Guerra total por el control del PSOE
Con información de José María Vals.
La sucesión tranquila y ordenada que preveía el presidente Zapatero ha saltado por los aires. Tras el batacazo electoral del 22-M, el partido está dividido por el cómo y el quién debe sacar adelante al PSOE.
Yo soy el de la suerte”. Esta es una frase que suele repetir mucho el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. A tenor de la catástrofe electoral sufrida por el PSOE el 22 de mayo y de la rebelión que se ha montado en el partido, muchos se preguntan si Zapatero sigue pensando que la suerte le acompaña. Sobre todo después de que uno de los barones autonómicos del partido, Patxi López, reclamara un congreso extraordinario para elegir nuevo líder. Un anuncio tras el que muchos han visto una moción de censura encubierta a Zapatero. “¿Cómo le vamos a hacer eso al presidente?”, se preguntaban algunos diputados esta semana. En el Partido Socialista se venía barruntando una tormenta desde hace meses que ha estallado con la fuerza de un volcán tras la derrota electoral. El PSOE está divido en tres sectores: los que no quieren primarias, los que sí las quieren y los que quieren un congreso extraordinario. Por un lado está la vieja guardia del PSOE, los pesos pesados del partido, con Alfonso Guerra y Felipe González a la cabeza. Ellos, junto al consejero de Interior vasco, Rodolfo Ares, y otros miembros de la ejecutiva socialista y del partido próximos a Rubalcaba, quieren un congreso extraordinario que inevitablemente serviría la cabeza de Zapatero en bandeja. Lo escenificó Patxi López en una inesperada comparecencia pública en la que pidió un congreso y no unas primarias. López, el único barón que le queda al PSOE con cierto predicamento y con mando en plaza, leyó un papel previamente colgado en su Twitter en el que pide un congreso extraordinario del partido porque en su opinión hay que definir, por este orden, “el qué y el quién” van a marcar el futuro socialista para volver a ilusionar a los votantes y a la sociedad. Así queda ya hecha la primera gran corriente: la que busca la convocatoria de un congreso extraordinario que, según Alfonso Guerra, “acabará imponiendo la fuerza de las cosas”, y que quiere una discusión de ideas y de líderes además de la de candidatos.
A simple vista, puede parecer lo mismo, pero no lo es. En un congreso, son los delegados de cada federación, elegidos por los aparatos autonómicos del PSOE, quienes eligen al líder. Es decir, es un voto mucho más controlado que el de unas primarias, donde quienes votan son los afiliados, que en el PSOE son alrededor de 200.000. Inmediatamente, el bando rival, el que apoya a la ministra de Defensa, Carme Chacón, ha exigido unas primarias tal y como habían anunciado Zapatero y el aparato federal del partido. Esta exigencia tiene una razón clara. Consideran que un congreso les perjudica frente al otro supuesto aspirante, el vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba. Es decir, que según los partidarios de la ministra, es mucho más fácil que Chacón salga vencedora de unas primarias que de un congreso, donde la mayoría de los votos son del aparato del partido.
El presidente Zapatero insistía públicamente en que el partido abrirá un proceso de primarias, pero está por ver hasta cuándo aguantará la presión interna de algunos pesos pesados socialistas. Sobre todo, porque su hoja de ruta ha sido reventada por unos resultados electorales mucho peores de lo esperado.
Batacazo.
El PP ha arrasado en toda España. Los tradicionales feudos socialistas están ahora en manos populares y de CiU. Sirva de ejemplo que el PSOE no gobierna en ninguna de las ocho capitales andaluzas (ver recuadro en página 25). La hoja de ruta de Zapatero pasaba por abrir unas primarias para elegir candidato a la presidencia del Gobierno y, una vez pasadas las elecciones generales de 2012, celebrar un congreso federal para elegir al nuevo secretario general del partido. Entre los que defienden esta hoja de ruta está José Blanco, a pesar de que es señalado por numerosos socialistas como uno de los principales apoyos de Rubalcaba, y con el que incluso se ha llegado a insinuar que ha hecho un pacto de reparto de poderes: para el vicepresidente el Gobierno; para él, el partido. Pero públicamente el ministro de Fomento siempre ha defendido las primarias. En eso coincide con otros no menos veteranos militantes como Gaspar Zarrías, la eterna sombra del presidente del partido, Manuel Chaves, que, como su jefe, dice que sí, que las primarias pueden ser la mejor solución a corto plazo, pero que ya metidos en harina, lo que no tiene sentido es un proceso con varios candidatos, y que hace falta un pacto para presentar un candidato único, acabar cuanto antes con el proceso, pasar página y ponerse a pensar en las generales. Un pacto por el que han abogado y abogan muchos en el PSOE. Entre otros, la dirección del grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados, que ha apostado por un ticket, un tándem electoral pactado entre Rubalcaba y Chacón.
