La Iglesia pierde fuelle

19 / 06 / 2006 0:00 Luis Calvo
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Bodas civiles, menos educación católica, moral laica, aumento de divorcios y abortos, libertad sexual... España vive una secularización que aleja cada vez más a la Iglesia de los españoles.

Más de 700.000 jóvenes, una marea humana, aclamaban tres años atrás a Juan Pablo II a lo largo de kilómetros camino al aeropuerto de Cuatro Vientos. Hace menos de un año, en junio de 2004, cientos de miles de personas acudieron a Madrid para reclamar, a petición de los obispos, la retirada de la ley de matrimonios homosexuales. Este poder de convocatoria esconde, sin embargo, una realidad en la que la Iglesia pierde poder año consultras año en una España cada vez más secularizada.

Estas espectaculares, pero puntuales, reuniones multitudinarias a duras penas tapan la veloz transformación de la sociedad, que en las últimas décadas amenaza con arrebatar a la religión incluso ese último baluarte privado, el de la conciencia. En toda España la secularización avanza.

Todos los indicadores muestran un goteo de fieles que merma la fuerza de la Iglesia. Diez años han bastado para aumentar en más de 13 puntos el porcentaje de bodas civiles, en 350.000 el número de parejas de hecho y casi duplicar el número de rupturas matrimoniales. Cada vez más alumnos optan por cursar clases alternativas a la de Religión y ya menos de la mitad de los jóvenes se considera católico. La mayoría de los expertos consultados por esta revista coinciden en destacar un proceso que se acentúa cada vez más y separa la religiosidad de la Iglesia.“ Somos un país culturalmente católico, pero cada vez menos eclesiásticamente. Ya apenas existe siquiera interés por la opinión de la Iglesia”, asegura Alfonso Pérez, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense.“El gran handicap de la Iglesia –matiza Dionisio Llamazares, catedrático de Derecho Eclesiástico de la UCM– es que no consigue aceptar esa separación de lo público”.

En el mismo sentido van la opinión de Fernando Vallespín, director del CIS, y Luis María Cifuentes, miembro de la Fundación Cives, quienes destacan la “naturalidad del proceso de secularización”. Sólo Santiago Casas se muestra ligeramente discrepante. Este profesor de Historia de la Iglesia en la Universidad de Navarra vincula la pérdida de fieles a “la baja estima hacia lo institucional”que afecta a todo el Estado. La “crisis de autoridad” acrecienta, para Casas, un fenómeno que no debe estar “necesariamente ligado a una desconfianza de la Iglesia”.

Espiritualidad a la carta

En un documento hecho público la pasada semana, la Conferencia Episcopal, por su parte, culpa de la secularización a los teólogos “díscolos”, que “propagan y divulgan enseñanzas contrarias a la Iglesia”. A ellos y a aquellos que se consideran cristianos y defienden posiciones distintas a su doctrina. Para los obispos, estos planteamientos sólo “perturban la vida eclesial y a los sencillos”.

A pesar de que un 77,3% de los españoles se considera católico, sólo un 20% acude cada semana a misa. La libertad que ha inundado el ámbito religioso durante la democracia ha supuesto un golpe que no ha conseguido aguantar la ortodoxia católica. Entre los que se consideran católicos calan además otras creencias que chocan con las tradicionales de la Iglesia. Ya no se cree en las doctrinas en bloque, sino por partes.Y cada una se examina a conciencia. No se confía en religiones sino en fenómenos, milagros y actos de fe concretos. E incluso éstos chocan entre sí.

Según un estudio del CIS, poco más del 41% de los españoles, sólo la mitad de los católicos, está convencido de la existencia del cielo y la resurrección. Existen varios millones de católicos, por tanto, que no acaban de creerse aquello de la vida eterna. Lo mismo ocurre con otros dogmas de fe imprescindibles para la Iglesia. Un 57% y un 62% respectivamente ven con recelos la existencia del pecado o el Espíritu Santo y sólo uno de cada cuatro acepta la existencia del diablo. Con más o menos diferencias, lo mismo ocurre con la mayoría de los conceptos de la Iglesia.Vivimos, por tanto, una espiritualidad a la carta en la que cada uno configura sus creencias a la voluntad, sin seguir postulados rígidos.Todo vale. Católicos que no creen en los ángeles conviven con aficionados a los horóscopos o a la meigas que se santiguan antes de visitar una catedral.

