Prostitución, una costumbre arraigada

30 / 10 / 2009 0:00 Alberto Sierra
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En España hay una prostituta por cada cien habitantes y la cuarta parte de los españoles confiesan que alguna vez han pagado por mantener relaciones sexuales. La prostitución es motivo de polémica desde antiguo, pero tiene difícil solución.

La polémica sobre la prostitución vuelve a estar de actualidad. Esta actividad no está tipificada como delito ni tampoco está amparada en la legislación. Es una laguna legal. El Código Penal sólo criminaliza la limitación a la libertad sexual de las personas, el proxenetismo y la corrupción de menores o discapacitados. Únicamente existen algunas ordenanzas municipales que limitan el ejercicio de la prostitución en la calle. Una comisión de especialistas en el Congreso concluyó en 2007 que no se podía regular legalmente la prostitución porque estaba “íntimamente ligada” al tráfico de personas. En otros países europeos sí se han aprobado normas al respecto. En Suecia se ha penalizado la contratación de servicios sexuales, pero no la oferta. En Holanda se considera un trabajo con derecho a Seguridad Social, mientras que en Dinamarca se obliga a las trabajadoras a tributar impuestos pero no se les reconoce el derecho a cobrar subsidios por desempleo.

“Yo no me meto a decir si hay que legislar para regular o no la prostitución. Pero hay que endurecer las leyes y especializar a la policía y a los jueces con el objetivo de acabar con las mafias”, denuncia la presidenta de la Asociación de Prevención y Reinserción de Mujeres Prostituidas (APRAMP), Pilar Nieto, quien califica como “muy débiles” las leyes españolas contra el proxenetismo. Además, asegura que tanto el modelo holandés como el sueco han fracasado, porque siguen estando controladas por organizaciones criminales y porque la prostitución se sigue produciendo de manera clandestina.

España es el país desarrollado en el que más personas pagan por obtener sexo a cambio. Según un estudio realizado en 2008 por el Instituto de Salud Carlos III, uno de cada cuatro varones reconoce haber contratado alguna vez los servicios de una prostituta y un 5,7% lo había hecho en el último año. Porcentajes bastante más elevados que los obtenidos en los países donde se han hecho encuestas similares.

Las leyes del mercado funcionan. A más demanda, más oferta. En España se dedican a la prostitución entre 300.000 y 500.000 personas, según distintas fuentes. Con las estimaciones más elevadas, en España habría una prostituta por cada cien habitantes. Sólo el 7% serían transexuales, travestis u hombres, y un 85% de las mujeres que se dedican a la prostitución son extranjeras, asegura APRAMP. El negocio del sexo puro y duro mueve aproximadamente unos 18.000 millones de euros anuales (50 millones de euros al día), según datos de la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA).

En locales o en la calle

El perfil de los clientes que acuden a los entre 3.000 y 4.000 clubes de alterne que hay distribuidos por España corresponde al de un varón de clase media-alta, que demanda calidad y servicios especiales. En estos lugares, sobre todo en los clubes de carretera, las trabajadoras del sexo pagan una tarifa media de 60 euros a los dueños en concepto de pensión completa y alojamiento. “El empresario saca beneficio de ahí y de lo que cobra por las copas y la entrada al local”, asegura José Roca, portavoz de ANELA. El problema es que no todos actúan de manera legal y hay quienes abusan de las empleadas de sus locales. “Por supuesto que existen mafias en los clubes de alterne y por eso pedimos que se regularice la prostitución, para que se acabe con el proxenetismo. Para poder dar a las trabajadoras la seguridad que no tienen en la calle, para proporcionarles revisiones médicas y fiscalizar su trabajo”, añade. Según sus estimaciones, si se legalizase la prostitución, el Estado ingresaría en sus arcas cerca de 4.500 millones de euros todos los años por las cuotas de autónomos de las prostitutas.

Al mismo tiempo, son frecuentes en nuestro país las imágenes tomadas en calles de ciudades españolas en las que se entremezclan viandantes, prostitutas y agentes de policía, quienes tan sólo pueden actuar contra las inmigrantes que se encuentran en situación irregular. Pero sólo un 20% de las trabajadoras sexuales desempeña su oficio en la calle. Quienes acuden a las calles en busca de sexo suelen ser hombres de mediana edad, en su mayoría casados, obreros y con pocos estudios y jubilados. Y los comerciantes y habitantes de la zona sufren las consecuencias.

Las céntricas calles de Montera, Desengaño, Ballesta, Carretas y la Plaza de Jacinto Benavente, así como la Casa de Campo y el parque del Oeste, por ejemplo, acogen varios de los núcleos de prostitución en el centro de Madrid. Los vecinos dicen estar “hartos” de la prostitución en la zona, exigen que se regule o se prohíba (“que se haga algo”) y dicen que “es una pena que en una zona que podía ser muy atractiva para los ciudadanos y turistas la gente no pueda pasear a gusto con sus hijos”. “¿Cómo va a sentarse alguien a tomarse una cerveza con su familia en la terraza con este panorama?”, añade el camarero de uno de los bares de la calle Montera, pidiendo preservar su anonimato por temor a los chulos, que observan y controlan a las meretrices desde la parte alta de la calle.

Lo que los vecinos de la zona aseguran es no haber visto nunca la práctica del sexo en la calle. En plena calle o no, lo cierto es que obtener sexo en la capital es sencillo y rápido. En plena tarde, cuando se registra el mayor tránsito de personas por esta céntrica calle, basta con hacer un leve guiño a una prostituta para que ésta ofrezca sus servicios por 25 euros en cualquiera de los hostales de la zona que tienen apalabrada una tarifa especial con las prostitutas. Otras veces son ellas las que tratan de engatusar a los hombres que caminan solos. “Yo pago los cinco euros que cuesta la habitación con lo que me da el cliente, pero nunca en la calle”, cuenta Kati, una joven rumana.

Sexo al aire libre

La prostitución, además, se ha desplazado hacia zonas más periféricas donde los vecinos aseguran que con cierta frecuencia sí se ve a personas practicando sexo al aire libre. “La mayoría de los que solicitan eso suelen ser jóvenes o señores mayores, que vienen sin coche. Pero no es lo normal”, indica Noelia, una ecuatoriana que trabaja desde hace seis años en la Casa de Campo y en el parque del Oeste. Noelia asegura que eligió libremente su profesión, que nunca ha tenido chulo y que no tiene “complejos” para hablar de su “profesión”. “Tuve otros trabajos, y me quedo con este. Se gana más”.

“No digo que no existan casos de mujeres que puedan ejercer la prostitución libremente, pero la inmensa mayoría vienen traídas por mafias que las recogen en el aeropuerto, las llevan a lugares donde las tienen controladas, las obligan a prostituirse, les imponen las tarifas que tienen que cobrar y les hacen pagar deudas inmensas por haberlas traído aquí”, afirma Nieto, a cuya organización han acudido más 1.800 mujeres en el último año queriendo salir del negocio.

COMENTARIOS

  • Por: Cliente X 11/12/2011 2:15

    Es natural que las de APRAMP desinformen debido a que viven de esto, pero conocen la realidad. Las prostitutas ejercen voluntariamente su actividad, lo que no hacen de buena gana es pagar a las mafias. Sólo lo hacen porque no las queda más remedio. Estas organizaciones criminales no se dedican tanto a traer a las chicas como a exigirlas una tarifa por el uso de la calle, o en el caso de que trabajen en un club pactan con el dueño. Si no lo hacen las pueden quitar todas sus ganancias, encerrarlas e incluso deportarlas a sus países de origen. Si les interesa el mundo de la prostitución les invito a mi blog: http://barriorojo-esl.blogspot.com/

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