Pero en este proceso Zapatero ha dado su palabra de que, haya uno o más aspirantes, él y su ejecutiva serán neutrales. Esa garantía de neutralidad de la ejecutiva no es baladí. Fuentes del partido explican que el presidente dio a primeros de marzo su palabra a Rubalcaba y a Chacón de que esta vez, y no como sucedió con las primarias de Madrid, él y la ejecutiva serían neutrales. Esa neutralidad es la que reclamaba la ministra Chacón a Zapatero estos días de atrás cuando le pedía unas primarias y le explicaba que un congreso le perjudicaba. La candidatura de Chacón está avalada por una gran parte de los miembros de Nueva Vía. Fuentes socialistas explican que a primeros de marzo, el diputado y exjefe de gabinete de Zapatero, José Andrés Torres Mora, convocó a un grupo de socialistas a un desayuno en casa de la ministra. En él estaban la ministra Leire Pajín, el diputado y miembro de la ejecutiva Álvaro Cuesta o el jefe de los socialistas en Europa, Juan Fernando López Aguilar, entre otros. En ese desayuno, Chacón decidió ir a por todas, pero siempre, advirtió la ministra, manteniendo la fidelidad a Zapatero. Sus partidarios están convencidos de que la frescura de Chacón, su solvencia y juventud es lo único que podría devolver al PSOE la esperanza. Sería la única que podría atraer el voto de los electores más de izquierdas, el de los del movimiento 15-M. “En un cartel electoral contra Rajoy, este parecería el abuelo de Chacón, no hay comparación”, cuentan.
Una vez tomada la decisión, cuentan estas mismas fuentes, el presidente habló con los dos supuestos candidatos (Rubalcaba y Chacón) y les explicó que ambos deberán enfrentarse a un proceso limpio de primarias, les dio carta blanca para hacerlo y les garantizó neutralidad, es decir que ambos tendrán el respaldo de la ejecutiva. Un respaldo que según estas mismas fuentes podría darse por el aval del comité del PSOE a ambos, es decir, evitando que los candidatos tuvieran que recoger avales. Esta fórmula evitaría también la división interna de un PSOE ya de por sí enfrentado. Según estas mimas fuentes, los líderes autonómicos que apoyarían a Rubalcaba serían Patxi López, Guillermo Fernández Vara y Jorge Alarte. Sin embargo, José María Barreda, José Antonio Griñán y el PSC (ver recuadro en página 27) estarían dispuestos a avalar a la ministra, aunque oficialmente no se han pronunciado.
Además, los partidarios de Chacón creen que el vicesecretario general del partido, José Blanco, está contaminado en este proceso. Es decir, que se ha pronunciado de una manera más o menos clara por el vicepresidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba. Por eso esperan que, de confirmarse las primarias, sea el secretario de Organización del partido, Marcelino Iglesias, quien las organice. También hay quien sigue sosteniendo en el PSOE que Rubalcaba no se medirá contra nadie, es decir, que será el candidato si su supuesta rival, Carme Chacón, da un paso atrás. Teorías, en un partido como el socialista, hay para todos los gustos. Incluso hay quien sostiene que puede salir un candidato sorpresa de consenso que nadie espera.
Pero el PSOE tendrá que ir más allá de un cambio de caras si quiere volver a ganarse la confianza del electorado. De ahí que muchos hayan pedido una revisión ideológica y un giro a la izquierda del PSOE. Zapatero confía en que lo que su entorno denomina “militancia silenciosa” se acabe imponiendo y la calma reine en el partido para poder aspirar a un resultado digno en las elecciones generales. Esta postura es defendida también por José Blanco, Marcelino Iglesias y Trinidad Jiménez.
Pero el río anda revuelto y el PSOE es estos días un hervidero de llamadas, mensajes, reuniones e intereses. Los ánimos en el partido están hundidos y el PP, enfrente, espera dar el golpe final a una presa, el PSOE, que ya tiene acorralada.
La sombra del adelanto electoral.
Está por ver si el PSOE podrá aguantar el resto de legislatura, diez meses, o si tendrá que convocar elecciones anticipadas. Un anticipo que, según fuentes socialistas, no conviene a nadie. Ni a los mercados, ni al PSOE, que necesita tiempo para que empiece la recuperación económica, ni al PP, cuya victoria está prácticamente asegurada y al que le conviene que sea el PSOE quien siga haciendo el ajuste.
Pero la sombra del adelanto electoral acechará hasta el final de la legislatura. Sobre todo porque el PSOE depende de los apoyos parlamentarios del PNV y CC para seguir gobernando en el Parlamento y sacar adelante los Presupuestos. Así las cosas, al PSOE le espera una larga travesía del desierto, tanto para su renovación interna, donde no hay nada escrito, como para recuperarse de este gran golpe que han sido las autonómicas y municipales, que le ha dejado en coma. Pero Zapatero, ya se sabe, es el de la suerte.


Imprimir



























COMENTARIOS
No hay comentarios