Tour de Francia 2011, grupo salvaje
Flotan tantas nubes de testosterona en torno a un pelotón de ciclistas que pedalea bajo una lluvia gala, que podría llenarse un amplio museo de la virilidad únicamente con los maillots y los calzones de los corredores del Tour.
No hay más que mirar la cara de unos de estos hombres para visualizar con los ojos de la imaginación al homo sapiens más primigenio, ese ser nómada en cuyas facciones se reflejaban la meditación de los bosques y la altivez de las montañas, la respiración de los ríos y la floración de las estrellas. La rítmica tenacidad de un grupo de ciclistas nos invita a evocar una caminata de cazadores prehistóricos que se han propuesto volver a su caverna con varias piezas de gran tamaño. La carrera puede teñirse de sangre, pero quien ha nacido para correr miles de kilómetros sobre una bicicleta es como quien ha mamado el arte de cazar bisontes desde muy niño: necesita salir al campo a diario para poner a prueba su fuerza y su destreza, aunque diluvie, aunque uno sepa que el trofeo del día se lo llevará otro. El Tour 2011 será recordado como uno de los más funestos de la historia. Ha habido bastantes caídas y más de una docena de ciclistas ha abandonado la ronda francesa. Norman Mailer escribió una novela titulada Los tipos duros no bailan. Mailer estaba en un error. Los tipos duros sí bailan, pero lo hacen sobre una bicicleta y durante muchos años.


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