Las dos caras de Ada Colau

05 / 10 / 2017 Antonio Fernández
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Dos años al frente del ayuntamiento han convertido a la alcaldesa de Barcelona en una rara avis en la política catalana que no deja indiferente a nadie.

Pareja. Ada Colau y su marido, Adrià Alemany, en la presentación del libro que coescribieron contra los desahucios. FOTO: RICARD CUGAT

Parece increíble cuántas cosas ha hecho ya Ada Colau desde el día de su investidura como alcaldesa de la ciudad de Barcelona. Para empezar, el mismo día 13 de junio de 2015 encargó unos trabajos imprescindibles para el buen funcionamiento del municipio, es decir, ordenó que se colocasen unas pantallas gigantes, y otros medios de difusión exterior, en la plaza de Sant Jaume para que todos pudiesen admirarla y disfrutar con ella de su coronación”. Esta sarcástica descripción está contenida en un libro que lleva el sugerente título de Epopeya colauista y que fue publicado, a modo de crítica, por el diario independentista Catalunya Lliure.

La descripción se ajusta a la imagen que Ada Colau ha proyectado entre sus rivales y que incluso es aceptada por muchos de los suyos: la alcaldesa de Barcelona se ha convertido en estos dos años en una rara avis que va por libre en el universo político catalán, navegando entre dos aguas, sorteando todos los obstáculos y tratando de quedar bien con todos, hasta el punto de dar la impresión de que está por encima del bien y del mal. Solo desde ese punto de vista se puede entender que se negase en redondo a ceder locales municipales para los colegios electorales del referéndum del 1 de octubre, pero que el mismo día en que los negaba, anunciara que había llegado a un acuerdo con el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, para que los barceloneses puedan votar. Para muchos, es la cuadratura del círculo. Ada Colau encabezó en 2015 la plataforma electoral Barcelona en Comú, formada por su pequeño partido, Guanyem, que alcanzó acuerdos con Iniciativa per Catalunya (ICV), Equo, Procés Constituent y Podemos. Curiosamente, se negó en redondo a hacer primarias en la coalición, hecho que supuso la salida de la operación del Partido Pirata, que acabó aliándose con la CUP. Contra todo pronóstico, Colau ganó las elecciones, aunque obteniendo solo 11 concejales de un consistorio de 41. En la actualidad, gobierna con el apoyo de los cuatro ediles del PSC.

“Ada Colau es lo más parecido a Felipe González. Ambos han nacido para vender y mentir. Desde el punto de vista de la comunicación, es un diamante en bruto. Es cierto que tiene mucha capacidad de comunicación, pero no tiene visión de conjunto como tenía Felipe. Este sabía lo que tenía que decir y lo que tenía que hacer. Ada sabe lo que tiene que decir, pero aún no sabe lo que tiene que hacer”, dice una persona que ha trabajado cerca de ella y que la conoce muy bien. Este colaborador subraya que “es capaz de decir a cada votante lo que quiere oír. Y, en resumen, dice una cosa, hace otra y no da explicaciones”.

Lo cierto es que Colau no deja indiferente a nadie. “La alcaldesa se ha convertido en un animal político. Si hay que describirla, diría que es la amenaza de la chica gordita de clase. Casi pasa desapercibida hasta que da el aldabonazo. Esta descripción no es edificante, pero es real. Y luego, proyecta una imagen muy populista. La gente la ve próxima y por eso tiene un paquete importante de votos”, describe una persona que la conoce bien y que ha departido con ella. Carina Mejías, líder de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona, la define como “soberbia, incapaz de escuchar las razones del otro y que siempre quiere que impere su opinión. Es ambiciosa y no duda en utilizar el cargo en beneficio propio, para su trayectoria personal”. De parecida opinión es Alberto Fernández Díaz, líder del PP en el consistorio: “Juega con la gesticulación política y se aprovecha de la indulgencia de los medios de comunicación, que la han dejado en paz. Accedió a la alcaldía desde el activismo y la demagogia y sigue instalada en esos parámetros”, dice a TIEMPO.

Una fuente del Ayuntamiento de Barcelona que prefiere mantener el anonimato afirma que “Ada Colau sigue con mucho desconocimiento político, pero tiene mucha intuición. Su principal pecado, sin embargo, es el del protagonismo, que le puede. Le gusta verse en los medios de comunicación”. Esta fuente relata que “desde la Ada Colau que llegó al Ayuntamiento a la de hoy, hay bastante diferencia. Recuerdo que, a poco de llegar, tuvo que firmar el contrato para la celebración de la feria del Mobile. Llegó como si fuese una activista y, para colmo, llevaba chanclas con plataforma de corcho. Hoy ya ha suavizado su imagen, desde la vestimenta hasta el peinado y cuida mucho sus apariciones públicas”.

