La hora de la Cataluña dormida

17 / 11 / 2017 Agustín Valladolid
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Una parte del futuro está en manos de esa porción del constitucionalismo que siempre falla en las elecciones autonómicas catalanas.

Votantes en un colegio en las autonómicas catalanas de 2015. Foto: Jesús Diges/EFE

Habrá quien piense que este no es el mejor momento para ser políticamente incorrecto, pero yo creo que sí, que es obligado decir ahora, cuando aún se está a tiempo, algunas cosas. Antes de que volvamos a caer en el pozo de las lamentaciones por no haber hecho cada cual lo que tenía que hacer. Y es que para afrontar con la conciencia tranquila las trascendentales elecciones del 21 de diciembre en Cataluña, y con razonables expectativas de que ese día represente un antes y un después en esta deriva autodestructiva, debiéramos todos reconocer los errores cometidos, y no solo limitarnos a descargar todas las culpas sobre los responsables principales, pero no únicos, de esta dramática crisis de convivencia: los ideólogos y ejecutores del golpe secesionista.

Porque hay también culpables por omisión, empezando por los catalanes no independentistas que sistemáticamente se han quedado en casa cada vez que en las autonómicas eran llamados a las urnas. Centenares de miles de ciudadanos que se sentían y se sienten tan o más españoles que catalanes y que durante décadas se desentendieron de unas elecciones que no consideraban suyas, y que con su desinterés regalaron al nacionalismo la gestión cotidiana de lo más cercano e inmediato, el control del enorme presupuesto de la Generalitat, y con ello la oportunidad de constituirse en poder absoluto, como hicieron, y a partir de ahí en impune administrador, vía tres por ciento, de sistemáticos ventajismos electorales; en instigador y agente de un sistema educativo discriminatorio y en ocasiones excluyente; en dueño y señor de los medios de comunicación públicos, convertidos, salvo excepciones poco duraderas, en indisimulados testaferros del secesionismo en sus diversas versiones y en el descarado brazo propagandístico de un preocupante delirio colectivo.

Si calculamos la media de la participación registrada en las últimas diez elecciones generales celebradas en Cataluña (1986-2016) y la comparamos con la de las diez últimas autonómicas (1984-2015), constataremos cómo unos 450.000 catalanes se han quedado sistemáticamente en casa cuando eran llamados a participar en los comicios regionales. Ha habido momentos en los que esta diferencia ha sido mucho mayor, como la que se dio entre las autonómicas de 2003 (62,54% de participación) y las generales de 2004 (75,96%): unos 715.000 votantes no nacionalistas no consideraron importante acudir a los colegios electorales en 2003. Especialmente decisiva fue la “deserción” del votante constitucionalista en la cita electoral de 2010 (con solo un 58,78% de participación), la que aupó a Artur Mas a la presidencia de la Generalitat y propició todo lo que vino después.

La cuenta de la vieja

Las últimas citas parecen haber igualado las fuerzas. En las autonómicas de 2015, con el secesionismo completamente movilizado, agrupado en su mayor parte bajo las siglas de Junts pel Sí, y ante la cercanía de la amenaza, se pudo constatar una notable respuesta de lo que hoy llamamos unionismo. Fue suficiente para evitar que la suma de los votos independentistas superara al resto, y el plebiscito –como tal lo habían planteado algunos, la CUP entre ellos– fracasara. Pero el arreón no alcanzó para impedir que el sistema electoral, muy favorable a la Cataluña más cerrada, la rural, acabara por aupar al Govern a la versión más combativa y excluyente del nacionalismo. Hoy, expertos en demoscopia y algunos politólogos coinciden en que por vez primera en décadas el unionismo está tan movilizado o más que el secesionismo. También comparten la tesis, aunque no sin matices, de que el descompuesto final del denominado procés, en el que se han evidenciado muchas de las trampas y falsedades de la hoja de ruta nacionalista, va a provocar que el sector social más moderado y pragmático, de entre los que en 2015 apoyaron la apuesta de Artur Mas y Oriol Junqueras, se descuelgue del proyecto independentista.

Yo no me creo nada. Y menos aún ninguna cuenta de la vieja. Solo sé que si el nacionalismo catalán ha llegado donde ha llegado es en buena parte porque se le ha dejado llegar. Porque ha habido demasiada gente que no ha ejercido sus derechos y sus deberes cuando debía, pensando que, si se daba el caso, ya vendría papá Estado con el casco de bombero.

Cambio de fecha

Del 28-E al 21-D

La primera fecha por la que se inclinó el Gobierno para celebrar autonómicas en Cataluña fue el domingo 28 de enero. Así se lo hizo saber Mariano Rajoy al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quien se mostró de acuerdo. Sin embargo, tras abrir el debate con los representantes del PSOE, la decisión fue reducir al máximo el plazo de aplicación del artículo 155, por lo que finalmente Rajoy optó por el jueves 21 de diciembre.

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Albert Rivera y Mariano Rajoy

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: Vicar 21/11/2017 14:41

    Tal vez cuando despierten se encontrarán que están fuera de la Comunidad Europea para siempre

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