Guerra en el independentismo

21 / 12 / 2017 Antonio Fernández
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Tensión máxima entre los líderes del PDECat y ERC, que se disputan el voto útil soberanista.

Puigdemont interviene por videoconferencia en un acto de Junts per Catalunya. Foto: Susanna Sáez

A cara de perro. La campaña catalana del 21 de diciembre se presenta con una inusual dureza y un ritmo in crescendo que lleva a los partidos independentistas a radicalizarse paulatinamente para arañar votos al contrario. Se da la circunstancia de que el electorado secesionista está plenamente movilizado –de hecho, lleva movilizado cinco años– y en ese trozo de pastel quieren pescar lo máximo posible tres candidaturas: la del expresidente Carles Puigdemont (que tiene detrás al PDECat), la de Oriol Junqueras (ERC) y la de Carles Riera (CUP). La verdadera pugna es entre Puigdemont y Junqueras, ambos ausentes de tierras catalanas, puesto que el primero está huido en Bélgica y el segundo está recluido en la cárcel de Estremera. Junqueras partía como favorito en todas las encuestas, pero el ex convergente le está ganando la partida y la calle a golpe de atrevidas propuestas, a cada cual más independentista. En las filas del PDECat son muy optimistas. “Las encuestas indican que hay un 18% de indecisos. Ya veremos si se acaba dando la vuelta al marcador”, dice a Tiempo un alto cargo del partido de Puigdemont. Además, sostienen que en las últimas elecciones autonómicas hubo 500.000 nacionalistas que no votaron y se quedaron en casa, por lo que esperan que ahora se muevan y acaben dando su confianza a los separatistas. Por ello, los dos pesos pesados del independentismo, hasta hace poco socios íntimos, son ahora rivales feroces. De hecho, hay un pacto entre el PDECat y ERC de no atacarse mutuamente y de obedecer consignas comunes contra el Gobierno español y contra el bloque del 155 (es decir, contra Ciudadanos, PP y PSC), aunque la realidad es diferente y las zancadillas son continuas. 

Guerra sin cuartel y pacto entre caballeros

Porque ambos, Puigdemont y Junqueras, reclaman para ellos el voto útil. La campaña se ha tornado, pues, en una guerra sin cuartel con pacto entre caballeros. El posicionamiento de Puigdemont con actitudes extremistas ha dejado, de momento, descolocada a ERC, que día a día se ve obligada a ir a remolque y competir con el expresident en promesas radicales. Las últimas, volver a colocar como jefe de los Mossos d’Esquadra a Josep Lluís Trapero, y reabrir las embajadas que cerró el Gobierno español tras tomar el control de la Generalitat.

“Puigdemont es el president elegido democráticamente y cesado por el Gobierno español. Y eso pesa mucho. Esa legitimidad acabará pasando factura a Esquerra”, advierte el alto cargo del PDECat antes citado. A tenor de los últimos sondeos que manejan los partidos, esa afirmación no es tan descabellada: la lista de Junts per Catalunya (JxCat), que encabeza el dirigente del PDECat, está a un paso de desbancar a la de ERC, que con Junqueras en la cárcel es pilotada por la secretaria general del partido, Marta Rovira. El comité de estrategia de Puigdemont había previsto el aterrizaje por sorpresa del expresident en la campaña para dar un golpe de efecto, forzar su detención y arañar votos a ERC. El propio dirigente, desde Bruselas, señaló que está dispuesto a volver a Cataluña “para tomar posesión”, aun a riesgo de ser detenido. De hecho, en una reunión del comité asesor se planteó seriamente su regreso en la última semana para romper la campaña electoral. La intención de voto de Puigdemont sube mientras que el motor de Esquerra Republicana comienza a fallar.

De hecho, los republicanos lograron formar una lista con los apoyos que tenía Junts pel Sí (JxS) en la anterior legislatura: ahí están todos los que estaban menos el PDECat. Junqueras supo atraerse a los democristianos de Demòcrates de Catalunya y a los tránsfugas socialistas de Moviment d’ Esquerres (MES) y de Avancem. Puigdemont, en cambio, se quedó con el fichaje de Jordi Sánchez, presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), con el título de expresident y con una lista convergente y personal a la que puso por nombre JxCat.

