Por qué se va

14 / 02 / 2013 12:38 Luis Algorri
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Benedicto XVI pasará a la historia como el primer Papa que deja su cargo en siete siglos. Los cardenales se quedaron helados al oírle decir que está viejo, cansado y
 que ya no puede continuar. Sin duda es verdad. Pero, ¿de qué está cansado?

En España es algo casi desconocido, pero en el resto del mundo civilizado existe una práctica llamada dimisión que las personas usan para abandonar los puestos que ocupan. Suele producirse por dos motivos. El primero, que el dimisionario se sienta desacreditado ante quienes le han elegido, generalmente porque le han pillado en falta. El segundo, que sea consciente de que le es imposible cumplir el trabajo que le encomendaron. Benedicto XVI ha dicho, aunque sea en latín, que él se encuentra en el segundo de estos dos supuestos. Así que abdica (no dimite: el Papa es formalmente un rey, y los reyes abdican).

Sin la menor duda Joseph Aloysius Ratzinger dice la verdad: ya no puede hacer su trabajo. Pero la pregunta es por qué. ¿Solo cansancio? ¿Solo falta de fuerzas físicas? ¿Solo los achaques de la edad? ¿No le sucede nada más?

Si así fuese, Ratzinger se habría convertido, a los ojos de los católicos, en algo muy parecido a un cobarde. Lo ha dicho el cardenal Dziwisz, mano derecha de Juan Pablo II: “De la cruz no se baja”. El papa polaco padeció lo indecible, física y anímicamente (lo vimos todos), y no renunció. Pablo VI pasó sus últimos años hecho un fantasma de sí mismo, víctima de terribles depresiones y angustias: pensaba que se había equivocado en todo (no faltaba quien le convenciese de eso) y que ya no sabía, como él mismo gemía, fare il papa, o sea, hacer su trabajo. Pero tampoco abdicó. Los últimos años de Pío XII fueron horribles, con la mente perdida y un cuerpo que literalmente se deshacía, como se vio en su macabro funeral. Pero eso no bastó para hacerle renunciar.

No solo los pontífices: la propaganda católica ha repetido siempre que los papas no renuncian. Nunca. La enfermedad, por espantosa que sea, no ha bastado jamás, en siete siglos, para desclavar a un pontífice del durísimo trono de Pedro.

¿Tal mal está, entonces, Ratzinger? Es evidente que no. A sus 85 años padece la inevitable artrosis, camina con dificultad por una lesión de cadera (pero camina), apenas ve por el ojo izquierdo y padece diabetes. Que se sepa, nada más. Produce libros constantemente: la última entrega de su monumental biografía sobre Jesús de Nazaret se publicó en España hace muy pocos meses. Es decir, que tiene la cabeza clara. Basta escucharle para comprobarlo.

Y sin embargo, está claro que dice la verdad. Ya no puede hacer su trabajo. Y no es de ahora: su hermano Georg conoce su decisión de abdicar desde hace un año, como él mismo ha dicho.

La conclusión cae sola: no es que no pueda él. Es que quizá no le dejan.

Inactividad.

No es el primer papa que padece lo que, en el mejor de los casos, podría llamarse huelga de brazos caídos de la curia romana. En el peor, habría que hablar de algo parecido al sabotaje. Pablo VI, por ejemplo, ya de viejo y triste daba órdenes, encargaba trabajos, encomendaba tareas, tomaba iniciativas. Sus colaboradores, desde Villot, Tisserant o Casaroli al último curial, decían siempre lo mismo: “Sí, santidad”. Pero luego solían no hacer nada. O hacían lo contrario. Y el papa Montini estaba indefenso ante la inacción dolosa de sus supuestos ayudantes. Se sentía rodeado, prisionero de sus subordinados. A Albino Luciani le pasó exactamente igual. Los curiales, empezando de nuevo por Villot, pensaban que estaba loco o que era un cretino, un párroco, un Don Camilo en el vaticano. Y no le hacían caso. Le decían lo que quería oír y actuaban como les daba la gana.

Pocos cardenales conocen la Curia como Joseph Ratzinger. Sabe perfectamente el inmenso poder que tiene: Wojtyla le hizo jefe del Santo Oficio en 1981. Benedicto XVI sabe algo que también supieron otros papas que mencionaron la posibilidad de renunciar: Montini, Luciani, Roncalli y también Pacelli, o sea Pío XII. Benedicto XVI tiene claro que para mandar de verdad en la Curia hay que ser joven y fuerte. Y a veces ni siquiera eso basta.

Ratzinger fue elegido papa en un cónclave fulminante (24 horas) en el que barrió gracias al impulso de la Curia: era uno de los suyos, un conservador que iba a poner un poco de sosiego tras el azacaneado ritmo de Juan Pablo II... pero iba a dejar todo como estaba. Todo.

Se equivocaron. Ratzinger, que había callado muy cuidadosamente ante algunas decisiones de Wojtyla, demostró ser un conservador doctrinal, pero un hombre honesto y un valiente que no estaba dispuesto a tolerar según qué cosas.

Lo advirtió en un vía crucis de Viernes Santo (el de 2005: le faltaban días para ser elegido papa) y lo cumplió: había que limpiar la podredumbre moral de la Iglesia, y eso significaba emprenderla a cristazos con la pederastia eclesial. Eso nunca se había hecho. La norma no escrita ordenaba tapar los casos, cambiar a los párrocos de sitio, negarlo todo, culpabilizar sin piedad a las víctimas. Hasta Juan XXIII había promulgado un documento ordenando excomunión... no para quien abusara de menores, sino para quien lo revelara. Y era el Papa bueno.

Ahí se rompieron las buenas relaciones. Ratzinger fulminó a Marcial Maciel, uno de los protegidos de Juan Pablo II, y a sus Legionarios de Cristo, una de las potencias económicas y políticas de la Iglesia.

No se lo perdonaron. Ratzinger regateó reconocimientos legales y llamó al orden litúrgico nada menos que a Kiko Argüello, que decía amarle mucho pero al que se le escapaba incluso en público (tras la JMJ de Madrid, lunes 22 de agosto de 2011 en la plaza de Cibeles) aquello de “el pobrecillo Ratzinger, que me hacía a mí de traductor al alemán”. Ratzinger desactivó, muy poco y muy suavemente pero lo hizo, la influencia de los neocons (Opus, legionarios, kikos, no tanto Comunión y Liberación) y trató de recuperar el prestigio de las órdenes tradicionales.

Ratzinger quería, como había anunciado, limpiar la Iglesia. También las finanzas. Nombró a su amigo Ettore Gotti Tedeschi para que pusiese luz en el IOR, el más que sospechoso banco vaticano.  Y en la corrupción: el arzobispo Carlo Maria Viganò advirtió al Papa de que había documentos que indicaban manejos muy turbios en el governatorato (el gobierno civil del Estado vaticano) y le pedía que lo protegiese en Roma para investigar y aclararlo todo.

Pero Ratzinger se estaba haciendo viejo. La lucha contra la pederastia embarrancaba en los arenales de una burocracia que no se sabía de dónde salía. Y el Papa no podía hacer nada. Gotti Tedeschi fue desacreditado, calumniado, tildado de loco cuando pidió papeles demasiado comprometidos y destituido como si el delincuente fuese él. Y el Papa no pudo hacer nada. Monseñor Viganò fue súbitamente apartado de Roma por Bertone, que le envió de nuncio a Estados Unidos. Y el Papa no pudo hacer nada más que llorar, como otras veces, de pena y de impotencia.

Descrédito.

Empezaron a aparecer papeles muy comprometidos que Benedicto XVI guardaba en sus cajones, y la Curia trató de convencer a todos de que el culpable era nada más que un mayordomo infiel, el pobre Paoletto. Y el Papa no pudo hacer nada. Pedía, ordenaba, mandaba, y el resultado era siempre el mismo: nada. Solo un descrédito público cada vez mayor. Lo mismo que con Montini. Lo mismo que con Luciani.

Así es verdad que no puede hacer su trabajo. No hay manera de saberlo si él mismo o sus más fieles no lo dicen un día u otro, pero es más que sensato pensar que su renuncia no se debe al cansancio, a la edad ni a la mala forma física. Es muy posible que la abdicación de Benedicto XVI sea el más gigantesco acto de protesta, de rebeldía y de dignidad que ha realizado un papa desde el siglo XIII. ¿Y contra quién?

Antes o después, la historia pondrá los nombres. Siempre lo hace.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: La Realidad choca 18/02/2013 19:21

    No hay ningun Presidente, Primer Ministro, Rey o Papa que pueda Gobernar (hoy dia) sin la colaboracion y la aquiesciencia de sus ministros y del sistema burocratico. El Vaticano no es una excepcion, con el agrabante de que llevan siglos perfeccionando y reenforzando su sistema de burocracia e influencias. Una cosa parecida a lo visto es la serie "Yes, Prime Minister". Asi que el Papa se ve bloqueado por todo un entramado de reglas, impedimentos proceduales,, y de jerarquia burocratica que le impide llevar a cabo decisiones, amenos que forme parte del entramado, o sea cabeza de una de las "familias" del Systema. Obviamente BD XVI era demasiado intelectual y cerebral y demasiado introvertido, para haberse introducido en el entramado de intringas e influencias en sus anyos de Cardenal. Si la Iglesia tiene alguna experanza de cambiar necesitara un nuevo Papa que sea una especie de Principe Maquiavelico y no se ande con chiquitas a la hora de cortar cabezas, intrigar y desmantelar esa Cosa Mafiosa a la que se parece la Burocracia Vaticana. Mientras otros Papas se han mordido la lengua, y han aguantado la situacion por aquello "de la cruz no se baja", este ha tenido la valentia moral, y de reconocer que no podia con el Sistema Vaticano,y le pasa la toalla a otro que quizas sea mas capaz y mejor depredador. No basta conque un Papa crea y quiera un cambio de doctrina, de orientacion. El sistema debe de permitirle llevar a cabo ese cambio. Y ahi esta el probblema.

  • Por: Anónimo 18/02/2013 15:43

    Por cierto, al Papa no le aquejan dolencias físicas importantes que le impidan ejercer su trabajo más allá de las que de cualquier persona de su edad se puedan esperar. Obviamente, no es un jóven de veinte años pero no tiene dolencias incapacitantes. Él se refirió en su discurso (soterradamente) a otras limitaciones a las que, también, otros Papas se han enfrentado sin haber sido capaces de anularlas. Se considera "incapaz" de realizar con libertad su trabajo porque, obviamente, existen una serie de "personajes" ("grupos de personajes") que no se lo permiten. Facciones ideológicas dentro del Vaticano, muy poderosas, que conspiran para ganar el poder o sencillamente, no perderlo. Esto no es nuevo. Lleva muchos siglos siendo así. Al margen de la religión, el Vaticano es alta política donde los tiburones nadan con plena libertad.

  • Por: Al. 18/02/2013 15:33

    Este Papa se va porque, como el resto, no gobierna en el Vaticano (gobiernan otros, los de siempre, los verdaderos Papas en las sombras) y no le dejan hacer lo que el quisiera. Demasiados lobos para una sola oveja. Por cierto, el Papa no dimite, renuncia,porque no tiene, al menos en lo terrenal, ningún superior jerárquico que le tenga que admitir la dimisión.

  • Por: Raymyund 16/02/2013 14:05

    El Papa ha tomado una decision sumamente lógica, racional y valiente. La Iglesia está en crisis y necesita un hombre fuerte física y psíquicamente a su frente. Un Papa débil fisica y psiquicamente, que se cae dormido de fatiga no tiene posibilidad de llevar a cabo su trabajo, y sumiría a la Iglesia (como sucedio con Juan Pablo II) en luchas internas de poder sin control hasta su muerte. El argumento de que "De la Cruz no se baja" es un arguemento emocional, decimonónico y en absoluto beneficia a la Iglesia. Este Papa ha hecho lo que tenía que hacer, y lo que deberían haber hecho otr os Papas antes de él, porque no se trata del Papa, ni del Cargo, sino del bien de la Iglesia (de todos sus fieles)

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