Las entrañas del contraprocés

13 / 07 / 2017 Antonio Fernández
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Los contrarios a la independencia de Cataluña comienzan a organizarse ante la inminencia del referéndum del 1 de octubre.

Socios: Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, entre otros, momentos antes de participar en un acto a favor del referéndum. Foto: Andreu Dalmau/EFE

Durante los últimos años, las calles de Cataluña han sido invadidas por cientos de miles o millones de ciudadanos con banderas esteladas (la bandera independentista), reclamando un referéndum para decidir si rompen o no con el resto de España. Ha sido una imagen potente y sostenida en el tiempo que ha proyectado la imagen de una Cataluña descontenta (y enfrentada) con España. Pero Cataluña es más que eso: en los últimos años, han nacido varias entidades cívicas que pregonan precisamente lo contrario: reniegan del separatismo y abogan por continuar en España. Y muchas de las organizaciones ya existentes se han reforzado mientras el suflé independentista rebaja su tono.

“Hay un efecto acción-reacción. Cuanta más fuerza hagan los independentistas, más fuerza haremos también nosotros”, dice a TIEMPO  Juan Carlos Girauta, portavoz de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados. Y es que las cosas han cambiado mucho. “Hace unos años, era impensable que algunos colectivos como los actuales se posicionasen como lo han hecho ahora. Un ejemplo es Llibertats, que acoge a juristas catalanes”, añade el dirigente de C’s. Fue una reacción al hecho de que el propio Colegio de Abogados de Barcelona se sumó al Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, una plataforma soberanista montada por la Generalitat.

Para llegar a la movilización del antiindependentismo solo hace falta echar la mirada un poco hacia atrás. “Durante mucho tiempo, como la independencia no se había situado en la agenda política, se había permitido casi todo a los nacionalistas. En la Transición, el nacionalismo contribuye al pacto constitucional, pero luego una parte de ese nacionalismo rompe ese pacto y nos pillan a muchos y a la sociedad con el paso cambiado”, admite Alejandro Fernández, portavoz parlamentario del PP.  Para el dirigente popular, en 2012 cambia el escenario, pero también hay una reacción. “Ahora, el número de independentistas baja y la máquina de crear españolistas son ellos. Hay gente que nunca se había manifestado políticamente y que ahora se posiciona en contra de la ruptura. A partir de ahí, comienzan a aparecer entidades civiles como España i Catalans, o Empresaris de Catalunya, o Sociedad Civil Catalana (SCC). No están tan organizadas como los independentistas, pero sí son entidades importantes y eso va a tener repercusiones en el panorama político futuro de Cataluña”.

Girauta, por su parte, admite que “CiU comenzó el adoctrinamiento. Se han pasado muchos años sembrando odio, mentiras y reinterpretación histórica. En Cataluña había un partido de centralidad, que era CiU y cuando ese partido hace un planteamiento secesionista, se empiezan a oír voces que antes no se oían”.

José Domingo, vicepresidente de SCC recalca también que “la actitud de los independentistas ha creado antiindependentistas. Mucha gente que coqueteaba con el nacionalismo ya se ha ido apartando y asume ahora un papel activista. Antes no había un especial motivo para que floreciese un movimiento antiindependentista, pero en el momento en que la independencia se convierte en el monotema, mucha gente se aleja y otra toma partido precisamente en contra”.

Lo cierto es que en el 2012, cuando CiU apoya abiertamente la secesión, el suflé soberanista sube a máximos. Además, se fija como fecha de la independencia el 2014, año en el que debería haber un referéndum (en realidad, hubo una consulta popular y por la que están condenados Artur Mas, Joana Ortega, Irene Rigau y Francesc Homs).  En ese clímax, aparece SCC. Se presentó en sociedad el 23 de abril de 2014, con una nutrida representación social y política. “Fuimos una asociación muy transversal con un mensaje claro y rotundo: ni queremos ni nos conviene la secesión. Mejor juntos”, dice a este semanario Joaquim Coll, exvicepresidente y uno de los históricos de la entidad. Al año siguiente de su nacimiento, SCC recibió el premio Ciudadano Europeo, que otorga el Parlamento Europeo a las entidades que desarrollan una importante labor social.

Coll reconoce que “no fue fácil nuestra tarea. Ahora se asume que hay un déficit democrático en Cataluña y se han visto algunas de las trampas del derecho a decidir, pero entonces aún no”. Y rememora que el 2014 fue el año más duro “porque parecía que el independentismo lo tenía todo a su favor: la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural sacaban mucha gente a la calle con un discurso que parecía incontestable. Y era el año del tricentenario y el año en que había convocado un referéndum, con un Gobierno independentista y una mayoría parlamentaria favorable a la secesión”.

Falta de libertades

José Domingo, actual vicepresidente de SCC, señala a TIEMPO que esta entidad “nace con vocación de concienciación, no tanto de movilización. Se trata de dar argumentos y de ser activistas. El detonante del nacimiento de SCC fue la falta de libertades democráticas”.  Domingo subraya que “en los últimos meses ha habido un salto cualitativo en la batalla contra el secesionismo”. Enfatiza el vicepresidente de SCC que convocaron la manifestación del pasado 19 de marzo bajo el lema Paremos el golpe de Estado.

