La CUP alerta a sus milicias

19 / 10 / 2017 Antonio Fernández
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Los anticapitalistas ponen en alerta a sus Comités de Defensa del Referéndum tras la traición de Puigdemont y actuarán si no avanza la independencia.

Tensión. Grupos antisistema han tomado las calles en los últimos días con escraches realizados ante comisarías de Policía y sedes de partidos constitucionalistas. Foto: Ferran Nadeu

La declaración/no declaración del presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, a la hora de proclamar la República Catalana el martes 10 de octubre fue un bombazo, un torpedo a la línea de flotación del bloque soberanista. Sus socios parlamentarios de la CUP se enteraron de que iba a proclamar la independencia y a suspender sus efectos una hora antes de su discurso en el Parlamento catalán. “En las reuniones de los últimos días, no se había sacado ese tema, porque no se había cerrado ningún documento. Pero minutos antes de empezar el pleno nos lo dijo”, explica a TIEMPO un alto dirigente de la CUP.

Este extremo fue corroborado más tarde por el exdiputado Quim Arrufat, actual líder de la formación anticapitalista. El descontento fue tal que inmediatamente los cuperos comenzaron a estudiar la nueva situación. “La amenaza que había puesto la CUP encima de la mesa es que o vamos adelante o nos vamos del Parlamento”, dice la misma fuente. El presidente Puigdemont, según él por presiones internacionales, se mantuvo en sus trece y declaró la independencia para, a continuación, asegurar que suspendía esa declaración. La República Catalana del siglo XXI duró exactamente tres segundos. Otra cosa es la lectura que se le quiera dar. “¿Es una declaración de independencia? No. Es algo que está encima de la mesa, pero no es una proclamación solemne”, dicen en la cúpula de la CUP.

Tanto la diputada Anna Gabriel como Arrufat se quejaron de que esperaban que el 10 de octubre fuese un día histórico, un supermartes, pero no fue así. Al revés: el bloque independentista se resquebrajó. Y ante el frenazo de Puigdemont, la CUP ha tomado sus medidas: el consejo político no se puede quedar quieto y debe abordar el castigo acordado. Puigdemont se queda solo en el hemiciclo con sus 62 diputados. La oposición tiene 63. Y los de la CUP miran para otro lado y se dedicarán a lo que mejor saben hacer, mover la calle.

“Lo que ha habido es una independencia de dos velocidades: unos, que son los de la CUP, estarán en la calle gritando; y otros, los de Convergència y ERC, en los despachos, negociando. Hay que dar un poco de margen a ver cómo evolucionan las cosas. Todo dependerá de lo que decida el Gobierno central: si apuesta por más represión, si Rajoy comete otro error como en el 1 de octubre, lo tendremos muy bien. Habrá más movida”, dice a TIEMPO un responsable cupero. 

Los CDR, en alerta

Para empezar, la CUP puso en alerta la misma noche del confuso anuncio de Puigdemont a los Comités de Defensa del Referéndum (CDR), una especie de milicia popular que tuvo un relevante papel en la organización del referéndum y en el paro del 3 de octubre, fecha en la que se reconvirtieron por 24 horas en comités de huelga. Los CDR serán los encargados de velar por que se cumpla la hoja de ruta: que se aplique con todas sus consecuencias la ley del referéndum, proclamando la república, poniendo en vigor la ley de transitoriedad y abriendo el proceso constituyente que llevaría a la independencia plena en un periodo de entre seis meses y un año. Esta hoja de ruta está, en estos momentos, suspendida, a la espera de que el Gobierno central acepte algún mediador para negociar un referéndum pactado. Es cierto que los diputados de Junts pel Sí y la CUP firmaron un documento el mismo martes en el que proclamaban la República Catalana, ponían en vigor la ley de transitoriedad y decidían abrir el proceso constituyente, pero no tiene validez: fue firmado en una sala del Parlamento, pero ni está registrado ni fue votado en el pleno. Por tanto, como si no existiera.