Iglesias para actos sociales

Se conserva inmutable sin embargo la retórica católica de las celebraciones. Los ritos y tradiciones asentados durante siglos siguen marcando la vida de la mayoría de los españoles. Nacemos y nos bautizan. Llegamos a la madurez y nos casamos. Tenemos hijos, les matriculamos en Religión y puede que incluso en catequesis para preparar la primera comunión. Un funeral nos despide del mundo. Cada paso de la vida, cada avance, queda señalado con un rito. Es en ese control puntual de los pasos vitales donde hasta ahora más conserva su poder la Iglesia.

El desangelado aspecto que presenta la mayoría de las parroquias cada domingo se inunda, en cambio, de fieles a la hora de celebrar ciertos ritos: bautizos, bodas, funerales... Las bancadas se llenan de bote en bote y los menos puntuales tienen que apiñarse en los pasillos. El 46% de católicos que casi nunca acude a misa corre a ocupar su puesto. A tenor de las estadísticas, además, muchas de las parejas que se dan el “sí quiero”bajo la cruz no vuelven a pisar la Iglesia en una buena temporada, quizá hasta la próxima boda.

Bautizos, educación, bodas... Cada una de las decisiones vitales sobre las que la Iglesia reclama su influencia mantienen una aceptación considerable. Los últimos años, sin embargo, las alternativas civiles o simplemente la ausencia de ceremonias ganan terreno. Hace sólo diez años las bodas católicas eran inmensa mayoría. Hoy, a nivel nacional, el 37% de los matrimonios pasan únicamente por los juzgados. Dos comunidades, Cataluña y Baleares, se sitúan al frente de la mayoría de los índices, seguidos a poca distancia del País Vasco, Canarias o Valencia. Las bodas civiles superan en Barcelona en más de 15 puntos a las madrileñas y en más de 30 a las zonas más católicas: Andalucía, Extremadura y las dos Castillas.

Estructuras familiares

“La fascinación del rito, separado de su contenido espiritual –explica Dionisio Llamazares–, es la principal causa que incita a las parejas no practicantes a casarse a través de la Iglesia. Existe aún en algunos lugares una presión social que exige cierta valentía, cierta predisposición racional, para emprender el camino a contracorriente y unirse por lo civil”.

El aumento de divorcios, práctica a la que se han apuntado católicos, agnósticos o ateos, dispara asimismo el número de matrimonios civiles. Ya no existen los matrimonios para toda la vida y los núcleos familiares se separan cada vez más del modelo predicado por la Iglesia. Parejas con hijos de distintos matrimonios o núcleos monoparentales son frecuentes, sobre todo en zonas urbanas. El pasado año, por primera vez, uno de cada cuatro niños nacidos lo hizo de madre soltera.

La secularización, la separación de la religión y las decisiones, abarca ya todos los ámbitos. Otro de los caballos de batalla católicos, el aborto, también ha experimentado un crecimiento progresivo y son cada vez más las mujeres que optan por la interrupción voluntaria de su embarazo. Si en 1996 se producían 5,7 abortos por cada 1.000 mujeres, en 2003 la cifra aumentó hasta casi 9.Todos los indicadores contrarios a la moral cristiana, indican una pérdida progresiva y veloz del contacto de la Iglesia con sus fieles.

Clases y colegios

Es, sin embargo, probablemente en la educación donde más esté notando la Iglesia el sabor amargo de la secularización. La separación de la Iglesia y el Estado tras la muerte de Franco privó a los obispos del control de la educación que habían mantenido durante cuarenta años. Son los niños en edad escolar de entonces, que ahora tienen en torno a 35 o 40 años, los que han roto años después los puentes de las anteriores generaciones con la religión.

Luis María Cifuentes relaciona el fin del dominio sobre la educación con la pérdida definitiva del control social por parte de Iglesia. “Es al romper ese vínculo cuando desaparece la obediencia a la ortodoxia y se instala el pluralismo moral y religioso propio de la democracia. De ahí nace –argumenta– la brecha entre un religión jerarquizada, propia del clero, y otra más libre que se asienta y vive en la población”.