“Lo malo de Esquerra es que ocultó las otras marcas que van bajo su paraguas. Lo hizo fatal. Resulta que la de ERC es la lista más transversal que hay, pero el president está en otra lista. Si Esquerra le hubiese puesto a su candidatura el nombre de JxCat, por ejemplo, Puigdemont no tendría nada que hacer”, dice a este semanario un alto dirigente independentista. Claro que también resaltan que “Junqueras se rodeó de mediocres, gente que no sabe marcar perfil y falta de ideas y de visión estratégica”. Por el contrario, Puigdemont dispone de un equipo eficiente que va poniendo sobre la mesa propuestas a cada cual más novedosa. ERC logró hacerse con el apoyo de algunos partidos minoritarios, más simbólicos que otra cosa, mientas que Puigdemont, con el fichaje del líder de la ANC, se hizo con un potente altavoz mediático: tiene a su lado a la organización que ha dirigido las grandes movilizaciones de los últimos cinco años. La imagen transmitida es que la sociedad civil, la que se ha movilizado, apoya al expresidente de la Generalitat frente a sus exsocios. Puigdemont ha adelantado en fervor independentista a los republicanos. Ante las acometidas del convergente, Junqueras ha llevado a cabo una campaña en clave epistolar, con periódicas misivas desde la cárcel. La candidata a la que él había ungido como presidenciable, Marta Rovira, fue un auténtico fiasco. Y de ahí que, a media campaña, quien comenzase a cobrar mayor protagonismo fuese el exconsejero de Justicia, Carles Mundó, recién salido de prisión. Puigdemont, en cambio, supo utilizar los medios a su alcance desde Bélgica, aunque guarda en la manga la carta de una misiva de apoyo escrita por Jordi Sánchez, el factótum de la ANC, desde la prisión. Por si fuera poco, Puigdemont tiene otra ventaja: la tercera fuerza en discordia, la CUP, le prefiere a él antes que a Junqueras, de quien nunca se fiaron los anticapitalistas. “Puigdemont era el presidente antes de la aplicación del artículo 155 y si es votado, volveremos a instaurar un Gobierno republicano como el anterior. Si se compromete a implementar la independencia, evidentemente que votaremos sí a su investidura”, dice un dirigente cupero

La CUP advierte

Los radicales le ponen cuatro condiciones básicas: implementar la independencia; no negociar con el Estado español; abrir un proceso constituyente con la desobediencia como eje; y la adopción de una agenda social revolucionaria. Este último punto, según fuentes de la CUP, dependerá del porcentaje de votos del independentismo o del reparto de los votos entre las distintas fuerzas independentistas. “Hay sintonía con Puigdemont, pero solo votaremos a quien se comprometa a implementar la república y que no abra negociaciones con el Estado. De lo contrario, si ERC y el PDECat se avienen a negociar, la CUP se descolgará de cualquier frente soberanista”, advierten desde la formación. La presidencia, pues, se dirime entre Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. Ambos a cara de perro, con mano de hierro y guante de seda.

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Acto de campaña de la CUP. En el centro, con el puño en alto, Carles Riera, su candidato. Foto: C. MONTAÑÉS

Mujer contra mujer

Arrimadas y Rovira: caminos opuestos

Por primera vez en unas elecciones catalanas, dos mujeres compiten por la lista más votada. Algunas encuestas dan un práctico empate a votos a PDECat, ERC y Ciudadanos. Con Oriol Junqueras en la cárcel, la presidenciable republicana sería su mano derecha, Marta Rovira, mientras que en Ciudadanos es Inés Arrimadas quien lleva las riendas. Las dos rivales harían historia en caso de ganar las elecciones. Luego, se tendrían que ganar el apoyo de los parlamentarios, ya que ganar en votos no significa obtener automáticamente la presidencia de la Generalitat. En este sentido, ambas lo tienen difícil, ya que en el frente independentista los radicales de la CUP prefieren repetir con Puigdemont, mientras que en el frente constitucionalista posiblemente hiciesen falta los votos de Podemos para elegir un presidente. Y la nueva izquierda no tiene en Arrimadas a su candidata. En todo caso, facilitaría un Gobierno encabezado por el socialista Miquel Iceta. 

Al margen de sus posibilidades, hay una verdad incontrovertible: a lo largo de la campaña Arrimadas ha ido ganando enteros, mientras que Rovira ha ido perdiendo fuelle. Y no solo por una fuerte afonía que la afectó a las primeras de cambio: sus intervenciones y su bisoñez la han postergado a un segundo plano político. Por si fuera poco, los documentos sobre su papel durante la preparación del referéndum del 1 de octubre le pueden pasar factura. Es cierto que en un sector del electorado las intrigas palaciegas en que ha participado le pueden dar caché. Pero en otros sectores independentistas le restan atractivo. Además, le pueden comportar su imputación y, a la postre, su inhabilitación.

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Arrimadas y Rovira, entrevistadas por Évole

Lucha por la mayoría

La gran incógnita

La gran duda sobre las elecciones es si el bloque independentista podrá sumar para obtener una mayoría de escaños. A estas alturas, se da por seguro que no obtendrá la mayoría en votos, pero la Ley d’Hondt puede otorgarle a este bloque la mayoría parlamentaria. En las últimas elecciones, los secesionistas obtuvieron el 47,76% de los votos y 72 escaños (la mayoría absoluta está en 68). Los constitucionalistas, sin embargo, tampoco sumarían. La otra duda es si el 21-D los escaños de Ciudadanos, PSC y PP son suficientes o si logran la mayoría absoluta con los de Catalunya En Comú-Podem (que engloba a los comunes de Ada Colau y a Podemos). En todo caso, una victoria de este bloque abriría nuevas incógnitas, ya que habría que ver cómo se posicionan los comunes.

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Una imagen de las autonómicas de 2015. Foto: FERRAN NADEU

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COMENTARIOS

  • Por: Vicar 15/12/2017 15:54

    Después de estas votaciones, nada será como antes, se tendrán que acatar las leyes vigentes o cambiarlas con el consenso de todos. Voto por una Barcelona española como lo es ahora y si es preciso fuera de la Cataluña francófona si ganan los de la barretina. Mi Virgen no es la Moreneta porque no defiende a la mitad de los catalanes y nos la robaron

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