La importancia de llamarse Soraya
Dos mujeres, dos partidos, dos portavoces y un mismo nombre. Y ambas nacidas en Valladolid.
Las trayectorias profesionales y el azar han querido que dos Sorayas, las portavoces de los dos partidos con más representación parlamentaria, una en el Gobierno y otra en la oposición, y las dos de Valladolid, confluyan al mismo tiempo en el hemiciclo del Congreso de los Diputados: Soraya Sáenz de Santamaría, del PP, y Soraya Rodríguez Ramos, del PSOE.
Aunque las dos se hacen llamar por su segundo nombre, el primero en ambos casos es María. El de Soraya no aparece en el santoral, ya que no es un nombre cristiano y por lo tanto no tiene santo. Por esta razón en los años en que nacieron estos dos bebés (1963, Soraya PSOE, y 1971, Soraya PP), los padres añadían a los nombres paganos el María delante para la celebración del bautismo y para que sus niñas tuvieran en el futuro un día en el que celebrar su santo.
El nombre de Soraya inspiró a muchas madres y se popularizó durante las décadas de los 60 y 70, ya que las españolas contemplaban por aquel entonces en las páginas de la revista ¡Hola! la romántica historia de la guapísima y glamurosa princesa Soraya, esposa del sha de Persia, que finalmente acabó repudiada por ser estéril. Tal admiración nacional por la de Persia, “la princesa de los ojos tristes”, acabó por dar al Registro Civil la cifra de 17.027 Sorayas españolas, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), de las cuales 426 son de Valladolid y dos de ellas nuestras protagonistas. Las madres de las dos políticas eran de lo más moderno para su tiempo ya que por esa época en Valladolid los nombres clásicos de María del Carmen, María Pilar, María Teresa y María Jesús eran los más elegidos por los padres.
Las pioneras.
Según el INE, solo había 27 Sorayas en la capital castellana en los años 60, que subieron a 147 en los 70. Si nos fijamos en todo el territorio nacional en el mismo periodo de tiempo, el nombre de María del Carmen era imbatible, seguido por los de Ana María, María Dolores y María Pilar. En cuanto a los masculinos, Antonio, Manuel y Francisco eran los más usados entonces por los españoles. En la década de los 60 había solo 909 Sorayas en toda España, que se incrementaron hasta 3.543 durante los 70.
El nombre de Fabiola fue un antecedente en esto de poner nombres de famosas de portada a las niñas. Estaba inspirado en la primera española que fue reina de Bélgica por su matrimonio con el rey Balduino y cuya vida se seguía entonces con fruición en todas las revistas del corazón. Este nombre, aunque con menos tirón que el de Soraya, dio un fruto de 6.417 Fabiolas en toda España.
En cuanto a su significado, el nombre de Soraya es un apelativo femenino de origen árabe, Thurayya, que se refiere al cúmulo estelar de las Pléyades situadas en la constelación de Tauro, a unos 450 años luz de la Tierra. En la mitología griega, las Pléyades (en griego significa “las que navegan” o “las palomas”) eran las siete hijas del titán Atlas y la ninfa marina Pléyone. Hay otros significados que se atribuyen a este nombre como “rica”, “princesa”, “reina de la arena”, “excelente” o “mujer esclava”. La influencia histórica musulmana en España y Portugal hizo que este nombre se extendiera en los países hispanohablantes y lusohablantes. Y una de las primeras Sorayas españolas fue Isabel de Solís, una bella cristiana que fue cautivada por el padre de Boabdil y de la que se enamoró locamente, provocando los celos de su esposa, Fátima-Aixa.


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