La estrategia es guardarlo en un cajón hasta que termine, en unas semanas, el periodo de apertura de diálogo previsto por Puigdemont. En los círculos más radicales de la CUP, lo mismo que en determinados sectores de la Asamblea Nacional Catalana o de Òmnium Cultural, se abomina de la traición de Puigdemont y no se considera ese documento válido para resarcir dicha traición. Pero puede ser, a medio plazo, un clavo ardiendo: si al cabo de un periodo prudente no ha habido respuesta por parte de Madrid, se tratará de revitalizarlo para que sea la piedra angular del nuevo Estado catalán.

Mientras tanto, las milicias civiles han recibido la orden de estar alerta. Algunos cuadros cuperos llevan meses entrenándose y recibiendo consignas de cómo comportarse ante las “agresiones del Estado español”. Los CDR son los comandos más activos de la CUP, pero también cuadros dirigentes o militantes escogidos han recibido clases sobre cómo comportarse en la calle. De hecho, en los círculos radicales se reconoce a TIEMPO que “si Rajoy declara el estado de emergencia, tendremos movida”.

Elogio de la violencia

La estrategia de emergencia está activada. “Los revoltosos, los que solo quieren montar jaleo, tenemos un mensaje claro y cada vez más estudiado, y prueba de ello son muchos colectivos anarquistas que se están organizando últimamente (aunque hay que puntualizar que no solo grupos anarquistas son los que ven una estupidez en esta táctica ‘no violenta’). Desde la no violencia se está alejando al pueblo de la realidad”. Con estas inquietantes palabras se arenga a los radicales desde los manuales de lucha callejera y guerrilla urbana. En realidad, hay al menos tres manuales de combate sobre la kale borroka a practicar y dos más sobre técnicas de okupación. Esta máxima está contenida en uno de los documentos distribuidos entre los militantes más radicales de la independencia, que es una versión revisada del tradicional Black Bloc. Unas páginas más adelante, el texto deja otra perla memorable: “Este papel no hace apología de la violencia, ni mucho menos. La violencia en sí no es un fin, sino un medio más (…) Algunos llamarían a esto autodefensa del Estado capitalista. En esta edición, no renuncia del término violencia, pues cuando alguien te maltrata, te explota y te extermina sin saciarse nunca, lo único que puede recibir de ti es tu violencia”. Dejando sentada la filosofía de los manuales de resistencia, el resto del documento, de 72 páginas, es un canto a la guerrilla urbana y a la violencia. Detalla de inicio las unidades de intervención policial que hay en todo el Estado español y luego aborda las técnicas de lucha callejera, tanto en grupo como en el cuerpo a cuerpo.

El documento ofrece esmeradas explicaciones de cómo actúa la Policía para reprimir manifestaciones, con fotos y esquemas: formación en línea, en línea pertrechados, en columna, en guardia sencilla, en guardia doble, en guardia de escuadras, barrera de neutralización, en línea de escuadras con apoyo lateral, en fila, en cuadro, en cuadro preventivo, en cuadro para instrucción, con apoyo de vehículo... Detalla, asimismo, las técnicas policiales para capturar a líderes, cómo desmontan barricadas o cómo evacúan heridos. También detalla lo que es un black bloc o bloque negro. “No es un grupo de colegas que se han vestido todos del mismo color para salir ese día a la calle –dice el texto–. Los bloques negros son un grupo de personas vestidas de la misma forma para no ser identificadas y que tiene un fin común”. Estos grupos han de estar protegidos por escudos o una barrera para evitar que la Policía los disuelva. Incluso “grandes pancartas pueden servir para proteger un bloque negro”. Su misión consiste en “salir del grupo y realizar acciones para, una vez realizadas, volver al grupo y no poder ser identificado”. El manual explica que para ser operativos es conveniente que haya dos o tres “manifestantes activos” por cada policía. “Si nos tenemos que enfrentar a un grupo operativo de 50 efectivos, debemos ser de 100 a 150. Menos sería un error”. Reconocen, sin embargo, que 75 personas organizadas como bloque negro “pueden volver locos a 50 agentes”.

