La penúltima batalla del PSOE

11 / 05 / 2017 Luis Calvo
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Tras la entrega y validación de los avales, los aspirantes comienzan una campaña que se prevé a la contra, con los militantes más movilizados para frenar a los candidatos rivales que para apoyar al suyo. 

Susana Díaz apoyada por históricos del partido en la presentación de su candidatura. Foto: Juan Manuel Prats

Si gana Pedro Sánchez, va a destrozar el PSOE orgánicamente. Si lo hace Susana Díaz, lo va a destrozar electoralmente”. La sentencia, pronunciada hace pocos días por un histórico socialista, resume a la perfección la tragedia a la que las próximas semanas se enfrentará el PSOE. Más aún si se redondea con la respuesta automática que ambas candidaturas utilizan para torpedear la única alternativa a ambos: “Patxi López no es una opción. Votar a Patxi ahora es ponerse de perfil”.

Lo cierto es que todas ellas tienen algo de realidad. Reflejan las debilidades de cada candidato, aquellos factores que provocan miedo o desconfianza en algunos militantes, rechazo u odio cerrado en otros. El próximo día 21, cuando los militantes socialistas se acerquen a votar en las agrupaciones, pocos serán los que voten convencidos de que su candidato será capaz de unir al PSOE y liderar una remontada en las urnas. La mayoría votará para evitar que salga el contrario, aquel que encarne a sus ojos el más terrible futuro del socialismo español. Incluso en los equipos de campaña de los tres aspirantes, los argumentos son, en la enorme mayoría de las veces, a la contra. No es casual, saben que mueve más voto el rechazo al enemigo que el proyecto de cualquier candidato. 

Contra los barones

Para los partidarios y colaboradores de Susana Díaz, Pedro Sánchez es, sin duda, la personificación de todos los males que afectan al PSOE. Veleta, sin respeto por la estructura del partido, tiránico en sus decisiones y manipulador con las bases, alegan que si se le derrocó en aquel Comité Federal del 1 de octubre, fue porque no se le podía dejar que hundiera aún más el partido. Pero lo que más preocupa y hace que muchos cuadros medios huyan de él, es la venganza que desde aquel día, prepara. Si Pedro Sánchez consigue alzarse con el triunfo, no va a aceptar ejercer su liderazgo de nuevo con unas estructuras orgánicas en contra. Diseñará una Ejecutiva en las que apenas habrá críticos y nunca del círculo cercano a Susana Díaz. Y promoverá para el Comité Federal a nombres que considera independientes de la estructura orgánica de los territorios, nombres que no cuestionen el nuevo rumbo que quiere imprimir al partido.

Pero el mayor de los cambios tendrá lugar en el siguiente nivel orgánico, el autonómico. Ya hace unos meses, el presidente castellano-manchego, Emiliano García Page, confesó que ha congelado todos sus planes hasta que se resuelva el problema de liderazgo federal. Sabe que si el vencedor es Sánchez tendrá que pelear duro por su supervivencia. Tampoco el exsecretario general o su equipo lo ocultan. La intención de Sánchez es, poco a poco, en los congresos regionales que seguirán al federal, erosionar el poder de los barones que desde el principio han liderado la oposición interna contra él. Son fundamentalmente los presidentes autonómicos: Susana Díaz en Andalucía, Javier Fernández en Asturias, Guillermo Fernández Vara en Extremadura, García Page en Castilla y León, Ximo Puig en la Comunidad Valenciana y Javier Lambán en Aragón. A todos ellos les han surgido en su territorio plataformas de apoyo a Sánchez que seguirán activas después de una hipotética victoria del exsecretario general. Y en todas ellas se manejan ya nombres alternativos a los actuales presidentes para controlar el partido. Adriana Lastra en Asturias o José Luis Ábalos en Valencia son solo dos de los nombres con aspiraciones autonómicas que forman parte del núcleo duro de Sánchez. Ni siquiera la presidenta balear, Francina Armengol, fiel a Sánchez hasta la presentación de la candidatura de Patxi López, se libra de la amenaza. 