Aun así, a día de hoy, siguen siendo mayoría los alumnos que deciden cursar Religión. El número de matrículas en cada fase educativa permite contrastar las creencias de dos generaciones. Hasta Secundaria, cuando la decisión la toman los padres, los alumnos que cursan la alternativa a Religión suman el 36% de las matrículas. En Bachillerato, momento en el que los alumnos empiezan a decidir por sí mismos, el porcentaje aumenta de golpe más de 10 puntos. Sólo en cuatro regiones los alumnos de Religión superan el 60%. Otra vez, al igual que en el resto de los índices, los archipiélagos y el País Vasco están entre los primeros puestos de la clasificación. En Valencia y Cataluña los índices van más allá. Menos del 25% de sus estudiantes de Bachillerato cursa ya Religión.

Sistema de valores

El sociólogo Alfonso Pérez-Agote destaca la importancia que los padres otorgan a la Religión en la educación de sus hijos, muy por encima que en cualquier otro apartado.“La incertidumbre y los miedos que acompañan el nacimiento de un hijo hace a muchos padres buscar un código ético en el que apoyarse. En nuestro entorno buena par te de las normas de convivencia y valores generales coinciden con los del catolicismo. Éste sirve por tanto de modelo sobre el que construir la ética personal y al que recurren muchos padres. Se priman unos valores éticos sobre la parte espiritual y las obligaciones concretas”. La mala imagen que sufre la enseñanza pública y la calidad, disciplina y nivel social que se asocian a los colegios católicos contribuye además a desviar alumnos hacia la educación concertada. Para Pérez-Agote, sin embargo, esta imagen,“no siempre veraz”, del predominio moral que despliega la Iglesia en Educación,“va también camino de acabarse con el tiempo”.

Dos Españas

Las profundas diferencias en todos los indicadores muestran una España dividida en zonas. Desde la convicción católica de Extremadura o Andalucía hasta la secularización de Cataluña o Baleares, las regiones muestran toda una gama de fidelidad a la Iglesia.

Las características históricas, el desarrollo económico y la legislación de cada comunidad son las hipótesis que manejan los expertos como causas de las diferencias. Sorprenden, sin embargo, las que hay entre regiones con las mismas características como Madrid y Barcelona, donde 15 puntos separan los porcentajes de bodas civiles y más de 40 el de alumnos que deciden no cursar Religión. En el caso de Cataluña, el desarrollo económico se une a una tradición de independencia comercial que la hizo mirar más a Europa que a España. Santiago Casas Rabasa, profesor de Historia de la Iglesia en la Universidad de Navarra, atribuye a estas influencias y a los conflictos sociales la situación de Barcelona. En el resto de la Península las diferencias se deben a “distintas formas de vivir la religiosidad”.

Cabe destacar el caso del País Vasco por la brusca secularización que ha experimentado en la última mitad de siglo XX. La idea de una Euskadi católica y conservadora en cuanto a tradiciones se rompe a la vista de las estadísticas. En los años 80 las encuestas ya situaban al País Vasco en la media nacional, y los últimos 20 años han servido para colocarlo entre las comunidades menos religiosas. A ojos de Alfonso Pérez-Agote la clave del proceso puede estar “en una sacralización de la política que ha obligado a la secularización de la religión”. Las implicaciones políticas del País Vasco han servido así de sustituto a las creencias religiosas como guía en las decisiones de los ciudadanos.

Ciudades y zonas rurales

La concentración urbana parece ser otro de los factores decisivos a la hora de abandonar la religiosidad. Para el profesor Casas la menor entidad de la aglomeración urbana ha permitido en zonas como Andalucía, Extremadura o las dos Castillas controlar el desarraigo de las tradiciones y “conservar mejor la religiosidad”.

En opinión de Fernando Vallespín conviven en España “dos culturas religiosas. Existe, por un lado, una sociedad rural y envejecida de religiosidad extrema y, por otro, una urbana y joven que se separa cada vez más de la Iglesia. Ni cree ni quiere creer. Esta brecha generacional y geográfica –explica el director del CIS– se acentúa cada vez más con el tiempo”.Y resulta un problema para la Iglesia. Sus fieles se mueren poco a poco de pura vejez. Las nuevas generaciones, mientras, miran con bastante desinterés a una religión que no consideran suya y observan con indiferencia.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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