A partir de ahí, comienzan los consejos y recomendaciones. Para empezar, es imprescindible llevar capucha, varias camisetas de diferente color para camuflarse, pañuelo y pasamontañas. Incluso se recomienda una bufanda mojada en vinagre o Coca-Cola “para evitar el ardor que provoca el gas lacrimógeno”. Para poder operar con efectividad, la ropa del manifestante ha de ser cómoda, que no limite los movimientos, han de dejar en casa móviles, documentación, tarjetas de crédito u objetos de valor y apuntar en un brazo los números de teléfono de un familiar o un abogado por si son arrestados. No ahorra en detalles el manual, ya que establece las necesidades que se han de cubrir, como abastecimiento de materiales, realizados por “compañeros con martillos y uñas levantando adoquines o recogiendo piedras de obras cercanas o reventando tabiques de cierres de locales comerciales en bruto (estos, al estar más por los alrededores de la zona deben avisar de posibles emboscadas), compañeros sacando petardos, pintura, gasolina, que estaban escondidos de antemano...”. No se olvidan del avituallamiento sanitario, del tratamiento contra gases lacrimógenos o de los que vayan abriendo caminos para escapar de la Policía, a quienes se denomina “facilitadores solidarios”. Y dice el manual: “Estos roles pueden ser espontáneos o pactados, pero nunca jerarquizados. No habrá revolución si cada uno no realiza las acciones que uno desee”.

Uso de cócteles molotov

La forma de enfrentarse a la Policía depende del momento. En ocasiones, hay que “hacer frente al material antidisturbios como buenamente se pueda, lanzando piedras, petardos o cócteles molotov que los hagan retroceder. Serían muy útiles tiradores, ondas, al igual que martillo y uñas para poder conseguir piedras o levantar el pavimento si este no es de alquitrán”. En otros casos, es preciso “rehuir un enfrentamiento frontal retirándose momentáneamente hasta que el jefe de los maderos dé la orden de avanzar. Una vez replegados, estos y en grupos más pequeños (equipos operativos), cuando procedan a asegurar el perímetro de seguridad, atacar en ese momento”. Ante el despliegue policial, los alborotadores echan mano de lo que pueden. La primera medida es el lanzamiento de objetos. “Piedras, tapas de alcantarilla, adoquines o escombros, las grandes ciudades están llenas de obras. Buscar un contenedor de escombros”. También el lanzamiento de botellas: “Es muy efectivo volcar los contenedores de botellas. Uno de ellos proporciona munición a decenas de manifestantes durante cerca de un cuarto de hora”. Otro de los objetos estrella es el cóctel molotov. El manual especifica cómo fabricarlo y portarlo. También explica la técnica del bloqueo de calles y cómo atravesar coches para que la Policía no pueda perseguir a los manifestantes. En un momento determinado, al cortar el tráfico, recomienda dirigirse a los conductores “y les indicaremos que si no atraviesan su coche, este será volcado. Ante la amenaza de ver volcado su coche, el conductor accederá y con tres coches que bloqueen una avenida unos minutos, tenemos tiempo suficiente”. En otro punto se aborda otro de los métodos de protesta: la quema de coches. Reconocen que al utilizar vehículos que están en la calle perjudican a sus dueños “que se encuentran en la misma condición de opresión que nosotros”, pero la acción está legitimada porque “el objetivo es contrarrestar la represión policial”.

El manual razona que a veces, ante la imposibilidad de atacar a las fuerzas policiales, los manifestantes deben disgregarse en pequeños grupos para atacar “las estructuras capitalistas más destacadas, como por ejemplo sucursales bancarias o comercios pertenecientes a grandes empresas (Telefónica, McDonalds, ETT, etcétera)”. Pero hace hincapié en que no se ataque el pequeño comercio para despertar la simpatía de la población. Los manuales distribuidos este mes de septiembre a los jóvenes de Arran son más escuetos. Uno de estos “cuadernos formativos” detalla cómo se realizan identificaciones y registros por parte de las fuerzas de seguridad  y se dan consejos prácticos. Por ejemplo, recomienda no ir nunca solo a una manifestación. “Prepara una cita de seguridad o una llamada con los compañeros posterior a la acción para corroborar que todo ha ido bien”, dice el texto. Como en el anterior manual, recomienda no llevar nunca documentos políticos como actas de reuniones o informes, agendas, direcciones o llaves de locales. “En caso de poseer documentación comprometida (direcciones, agendas, cartas, documentos), es preciso esconderlo todo o destruirlo periódicamente”. 

Vestir “con discreción”

También recomienda vestir “con discreción” para evitar la identificación. “No tiene sentido que te pongas un pañuelo en la cabeza o una careta si antes o después te pueden identificar con la misma ropa a partir de fotografías o vídeos”, dice. Abomina, asimismo, “del posado de luchador; el exhibicionismo y la indumentaria son, a veces, como mínimo prescindibles”. El alborotador también ha de estar permanentemente vigilando para “detectar agentes de paisano o videocámaras en los balcones o las ventanas”. Recomienda, por otra parte, vigilar los seguimientos en transportes públicos. “Si descubres seguimientos, baja rápidamente en la siguiente parada o haz un cambio de sentido”, dice el manual. Otro “cuaderno formativo” detalla todos los supuestos que se pueden dar en un arresto y cómo debe reaccionar el detenido, para terminar dando consejos útiles y, especialmente, recordando que “tienes derecho a no declarar e incluso a mentir. En comisaría siempre es recomendable no declarar. No estás obligado a dar muestras de ADN y ningún agente de Policía puede entrar en tu domicilio sin una orden judicial, ni siquiera estando detenido”.

Arran, la rama juvenil de la CUP, también ha editado un extenso documento titulado Manual de okupación, en el que explica cómo okupar pisos o casas. “El libreto que tienes en las manos pretende ser una guía de okupación entendedora, detallada y desglosada en diferentes pasos y etapas”, advierte el texto. A partir de ahí, comienza toda una lección de usurpación de viviendas, desde la elección de quién se autoinculpará de la ocupación hasta cómo se detectan las viviendas, cómo se consiguen los documentos de los registros oficiales, cómo se revientan las cerraduras, cómo se hacen puentes para tener luz eléctrica o cómo se roba el agua de la canalización pública.

Almacenes de munición

Cohetes contra helicópteros

Los servicios de información españoles sospechan que en Barcelona existen, al menos, una docena de pisos en los que se almacenan cócteles molotov y cohetes. Estas viviendas –la mayoría de las cuales pueden estar okupadas– serían almacenes de munición para la lucha callejera. Con ellos se pretende alejar a los helicópteros de la Policía. “Cada vez es más habitual que helicópteros sobrevuelen zonas de lucha (próximamente drones) para informar de nuestros movimientos (…) Para disuadir algunos minutos a los pajaritos, sería recomendable lanzar algún cohete, de modo que el helicóptero se aleje momentáneamente y hacer una retirada más fácil”, se indica en uno de los manuales que circulan.

Guía para forzar viviendas

Manual especial para okupas

Uno de los manuales distribuidos entre los círculos antisistema de Barcelona lleva el título Manual de okupación. Tiene 35 páginas y fue editado en el año 2015. Es muy útil por lo detallado y esquemático. Este libreto es fruto de talleres realizados en colectivos antisistema de Madrid, pero la técnica es aplicable en cualquier rincón de España. En ellos se enseña a pipear (vigilar y observar los alrededores de un piso), a conseguir los planos de la casa, a cortar las calles para okupar tranquilamente (se puede hacer simulando una avería en un coche o simulando una despedida de soltero). Este manual aconseja apuntalar la entrada y reventar la cerradura desde dentro “con un taladro y una broca fina de cobalto para metal de entre 2 y 4 milímetros, atravesando todos los pernos”. Luego, “unas cadenas y candados para cerrar por dentro en los primeros momentos o días son una buena opción”, ante el riesgo de que pueda llegar el propietario. Y detalla incluso cómo debe vestir el okupa. 

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Refuerzo

Activistas extranjeros

Alrededor de un centenar de activistas antisistema llegaron a Cataluña desde Italia y otro colectivo no cuantificado, desde Alemania. Según informaciones de los servicios de inteligencia españoles, esos desplazados son, en buena medida, alborotadores con amplia trayectoria en la lucha callejera y curtidos en duras batallas a lo largo de muchas ciudades europeas. Fuentes cercanas a los antisistema, en cambio, aseguran que han llegado determinados colectivos y, si bien admiten que hay muchos anarquistas, “también hay un buen componente de comunistas”. Ello se debe, según estas fuentes, a que en los movimientos antisistema han arraigado con mucha fuerza grupos de activistas comunistas cuyo ideariose asienta en el internacionalismo.

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Manual del Black Bloc en el que se detalla cómo se debe uno enfrentar a la Policía en un entorno de violencia en las calles                                                                                       

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