López como bisagra

Desde el ámbito de Susana Díaz y Patxi López restan, sin embargo, a Sánchez capacidad para poner patas arriba el partido. Reconocen que se mantendría la fractura evidente entre unos y otros, y que el partido volvería a sufrir las tensiones internas que tanto daño le han hecho, pero creen que se necesita mucho más que el poder de un secretario general cuestionado para tumbar un presidente autonómico. Nada une más a las federaciones que ganar y gobernar, sea cual sea el mensaje que llegue desde Madrid. Más complicado reconocen que lo tendrían algunos de los barones que no gobiernan, mucho más vulnerables a cambios dirigidos desde Ferraz. Entre ellos hay algunos “traidores” a la causa sanchista, después de haberse alineado con Patxi López: Idoia Mendía en el País Vasco, César Luena en La Rioja o Luis Tudanca en Castilla y León. Su esperanza pasa por que el respaldo al sector de Patxi López en sus respectivos congresos, aunque minoritario, sea suficiente para unirse a alguno de los otros dos y garantizarles la continuidad.

Si la amenaza sanchista para el PSOE es la ruptura orgánica entre Madrid y las comunidades, en el caso de Susana Díaz es el escaso tirón que las encuestas han demostrado que es capaz de provocar entre el electorado socialista. Su debilidad es evidente en Galicia, País Vasco y Cataluña, pero también en Valencia o Baleares, donde muchos militantes la ven como la candidata más centralista. En el resto de las comunidades, más alejadas de cuestiones identitarias, sin embargo, tampoco termina de arrancar. La maniobra que logró derrocar a Pedro Sánchez y de paso volver a instalar en La Moncloa al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha manchado irremediablemente su imagen. Desde entonces, cada salida de tono de un miembro del Gobierno o cada caso de corrupción descubierto al PP supone una nueva losa en ese pecado original de la sevillana y más munición para su rival. Eso sin contar con la moción de censura orquestada por Podemos para tratar de retratar a cada uno de los aspirantes socialistas y que se plasmará en una gran manifestación el día antes de la votación socialista. Sin posibilidades de una mayoría alternativa ni un candidato capaz de aglutinarla, la iniciativa parece más dirigida a desestabilizar las primarias socialistas  en favor del candidato más próximo a su formación que a descabalgar del poder a Mariano Rajoy. Cuanto más cuestionen los del partido morado a Rajoy, más evidentes serán las dificultades de algunos dirigentes socialistas para unirse a los ataques contra un presidente que ayudaron a nombrar.

Rechazo de los votantes

A día de hoy, Susana Díaz es, de los tres candidatos, la que menos apoyo tiene entre los votantes socialistas. Tanto que se ha llegado a poner sobre la mesa que incluso como secretaria general en caso de adelanto electoral no sea ella quien encabece la lista del PSOE y espere tiempos mejores refugiada en la Junta Andalucía. Sin embargo, esa misma estrategia fue la que le aconsejó elevar a Sánchez al liderazgo hace solo tres años y la presidenta no tiende a repetir errores (ver recuadro). Sea en su persona o a través de un candidato interpuesto, una nueva derrota del PSOE volvería a cuestionar el liderazgo, más si cabe cuando uno de los argumentos más repetidos durante estas semanas ha sido que Díaz es la única de las tres candidatas que ha sido capaz de ganar unas elecciones alguna vez.

La debilidades de la presidenta andaluza ha socavado ligeramente la moral de sus tropas. Si hace unas semanas se negaban a considerar siquiera la victoria de Sánchez, en los últimos días empiezan a surgir dudas sobre la posibilidad de que Díaz pueda perder ante el exsecretario general. Al cierre de esta edición, aunque no se conocían las cifras exactas, todos los candidatos daban por hecho que la andaluza sería la que más avales conseguiría con enorme diferencia. La carrera de las firmas, sin embargo, no garantiza nada. En las candidaturas de Pedro Sánchez y Patxi López no hacen más que repetir que la presidenta andaluza ha movilizado todo el aparato para presionar a los militantes y que acabará consiguiendo más avales que votos reales.

Y en medio de los dos candidatos enfrentados, sigue tratando de abrirse un hueco Patxi López. El exlendakari mantiene un discurso, el de la unidad, que no consigue movilizar a su favor a los militantes alineados con los otros dos candidatos. Los de Sánchez le consideran “aparato puro y duro”, alguien que ha sobrevivido políticamente con los últimos cinco secretarios generales y que se plegará a la sexta si vence Díaz. Además, destacan que la candidatura del diputado vasco trató de cerrar el paso a Sánchez y de desplazarle de la carrera.

Por su parte, los fieles a la presidenta andaluza recuerdan que el equipo de López está formado por los mismos que hasta hace poco rodeaban a Sánchez. Son los mismos que arrastraron al PSOE a uno de sus peores momentos de la historia reciente y como tales deben ser vencidos. Es cierto que desde las filas de Díaz el discurso se suaviza para hablar del día después. Los delegados que consiga el sector de López pueden ser determinantes para conseguir evitar de una vez por todas que tras el congreso de junio los derrotados formen una oposición interna que vuelva a resquebrajar el partido.

A favor de Patxi López cuenta que, al contrario que sus rivales, tiene escaño en el Congreso de los Diputados, donde tradicionalmente se centra la oposición. Sin embargo, sí ostentan acta parlamentaria destacados miembros de las otras dos candidaturas, que podrían asumir el papel de portavoces mientras el nuevo secretario general utiliza otros altavoces para dirigir la oposición. 

El calendario

A falta de que Ferraz valide y certifique los avales entregados por los tres candidatos, todos ellos siguen metidos de lleno en la precampaña. No será hasta el día 9 cuando comience oficialmente la campaña, pero el pistoletazo de salida se dio hace ya muchas semanas. Será la segunda semana, entre el 15 y 20, cuando se produzca el único debate que ha propuesto Ferraz y han aceptado todos los aspirantes. Después solo habrá que esperar al domingo 21, cuando por fin se sabrá quién se hace con el liderazgo socialista. El resultado de la votación tendrá una influencia decisiva en la elección de delegados posterior (entre el 24 y el 28 de mayo) y la votación de las enmiendas al programa marco que decidirá el rumbo del PSOE en los próximos años.

Dos congresos fallidos. Desde que José Luis Rodríguez Zapatero decidió dar un paso atrás y dejar paso a un candidato menos quemado, el PSOE no ha conseguido superar la división latente en sus filas. En mayo de 2011, con todo el aparato preparado para respaldar la candidatura a La Moncloa de Alfredo Pérez Rubalcaba, la catalana Carme Chacón amagó con plantar cara en las primarias. La presión de Ferraz y del Gobierno fue tal que la exministra acabó retirándose, pero tras la derrota del PSOE presentó su candidatura a la secretaría general. El resultado de aquel congreso, en el que el PSC se volcó por primera vez a favor de un candidato y el resto de comunidades se partieron, condicionó los años posteriores. Ganó el candidato oficialista, Rubalcaba, por la mínima, 22 votos entre cerca de mil delegados, pero el partido no se cerró en torno a él. Un sector crítico quedó a la espera de una nueva oportunidad y desde 2013 encontró en la recién nombrada presidenta andaluza a la líder en la que depositar sus esperanzas. Parecía que el batacazo de las elecciones europeas iba a ser la oportunidad, pero el empeño de Eduardo Madina en pedir la elección a través del voto de los militantes dinamitó la operación. Entonces fue cuando un desconocido Pedro Sánchez, que llevaba meses recorriendo España para tratar de lanzar su candidatura, se encontró con el apoyo del poderoso aparato andaluz. Susana Díaz no solo le ayudó a conseguir los avales y respaldó discretamente a José Antonio Pérez Tapias para debilitar a Madina, puso además toda su estructura a favor de Sánchez. Y lo consiguió. Nadie esperaba que Sánchez tardase tan poco tiempo en revelarse. De nuevo el sector crítico se cerró el torno a la presidenta y esperó tiempos mejores mientras, como con Rubalcaba, movía las sillas de Ferraz y esperaba que el líder cayera para volver al ataque.  

RUBALCABA-CHACÓN-F
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