Aún así, como destaca Alejandro Fernández, del PP, “el independentismo ha perdido fuelle: en el 2014, apoyaban la secesión el 56% de la población y en el 2017 solo la apoya el 42%”. En este contexto, subraya el diputado popular que “la labor de las entidades cívicas es crucial, porque han roto la idea de asimilar los movimientos antiindependentistas con la dictadura de Franco”.

En realidad, en los últimos años han florecido o se han fortalecido diversas entidades cívicas de un amplio abanico de sectores: la Asamblea por una Escuela Bilingüe, Impulso Ciudadano, Somatemps, la Asociación por la Tolerancia, Convivencia Cívica Catalana, Federalistes d’Esquerra (vinculada a los socialistas), España i Catalans, la mencionada Llibertats o Empresaris de Catalunya. En el ámbito periodístico, cabe resaltar la aparición del Grupo de Periodistas Pi i Margall (GPPiM).

“Nacimos para contrarrestar la ola de periodismo propagandístico favorecido por el Gobierno catalán y las fuerzas secesionistas. Nosotros proponemos un periodismo basado en hechos y con profesionalidad, no concebido como una herramienta para hacer país y de propaganda”, dice a este semanario Sergi Fidalgo, presidente del GPPiM. Fidalgo reconoce que “se tardó demasiado en responder. Desde el Gobierno central hubo mucha tibieza. No querían ver lo que estaba pasando por intereses electorales. Y ahora recogemos lo que se sembró en la época de Jordi Pujol”.

Fidalgo también es de la creencia de que “el mundo independentista no está tan movilizado como hace un tiempo. En el aquelarre de Montjuïc [el acto masivo celebrado el 11 de junio por el independentismo], con un Pep Guardiola diciendo mentiras, hubo solo unas 25.000 personas, cuando ellos dicen que el 80% de la población está a favor del referéndum. Eso es poca gente. Son los espectadores de un Barça-Sestao de Copa del Rey”. Y añade:“el independentismo se moviliza porque no tiene una respuesta que le contrarreste. Por eso, si no nos callamos, ganaremos seguro”.

También Juan Carlos Girauta es de esa opinión. “El apaciguamiento nunca funciona. Siempre favorece al que desafía. La indefinición cobarde hizo que se aguantase muchos años un régimen”.

Informes contundentes

Quizá por no callarse, SCC, en su corta trayectoria, se ha convertido en el principal referente del antiindependentismo. “Los independentistas nos retan a participar en la campaña por el no. Lo hacen para justificarse. Pero nosotros negamos la previa, es decir, el proceso en sí. No vamos a ser partidarios del no porque no creemos en el procés. Y un referéndum que no tenga participación del no carece de seriedad”, afirma José Domingo.

El dirigente de SCC detalla que las iniciativas de esta entidad se han multiplicado. “El pasado mes de mayo, presentamos en el Congreso de los Diputados un informe con los déficits democráticos de Cataluña. Nosotros estamos en contra del papel que está teniendo la Administración catalana en todo el procés. La Generalitat y los ayuntamientos han de ser neutrales. No pueden ser independentistas. En Cataluña existe una evidente pérdida de las libertades democráticas y de los derechos de los ciudadanos. Curiosamente, ese informe fue contestado inmediatamente por el Síndic de Greuges [el Defensor del Pueblo catalán], que se dedica preferentemente a defender al independentismo en lugar de defender a los ciudadanos, como debería”.

En el citado informe, de 200 páginas, se denuncian casos muy concretos de déficits democráticos. Por ejemplo, el “adoctrinamiento nacionalista en los libros de texto”, casos individuales de “acoso al disidente en la escuela”, presiones a familias, la vulneración de la ley de banderas colgando la estelada en las fachadas de consistorios o el veto de TV3 a un libro del socialista Josep Borrell que negaba las consignas independentistas con datos.

Sociedad civil catalana

Ganarse a la izquierda

Joaquim Coll, uno de los históricos de SCC, explica que  “intentamos hacer guiños a la izquierda política. No queríamos que la organización se convirtiese solo en la correa de transmisión de un par de partidos, como PP o Ciudadanos”. El portavoz de C’s, Juan Carlos Girauta, detalla que “en cuanto nace SCC, intentan aplastarla. Pero sus denuncias de los abusos separatistas permitió articular la reorganización espontánea. Había una necesidad de algo que canalizase el descontento”. José Domingo, actual vicepresidente de SCC, concluye que “ha habido miedo porque el independentismo colgaba la etiqueta de franquismo a todo lo que se le oponía. Se ha recurrido a la demonización diciendo que somos la extrema derecha, lo que es falso”. Ese axioma comienza a caerse: recientemente, se presentó en Barcelona la Asociación Juan de Mairena, de carácter unionista, con figuras de izquierdas nada sospechosas de ser franquistas o carcas, como el exfiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, que llega desde la izquierda de Podemos. “Cada vez hay menos ciudadanos que compran el discurso de que ser españolista es ser franquista”, remata José Domingo.

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Oposición. En primera posición, Sergi Fidalgo, presidente del GPPiM. Más abajo, Juan Carlos Girauta (Ciudadanos). Por último, José Domingo, vicepresidente de SCC. Fotos: Toni Albir/EFE, Fernando Alvarado/EFE y Marta Pérez/EFE  

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: ALICIANA CASTELO 13/07/2017 15:42

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