El cerebro en la sombra

En ese cambio tiene mucho que ver su marido, Adrià Alemany. Antiguo técnico de la Fundación del Barça, a las dos semanas de ganar las municipales dejó su empleo y pasó a dirigir las relaciones exteriores de Barcelona en Comú, la plataforma de su esposa. Un compañero de activismo que los conoce desde hace años señala a Tiempo que “el verdadero cerebro de la estrategia de Colau es su marido. Adrià y ella pusieron en marcha la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y habían participado al alimón en todas las movilizaciones antibélicas y por una vivienda digna desde hace dos décadas. Además, llegaron a escribir juntos dos libros”. El primero, titulado Vidas hipotecadas, editado en 2012, fue prologado por Gerardo Pisarello, profesor universitario, colaborador junto a Colau en el Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Barcelona (DESC) y actualmente primer teniente de alcalde de Barcelona. En  2013, el matrimonio escribió un segundo libro, ¡Sí se puede! Crónica de una pequeña gran victoria.

Alemany ha sido su gran apoyo desde que se conocieron en 2006. “Él es un buen estratega de marketing y ella le hace caso en todo, incluso en el atuendo que ha de ponerse en cada ocasión”, señala su compañero de activismo. De Alemany fue la idea de proyectar una operación de imagen de Ada Colau que quiere traspasar el panorama político catalán y se pone como meta ser la aglutinadora de “las izquierdas alternativas” españolas. Ello, añade la fuente, supondría dar un golpe de Estado en Podemos y desbancar al mismísimo Pablo Iglesias.

La operación está verde aún, pero no es imposible. Colau es la que arrastra votos en Cataluña, mientras que Podemos es solo una minoría. Pero esa marca es exportable. Si Pablo Iglesias cae en desgracia, una figura como Colau, que gobierna la segunda ciudad de España, puede ser la aglutinadora del espíritu del 15-M. De hecho, Alemany había hecho cábalas de materializar el asalto al Estado en 2019, considerando que puede ser un año en el que Iglesias sufra un desgaste brutal y se necesite un recambio. Los que conocen el movimiento podemita resaltan que “da la impresión de que en Podemos todo es fruto del diseño de unos profesores universitarios que jugaron a ser dioses. Pero Colau tiene la capacidad política de estar 15 años al pie del cañón, haciendo activismo en las calles, perdiendo cada día, por lo que sabe encajar muy bien los golpes. No es producto de laboratorio. Además, tuvo la suerte de que estaba en el momento adecuado y en el lugar oportuno para encabezar una candidatura ganadora”. 

La gran jugada

“A Colau se le desarrolló la ambición más allá de lo que tenía previsto su marido”, dice a este semanario un colaborador político, que admite también que, en las negociaciones para abrir los colegios electorales el 1-O, quien llevó las contactos con Puigdemont para que los barceloneses puedan votar fue Adrià Alemany. Porque la última gran jugada de la alcaldesa fue negarse a abrir colegios electorales en Barcelona pero apoyar a los alcaldes que sí los abren y se exponen a sanciones. “A ella le da pánico la inhabilitación. Además, el independentismo no es su tema. No entró en política por la independencia. No estaba en su agenda”, relata un colaborador suyo en el Ayuntamiento de la Ciudad Condal. Y otro remata: “Posiblemente, de esta crisis no salgan bien parados ni Rajoy ni Puigdemont, pero ella, sí. Su actuación indica su gran ambición”. El popular Alberto Fernández Díaz destaca que “es inconcebible lo que hace: llega a un acuerdo con Puigdemont y no da detalles. Y luego es capaz de recibir a los alcaldes que van a abrir colegios mientras ella es incapaz de firmar los decretos como ellos. Lo que hace Colau es tamizar sus discursos para disimular y acabar echando la culpa de todo al Partido Popular y al malvado Gobierno de España”.

Un antiguo colaborador de Colau señala, por su parte, que “se ha vuelto mucho más pragmática”. Desde el ayuntamiento también lo corroboran. “El equipo de Gobierno va todavía muy despistado. El primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, es el que debería coser todos los acuerdos con otros grupos, pero no está ni se le espera. Es más: pasan semanas y no aparece por las comisiones de gobierno”. Durante las negociaciones con otros grupos municipales, desde el comienzo de la legislatura, nadie se tomaba en serio lo que pudieran decir los interlocutores de Barcelona en Comú. “Sabíamos que íbamos a llegar a acuerdos cuando aparecía Adrià Alemany”, explica un político de la oposición. El colaborador antes aludido remata que “la percepción de que su pragmatismo ha aumentado viene reforzada por que empieza a buscar asesorías externas más allá de su círculo más cercano. Comienza a escuchar a otros para tomar decisiones. Para el tema de los colegios electorales del 1-O, por ejemplo, se escudó en el informe del secretario municipal para tomar una decisión. Ese informe decía que no se debían abrir colegios porque el referéndum es ilegal. Y en otras áreas, la alcaldesa comienza a hacer lo mismo y a confiar un poco más en los técnicos, aunque ello también pueda suponer que tiene poco criterio”.

Carina Mejías, de Ciudadanos, considera que “utiliza una posición equidistante para estar a bien con todos”, y subraya que el suyo no es un proyecto de equipo, sino “un proyecto en torno suyo. Los demás miembros del Gobierno municipal no tienen ni protagonismo ni presencia”. La dirigente de Ciudadanos enfatiza que es “un discurso vacío y agresivo contra los demás, populista. Dice lo que el interlocutor quiere oír. En el Ayuntamiento de Barcelona existe ahora una situación de atasco porque se ha empeñado en imponer las cosas”. 

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Ada Colau con el presidente Carles Puigdemont en la manifestación contra los atentados de Barcelona. Foto: J.L. Cuesta

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Carina Mejías (líder de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona), con Arrimadas, Girauta y Rivera. Foto: Toni Albir

“Todo es ideológico”

Destaca Mejías algunos de los debates que Colau puso encima de la mesa: al llegar al consistorio, paralizaron el plan de hoteles. “No puedes realizar suspensiones arbitrarias, pero les daba igual, porque tienen una visión muy autoritaria de la política”. Luego, apostaron por los carriles bici. “Quieren echar a los coches de la ciudad y aprovecharon las vacaciones para construir carriles bici. Luego, están las supermanzanas, áreas cerradas al tráfico con la excusa de recuperar vía pública. Eso ha acabado con muchos comercios arruinados, pero les da igual. Por último, está el proyecto del tranvía por la Diagonal, que los vecinos rechazaron en una consulta. Pero eso les da igual. Reclaman el derecho a decidir, pero luego no hacen caso a lo que decide el pueblo. Lo hacen todo sin apoyarse en equipos técnicos. Todo es ideológico. Quieren convertir a Barcelona en una comuna”. 

Independentismo

La gran paradoja

La gran paradoja de Ada Colau es que su granero de votos está en los barrios periféricos de Barcelona. Creció de manera inversamente proporcional a la disminución del granero socialista. Sus votantes no son independentistas. Pero debido a las peculiaridades de la política catalana, el independentismo es una asignatura de la carrera política en esta comunidad. Y ahí es donde Colau practica una danza del escaqueo, manteniéndose en una perenne indefinición y dando una de cal y otra de arena. “Su ambigüedad no es fruto de que no sepa lo que quiere. Es que no puede definirse para no perder votos en los barrios populares, que no verían con buenos ojos un escoramiento hacia la independencia. Por otro lado, ha de mantenerse en lo políticamente correcto de la política catalana, que es alabar el nacionalismo y el soberanismo”.  

Bandazos

Los incumplimientos de la alcaldesa

Para los que la conocen, Colau puede pasar en minutos de la congoja a la euforia, del llanto a la risa. El popular Alberto Fernández Díaz recuerda que de la activista que se disfrazaba a la actual alcaldesa va un universo. “Cuando llegó al ayuntamiento fue la primera en decir que desobedecería las leyes injustas, jamás lo hizo. Dijo que suprimiría los coches oficiales y que iría en metro. No solo no dio de baja los coches oficiales, sino que les tintó los cristales. Prometió acabar con los desahucios, pero hoy se cuentan por centenares en Barcelona, incluso en viviendas municipales. Es gran defensora de los procesos participativos, pero cuando el 80% de los vecinos rechazaron el tranvía por la Diagonal, hizo caso omiso y sigue desarrollando el proyecto”. 

Los antecedentes de la alcaldesa

Actriz y activista

En los años 90, una jovencita Ada Colau participó en las movilizaciones contra la Guerra del Golfo. Volvió, pero no acabó nunca la carrera de Filosofía en la Universidad de Barcelona. Se lanzó definitivamente a la calle: fue una de las más activas detractoras de la segunda Guerra del Golfo (era miembro de la plataforma Aturem la Guerra [Paremos la Guerra]) y se vinculó a los movimientos antiglobalización (con los que participó en protestas contra cumbres internacionales) y a los movimientos okupas de Barcelona.

En 2006, aparecía vinculada al Movimiento por una Vivienda Digna y a V de Vivienda. No le importaba disfrazarse de abeja maya o de pantera rosa, realizar escraches a los políticos y denunciar los desahucios. Tenía experiencia como actriz, ya que participó en 2001 en la serie Dos + Una que emitió Antena 3 TV. 

En 2007 se vinculó al Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Barcelona (DESC), creado por el exteniente de alcalde Jordi Borja, antiguo psuquero (el PSUC era el equivalente catalán al PCE). Su salario lo pagaba el Ayuntamiento de Barcelona. Cobraba 2.699,49 euros mensuales como coordinadora del área de Vivienda. Desde DESC participó en 2009 en la fundación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), de la que fue portavoz hasta 2014. Recogió más de 1.400.000 firmas para exigir una iniciativa legislativa popular y cambiar la ley para parar los desahucios y adecuar las leyes españolas a las directrices europeas. La proposición de ley incorporó tres medidas que Europa obligaba a aplicar: la dación en pago, la moratoria para los desalojos por ejecución hipotecaria y la ampliación del alquiler social de los pisos propiedad de los bancos.

NOMINA-DOCF

Un documento del Ayuntamiento de Barcelona que certifica el sueldo que pagaba a Colau cuando esta estaba en DESC

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: HENRIETTA FERNANDO 02/10/2017 17:50

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