operación de cirugía son varios, aunque todos ligados a la corrupción: primero, que el nombre de CDC estaba día tras día en los titulares de la prensa, siempre conectado a noticias negativas. Uno de los escándalos más sonados fue el del caso Palau, por el que vio cómo el juez le embargaba trece sedes para hacer frente al pago de la responsabilidad civil por haber presuntamente desviado dinero de comisiones ilegales a través del Palau de la Música: la empresa Ferrovial se veía obligada a pagar el 4% de mordida en cada adjudicación de obra pública. El juicio ya se ha celebrado y se espera que en breve –posiblemente antes del 21-D se haga pública la sentencia. “Parece que los juzgados van al ritmo de las campañas electorales”, critican en el PDECat. Pero lo cierto es que una cosa nada tiene que ver con la otra y es una de las pocas citas electorales que coincidiría con una decisión judicial sobre Convergència. Poco antes del caso Palau había estallado el caso Pretoria, por el que fueron detenidos dos hombres fuertes de los Gobiernos de Jordi Pujol: Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, exconsejero de Economía que incluso había sonado como recambio del propio Pujol.

El caso de las cuentas secretas de la familia Pujol también tuvo su parte de culpa. Aunque fue un tema personal y familiar del expresidente, no se pudo evitar que afectase negativamente a la imagen de Convergència, que era su criatura política. Para colmo, Oriol Pujol, secretario general de Convergència, tuvo que dimitir por otro escándalo, el de las ITV, un entramado que pretendía crear leyes a medida (entre ellas, un reparto muy particular de las licencias para tener estaciones de ITV) para un grupo de amigos que esperaban hacerse de oro con esas prebendas.

Paralelamente, saltaron varios escándalos, como el de Xavier Crespo, exalcalde de Lloret de Mar condenado por recibir regalos de un mafioso ruso, el escándalo del primer 3% (el cobro de mordidas en las obras que adjudicada el Instituto Catalán del Suelo), que fue juzgado hace poco y en el que hay condenados varios altos cargos del Gobierno de Pujol y empresarios, o el más reciente caso 3%, por el que fueron detenidos dos tesoreros de Convergència y varios dirigentes, al tiempo que fueron registradas las sedes del partido y de la Fundación CatDem.

Era, en definitiva, un reguero de escándalos de corrupción directamente relacionados con el partido que hacían casi imposible limpiar el buen nombre de la formación ante la opinión pública. Ante ello, Mas decidió hacer tabla rasa, cambiando todo lo que podía cambiar. Pero con una salvedad: se guardó para sí el título de presidente de honor, el hombre que mueve entre bambalinas los hilos de la dirección del PDECat. Se trata de manejar el partido, pero sin que se note.

Lo cierto es que solo una pequeña parte de la militancia de la antigua CDC optó por irse al PDECat. Muchos viejos convergentes, entre los que había cuadros dirigentes, se negaron a afiliarse al nuevo partido en julio de 2016, porque consideraban que ya no era un partido que les representaba. “Hay muchas diferencias entre CDC y el PDECat –indica otra fuente interna de la formación–. La primera, la propia ideología. El actual partido pesca en las mismas aguas que ERC. Artur Mas erró el tiro: quiso disputarle el voto independentista a Esquerra, cuando lo que tenía que haber hecho es defender su parcela de centralidad, cosechando voto nacionalista y voto no independentista. Pero la gota que colmó el vaso fue el pacto con la CUP. Ningún convergente está de acuerdo con ese pacto”. Un alto dirigente de CDC que todavía tiene mando en plaza va más allá y, asegurando que jamás lo reconocerá en público, dice que “la desaparición de Convergència y el hundimiento del principal partido de Cataluña es obra de un grupo de iluminados que, afortunadamente, ya se han ido a su casa”. 

CUP-ERC-MASf
MARTA-PASCALf

Arriba, reunión del Gobierno de Mas con ERC, CUP e Iniciativa per Catalunya. Abajo, Marta Pascal, coordinadora general del PDECat

Fotos: J. B. Pascual y E. Pons

Periodo de renovación

Aun así, los actuales dirigentes se muestran optimistas ante el futuro. “El PDECat está en construcción. Es absolutamente nuevo. En un futuro próximo, podrá recoger una parte del espacio que tenía la anterior CDC, pero mientras ha de ir haciendo su proceso de reestructuración y reconversión. Artur Mas hizo lo que tenía que hacer. Hay que agradecerle lo hecho y ya está”.  Y enfatizan que “Mas hizo una apuesta en su momento que muchos aceptamos, pero no compartimos”. Para estas fuentes, “en un espacio de tiempo que no será muy grande, el PDECat volverá a recuperar la centralidad y la hegemonía. Ahora, la prioridad es reconstruir un espacio necesario en la sociedad catalana”.

Aseguran, además, los actuales dirigentes, que su partido “no está en crisis, sino que tiene la oportunidad de regenerarse y reconvertirse para volver a ser hegemónico de nuevo. ¿Qué le pasó al PSOE desde que desapareció Felipe González? Pues que perdió su esencia, perdió el norte. Ahí están todos peleados porque no ha habido una renovación a fondo. Pero en el PDECat sí está habiendo esa renovación”.

Para los nuevos convergentes, la transformación de la vieja CDC es normal. “Hay un nuevo escenario, nuevas circunstancias políticas y sociales. Ya nada volverá a ser como antes –justifican el cambio–. Además, el eje de la centralidad se ha desplazado más hacia el soberanismo y lo que ha hecho el partido es adaptarse a esa circunstancia y dar cobijo al nuevo sentimiento colectivo”. Y zanjan: “El PDECat está llamado a ocupar un espacio político importante en el país”.

Historia de un desastre

Dos divorcios, dos bodas y un funeral

La historia de Convergència se ha intensificado en los últimos dos años: el partido de Artur Mas ha vivido dos divorcios, dos bodas y un funeral en este bienio negro. Para empezar, en el verano de 2015 se materializó el divorcio de sus tradicionales socios de Unió Democràtica. Por primera vez, la plataforma Convergència i Unió dejaba de presentarse a unas elecciones. Es cierto que el proyecto político de CiU ya estaba muy tocado, esencialmente por el escoramiento impreso por Artur Mas hacia el independentismo, pero ese divorcio fue la puntilla y Convergència acabó perdiendo el favor del electorado de centro y, especialmente, del electorado nacionalista no independentista. 

En otoño de 2017, el divorcio ha sido con ERC, con quien ha compartido Gobierno de la Generalitat y grupo parlamentario materializado en la plataforma conjunta de Junts pel Sí (JxS) desde 2015. Los republicanos, a quienes algunas encuestas vaticinan 45 escaños (de 135 que tiene el Parlamento) parten como caballo ganador. Estaban deseosos de romper amarras con Convergència. Es más, se han visto salpicados de rebote por todos los escándalos que sacudieron a CDC, incluidas la detención de empresarios, dirigentes y tesoreros del partido de Artur Mas. “En ocasiones, podía dar la impresión de que nosotros estábamos para tapar la corrupción de Convergència, pero no era así. Queremos transparencia. Y si CDC ha hecho algo, allá ellos. Ya lo pagarán en los tribunales. Lo que no queremos es asociarnos a un partido que se ve salpicado periódicamente con escándalos de corrupción”, indica una fuente de Esquerra a TIEMPO.

La primera boda fue, precisamente, con ERC, para formalizar su candidatura conjunta en las autonómicas de 2015, cuando concurrieron bajo las siglas de Junts pel Sí (JxS). La segunda boda fue con los anticapitalistas de la CUP, que primero forzaron una hoja de ruta rupturista basada en la desobediencia a las leyes españolas, la aprobación de las leyes de desconexión y, finalmente, la materialización del referéndum del 1 de octubre pasado. Y el funeral fue el enterramiento de las siglas de Convergència, en el verano de 2016, para dar a luz al PDECat, el último intento de Artur Mas por salvar el proyecto.

Las expectativas del PDeCAT

Una amnistía y un pacto

Los actuales dirigentes del PDECat confían en que el nombre de Puigdemont y, sobre todo, el hecho de que haya sido un president en el exilio les dé votos en las elecciones del 21 de diciembre. Aunque todas las encuestas apuntan a que ERC ganará de calle estos comicios y que los convergentes pasarán a ser cuarta fuerza, aseguran que “puede haber sorpresas”. También señalan que “estas elecciones nos han de llevar a una amnistía política o, de lo contrario, será imposible reconstruir los puentes. O a Cataluña se le deja aire para respirar o no volveremos a ser el motor de España. Y eso será malo para Cataluña y para España”. Pero todo ello, subrayan, se ha de hacer “desde el diálogo, la renuncia y la comprensión por parte de ambos bandos”. 

El legado

Reivindicara Pujol

Tanto los nuevos convergentes como los antiguos coinciden en una cosa: en la labor que durante décadas hicieron los sucesivos Gobiernos de Jordi Pujol (en la foto saludando a Puigdemont). “Poner en duda la obra de Gobierno de Pujol es absurdo. El ex president ya responderá de sus acciones ante los tribunales. Pero otra cosa es lo que hizo al frente de la Generalitat. Nadie puede discutirle”.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica