Marruecos se pone las pilas

05 / 12 / 2017 Fernando Rueda
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Rabat pone en marcha dos satélites espía y recorta la distancia que tenía con la inteligencia española.

Militares españoles en el islote de Perejil en 2002, tras la ocupación marroquí. Foto: MEHDI FEDOUACH/Getty

Preocupación en Argelia, en el Sáhara y... en España. Los tres coinciden en que Marruecos, el número uno de su lista de potenciales enemigos –con una graduación de amenaza distinta en casa caso– dio el pasado 8 de noviembre un enorme paso para aumentar sus capacidades en caso de un conflicto militar. El satélite espía Morocan Eo Sat 1, que en unos meses estará acompañado por un hermano de similares características, tiene unas demostradas capacidades para vigilar el espacio aéreo de los tres territorios, capacidades que sin duda utilizará para fotografiar las instalaciones de sus fuerzas armadas y los movimientos de tropas que se puedan producir en determinadas ocasiones.

Este avance militar marroquí, estimado en un coste de 500 millones de euros, supone que su gran aliado francés le ha permitido quedar en aplastante superioridad respecto al Frente Polisario, en notoria superioridad estratégica frente al Ejército argelino y acortar la distancia militar que España le llevaba. Unido a la creciente inversión marroquí en programas militares aéreos y navales, cada vez es más corta la distancia que separa al reino alauí de España.

Resulta llamativo que el suministrador de satélites para Marruecos sea Francia, el mismo país que fabricó dos en los que España tiene una muy pequeña participación. La misma Francia que en julio de 2002 protagonizó un hecho que dejó patente al Gobierno español, entonces presidido por José María Aznar, la necesidad de apostar por disponer de satélites propios. Soldados de Marruecos ocuparon la isla de Perejil y quedó claro que cuando se depende de otros países para recibir la información de sus satélites, por muy aliados que sean, pueden negártela alegando sus propios intereses estratégicos. Y en Marruecos, las necesidades españolas estaban enfrentadas a las de Francia.

A principios de este siglo, Marruecos seguía siendo el Estado cuya amenaza era más alta para la seguridad nacional, aunque se seguía viendo como muy improbable estratégicamente que hubiera una guerra entre los dos países. Para impedirla, la postura española era la disuasión: disponer de una aplastante superioridad militar que, ante conflictos puntuales, imposibilitara que el reino de Mohamed VI llegara siquiera a pensar en el uso de la fuerza.

Por aquel entonces, España solía acudir a Estados Unidos, cuyo presidente, George Bush, mantenía unas excelentes relaciones personales con Aznar, para que puntualmente ayudaran con sus satélites para obtener imágenes y sonido en temas como la lucha contra ETA. Pero también, y este fue el caso de la isla Perejil, para conocer –ante la pasividad francesa– el despliegue que Marruecos había montado allí y en las zonas próximas. Actualmente, España dispone de una pequeña parte, cifrada en el 2,5%, de los satélites de observación francesa Helios 2A y Helios 2B. Tienen visión infrarroja y presentan el inconveniente de que solo pueden dedicar a España el tiempo correspondiente al porcentaje de su participación en el proyecto.

Estos satélites actúan en cualquier rincón de España o de otros países que presenten intereses estratégicos, sin que nadie sea capaz de mirar al cielo, detectarlos y evitar que intercepten sus acciones. Pueden conseguir una imagen de una casa frecuentada por sospechosos de terrorismo yihadista, velar por la seguridad de tropas enviadas a cualquier conflicto internacional o controlar los movimientos de tropas del vecino Marruecos.

Las imágenes que obtienen son enviadas automáticamente a Torrejón, donde existe un centro para el análisis de datos. Una vez realizada la interpretación son transferidas al Estado Mayor de la Defensa, con sede en la madrileña calle de Vitrubio, donde las archivan o las reenvían al CNI, si es que este organismo fue el que las pidió. Los Helios tienen unos ojos tan potentes que les permiten identificar, de día o de noche, objetos de medio metro. 

Satélites españoles

España dio el salto para conseguir sus propios satélites unos años después. El Spainsat y el Xtar-Eur son satélites de comunicaciones. El primero es totalmente español y el segundo pertenece a una empresa mixta hispano-estadounidense –ellos tienen el 51%–. Su principal objetivo es que nadie escuche las conversaciones –están encriptadas– entre las delegaciones diplomáticas y el Ministerio de Asuntos Exteriores, entre las misiones en el extranjero y el Ministerio de Defensa, y entre los agentes del CNI destinados fuera y su sede central.

Pero también tienen una importantísima capacidad de observación, que les permite realizar cien fotografías diarias, que ofrecían una superioridad sobre los medios de Marruecos, que ahora se va a ver contrarrestada por los Morocan Eo Sat, que ejercitarán el mismo espionaje en territorio español para el reino alauí. Estos satélites son absolutamente imprescindibles. Hasta el punto de que su vida útil acaba en el entorno del año 2020 y los dos tendrán que ser sustituidos so pena de dejar en abierto las comunicaciones más secretas. Con este objetivo, ya está listo el satélite Paz, cuyo lanzamiento se prevé para enero de 2018. No mucho después, será lanzado un segundo satélite, el Ingenio.

Junto al espionaje por satélites, España dispone en la actualidad de sofisticados sistemas de interceptación de las comunicaciones de Marruecos. Un trabajo que lleva a cabo la División Técnica del CNI, el servicio de inteligencia. En Castilla-La Mancha, cerca de Manzanares y Daimiel, está escondido el Centro de Estudios de Propagación Radioeléctrica, nombre intencionadamente extraño que sirve de pantalla para un centro de escuchas que nació en la época de la dictadura de Franco como un proyecto conjunto de espionaje hispano-alemán, pero que en los últimos años se ha volcado del lado español.

En sus orígenes, bajo el régimen de Franco, la tecnología la pusieron los alemanes, que eran los que mandaban, y el centro pretendía robar información procedente de las comunicaciones de los países comunistas del Pacto de Varsovia. Ahora el trabajo y las finalidades son completamente distintos. El acceso en mitad del campo está limitado con grandes cercas que alejan a la gente que pasa por allí en coche del centro de escuchas, instalado bajo tierra, aunque pueden detectarse algunas de sus numerosas antenas.

Con una tecnología ultramoderna, intercepta de forma sistemática millones de conversaciones internacionales telefónicas y por radio. Desde la salida de los alemanes, sus enormes antenas barren el espacio radioeléctrico de varios países del Sahel y especialmente de Marruecos. En la pasada década, en una batalla tecnológica destacable, Mohamed VI llevó a cabo un proceso para modernizar sus comunicaciones complicando la labor de este centro, lo que obligó a la División Técnica del CNI a buscar nuevas vías para saltarse ese impedimento y poder seguir escuchando a los marroquíes. Esa información masiva que recolecta la Casa –como llaman al CNI– es entregada en bruto a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, como pago por las ayudas que le prestan en el terreno tecnológico. 

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Lanzamiento del satélite Helios 2A en marzo de 2016 desde la Guayana francesa. Foto: AFP

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Mohamed VI y el príncipe Moulay reciben a los Reyes de España en su visita de 2014 a Marruecos. Foto: FADEL SENNA/Getty

Espionaje por agentes

Todo este despliegue militar no ha restado ni un ápice de validez al espionaje ejecutado por agentes secretos. El CNI dispone de una antena –legal– en Rabat y de estaciones –ilegales– en Casablanca, Nador, Tetuán, Agadir y Larache. Mientras que la DGED, el espionaje exterior marroquí, cuenta con una estación en Madrid y delegaciones en Barcelona, Gerona, Málaga, Algeciras, Alicante, Bilbao, Las Palmas de Gran Canarias, Palma de Mallorca, Oviedo, Sevilla y Valencia.

Un mayor número que las españolas, justificadas en parte por la inmensamente mayor presencia de ciudadanos marroquíes en España. Las relaciones entre los dos países nunca han sido tan buenas como en la actualidad. La base de esa mayor amistad ha sido la lucha contra el terrorismo yihadista, una plaga para los dos países. Lo que ha facilitado que los problemas tradicionales, como la disputa por Ceuta y Melilla o el conflicto del Sáhara, hayan quedado postergados en una zona de sombra. No obstante, como dice un viejo agente, “en el espionaje no hay servicios amigos o enemigos, solo hay intereses comunes”.

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Cooperación. Los Gobiernos de Rajoy y Mohamed VI (foto superior)mantienen una estrecha cooperación para frenar atentados yihadistas como el de Barcelona (foto inferior). Fotos: D. Crespo y D. Armengou/EFE

Alta tecnología

Drones sobre Marruecos 

En los últimos años, tras la llegada de Félix Sanz a la dirección del CNI, el servicio ha comprado drones, aeronaves no tripuladas, que utilizan casi todos los servicios secretos del mundo. Antes dispuso de modelos estadounidenses para practicar y comprobar sus resultados. Los drones de la Casa tienen una sorprendente capacidad de inteligencia, sirven para recoger datos, vigilar el terreno y seguir a sospechosos. Todo sin que las personas que aparecen en las imágenes enviadas a un centro de control sepan que desde el cielo un aparato dotado con una cámara de alta resolución las está monitoreando y grabando sus movimientos. Además, el Ejército del Aire, que durante décadas ha estado encargado del espionaje aéreo sobre Marruecos, dispone desde hace dos años de los drones MQ9 Reaper, de fabricación estadounidense. En poco tiempo dispondrán de una base de trabajo en Lanzarote, desde donde podrán llevar a cabo con mayor facilidad sus misiones de espionaje sobre el cielo marroquí. Con una autonomía de 2.000 kilómetros, llevan incorporadas cámaras que graban con alta nitidez.

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Un dron MQ9 Reaper

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