Madrid vuelve a cortejar a Londres con la cosoberanía de Gibraltar
El movimiento diplomático del PP se produce tras los últimos reveses en proyectos de cooperación: el uso conjunto del aeropuerto es una entelequia y el enlace marítimo entre Algeciras y la Roca acaba de suspenderse por falta de demanda.
Todo empezó con una broma entre amigos en Estrasburgo, la que le hizo el ministro José Manuel García-Margallo al eurodiputado británico Charles Tannock con ese “Gibraltar español” de reminiscencias franquistas. Pero tras las risas se escondía el ofrecimiento más serio que ha hecho España al Reino Unido en diez años para retomar las negociaciones bilaterales sobre la soberanía del peñón, un territorio que nuestro país cedió a perpetuidad en 1714 en virtud del famoso tratado de Utrecht.
Margallo quiere volver a hablar de soberanía con Londres y sustituir el Foro de Diálogo tripartito que puso en marcha el Gobierno de Zapatero hace ocho años, tras el fracaso de las negociaciones de cosoberanía en 2002. El propio Rajoy tenía pensado plantear la cuestión al premier británico, David Cameron, en un encuentro esta semana en Bruselas, pero la cita fue pospuesta para más adelante y se decidió que fuera en Londres, lo que sugiere que el Foreign Office y la diplomacia española no habían cerrado el contenido de la reunión.
Lo que sí está claro es que Londres no va a dar fácilmente su brazo a torcer. Antes de la cumbre de Bruselas, Cameron subrayó que su país es contrario a reanudar la negociación sobre Gibraltar sin el consentimiento de los ciudadanos de la colonia y llegó a defender el derecho de autodeterminación de los mismos. Una terminología que no se había escuchado por parte de la metrópoli y que motivó una rápida respuesta por parte de Madrid, en forma de nota verbal, en la que Margallo recordó los principios de la posición española, que se resumen en que el territorio en litigio solo puede ser británico, tras la cesión del mismo en Utrecht, o español si el Reino Unido renuncia a su soberanía.
Para José Ignacio Landaluce, alcalde del PP en Algeciras y vicepresidente de la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados, la nueva reclamación no es una sorpresa ya que iba en el programa electoral del PP. “En muchos casos, las pequeñas bromas no están cargadas sino de tremendas razones”, advierte de inicio sobre el comentario de Margallo a Tannock. Los ingleses, a su juicio, “no quieren que se menee” el contencioso, porque les es incómodo tras haber convivido ocho años con un Gobierno dócil en Madrid. “Nadie discute que sea fácil el proceso, sino laborioso y largo”, admite Landaluce respecto a las discusiones sobre la cosoberanía, que avanzaron hasta límites insospechados entre 2001 y 2002 cuando ambos gobiernos alcanzaron un principio de acuerdo que, sin embargo, encalló por la oposición de la Royal Navy ante la posibilidad de perder un puerto estratégico, y la de los ciudadanos de la Roca, que abrumadoramente se manifestaron en contra mediante referéndum.
Ante aquel fracaso, el Ejecutivo de Zapatero eligió la cooperación transfronteriza como mejor camino para conquistar las mentes y los corazones de los llanitos, y así acabar con la dicotomía perversa del Gibraltar rico, donde el índice de paro es del 2%, y la zona adyacente del Campo, castigada con un desempleo del 32%. El Foro Tripartito solventó problemas históricos como el uso conjunto del aeropuerto o las pensiones de los españoles que trabajaron en el peñón hasta el cierre de la Verja. Permitió la apertura de un Instituto Cervantes en el corazón de la colonia, que está siendo un éxito en su primer año de funcionamiento, y logró la apertura de una línea directa de transporte entre Algeciras y Gibraltar.
Hasta la colonia dejó de estar en la lista negra de paraísos fiscales de la OCDE. Pero el impulso inicial del Foro se atemperó y empezaron los contratiempos: las compañías españolas dejaron de operar en el aeropuerto por falta de demanda, las aguas fueron fuente de disputa y el enlace marítimo entre Algeciras y la Roca acaba de suspenderse sine die por motivos económicos.
Por eso la soberanía ha vuelto a recobrar protagonismo. Al menos Tannock dio una respuesta esperanzadora a Margallo: “Ya hablaremos de eso”, le dijo.


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