Entre la madurez de la Constitución y la adolescencia de los políticos

07 / 12 / 2017 Agustín Valladolid
  • Valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

La Carta Magna ya es adulta, no así una clase política que parece empeñada en regresar a la infancia.

Mariano Rajoy compareciendo en el Congreso de los Diputados. Foto: José Luis Roca

Hay quienes sugieren que la Transición fue una carambola, una “chapuza”. Textual. “En el mejor sentido de la palabra”, matizan. Tras morir Franco no había plan, ni A, ni B, dicen. Se tenían claros, eso sí parece concederse, los objetivos: instaurar una democracia sólida en España para que fuera admitida cuanto antes en el exigente club de las democracias europeas más avanzadas; y dos, alejar para siempre del ámbito de las decisiones políticas la asentada tentación entre españoles de resolver los problemas por medio de las armas. ¡Pues menos mal que no había plan!

Cosa distinta es que el tal plan sufriera abruptos frenazos, sorpresivos acelerones, violentos sabotajes, cambios de rumbo aparentemente inexplicables. Pero haberlo, lo había, y lo que nunca se ha dicho es que salió mejor de lo inicialmente previsto, probablemente como consecuencia de un factor que los que creían manejar en aquel trance los tiempos, custodios de un franquismo agonizante, nunca tuvieron en cuenta: su lejanía de la sociedad española, su desconocimiento de la realidad y las corrientes de opinión emergentes en Europa. Una vez decididos los primeros pasos, aquello que se dio en llamar “apertura”, no había vuelta atrás. Los hombres (y alguna mujer) a los que el rey Juan Carlos encargó la conducción del tránsito se vieron sobrepasados. Podían haber elegido reprimir una vez más los deseos de cambio, pero inteligentemente optaron por subirse al carro. La otra parte, aquella que venía de la clandestinidad o, en los últimos arreones del franquismo, de la alegalidad, acertó en la interpretación de lo delicado del contexto, y se dispuso a ayudar.  Un ejemplo: la moderación demostrada en aquellos años por el PCE de Pasionaria y Santiago Carrillo, que algunos que no se han ganado el derecho de ser citados junto a nombres tan relevantes han llegado a calificar de “engaño a los militantes”, fue fundamental para consolidar un proyecto unitario de recuperación de la democracia. (Abro aquí un paréntesis para decir que a la figura de Carrillo no se le ha hecho toda la justicia que merece. Carrillo forma parte de la santísima trinidad de la Transición. Junto con el entonces Rey y Adolfo Suárez. Sin su autoridad y su clarividencia las cosas habrían sido de otro modo, seguramente más penosas y tardías. Hora es que se le vaya haciendo en la historia el hueco que todavía se le niega).

Para leer el artículo completo puede comprar la revista de papel o acceder a la versión digital en TiempoZetakiosko o Kiosko y más.
Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica