El verdadero riesgo de choque de trenes llegará tras el 1-O

22 / 09 / 2017 Agustín Valladolid
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El independentismo ha tensado tanto la cuerda que la idea de que “esto no les puede salir gratis” achica la puerta de salida.

Puigdemont, Forcadell y Junqueras en una movilización. Foto: Quique garcía/EFE

Son muchos los riesgos de lanzar cuesta abajo, y a toda velocidad, un camión cargado de material inflamable sin haber tomado la precaución de instalar frenos de emergencia en caso de necesidad. Eso es lo que desgraciadamente ha hecho el independentismo, si de aquí al 1-O no da marcha atrás, que no parece.

Puigdemont y Junqueras han apostado al todo o nada, y no lo han hecho porque hayan enloquecido hasta el extremo de preferir el martirologio a la victoria, de momento el camino que transitan, sino porque saben que cuando caiga la moneda al suelo, cuando el día de autos el Estado de Derecho imponga la fuerza de sus medios y de sus razones, que son aplastantes, habrá una parte de la sociedad no independentista que pedirá clemencia y diálogo. De hecho, ya lo está pidiendo. Y puede que acierten en el diagnóstico. Las demostraciones de fuerza se llevan mejor si vienen acompañadas de generosidad.

Hay, sin embargo, un serio inconveniente para aplicar tal generosidad: que esta idea, la de que después del 1 de octubre hay que ser altruistas y abrir una vía de diálogo político que acabe por contentar a ese sector de independentistas que dicen sobrevenidos, pragmáticos, y así desnivelar claramente la balanza en favor de la permanencia de Cataluña en España, choca con otra corriente de opinión creciente que defiende justamente lo contrario. Y es que el independentismo ha tirado tanto de la cuerda que la creencia de que ninguna solución puede pasar por nuevas concesiones ha calado muy hondo. El “esto no les puede salir gratis” se ha convertido en la antagónica y exitosa versión del “España nos roba”.

Un referéndum fraudulento

Será precisamente en ese momento, una vez constatado el fracaso del referéndum fraudulento, cuando vamos a tener que afrontar el verdadero problema, cuando va a llegar el choque de trenes real entre los partidarios de poner fin al café para todos y plantear “reformas que probablemente generarían una gran hostilidad en el resto de comunidades autónomas” (Lluís Orriols en El País), y aquellos otros que no es que crean que la deslealtad demostrada por los independentistas no les puede salir gratis, sino que han comenzado a extender la idea de que les debe salir muy cara. ¿Qué significa en la práctica esto último?: reversión o cuando menos mayor control sobre determinadas competencias; y especialmente una, la educación, para muchos madre de todas las independencias.

Ausencia de pedagogía

Más convendría, antes de seguir por este camino, hacernos una pregunta: ¿a qué catalanes no les debe salir gratis el órdago secesionista; a todos los catalanes o solo a los supremacistas que han saboteado la legalidad vigente y pisoteado los derechos de los discrepantes? No estamos ante una pregunta retórica, y es de todo punto imprescindible medir muy bien la respuesta política, no fuera a ser que en lugar de ayudar a reducir significativamente el apoyo a la independencia la convirtiéramos de forma ya irreversible en una opción mayoritaria.

Al igual que Lluís Orriols, Josep Borrell, Francesc de Carreras, López Burniol y Josep Piqué, en el excelente ensayo Escucha, Cataluña. Escucha, España (Editorial Península), alertan sobre las consecuencias visibles y futuras de la pasividad ante el problema y la falta de pedagogía demostrada, y reclaman al Gobierno y al Estado activar “directamente la interlocución con la opinión pública catalana”.

Las soluciones que los cuatro autores citados plantean en el libro, no siendo coincidentes ni en todos los detalles ni en la graduación de la respuesta, parten de dos ideas que, con leves matices, sí aparecen como unánimes: el independentismo ha venido para quedarse y “el Ejecutivo español debe fajarse con una realidad que no puede eludir más” (pág. 255).

A partir de ahí, las recetas para afrontar el “día después” oscilan entre las más genéricas y flexibles de Josep Piqué y las más arduas, pero también probablemente más realistas, de cara a alcanzar un acuerdo duradero, de López Burniol. De entre las propuestas de este último me quedo con las dos primeras: 1) Reconocimiento de la identidad nacional de Cataluña; 2) Competencias identitarias (lengua, enseñanza y cultura) exclusivas. Hará falta mucha pedagogía y mucho consenso político para evitar el choque de trenes después del 1-O.

Negociación

El difícil pacto de rentas

El Gobierno cree que no hay mucho margen para negociar el pacto de rentas que propone el PSOE en tanto no recuperemos niveles de desempleo asumibles por las cuentas públicas. La discusión se centra en si es el momento adecuado de que el peso de los salarios en la economía española, que ha pasado del 49 al 47% durante la crisis, se corrija o no al alza teniendo en cuenta que aún hay 1,5 millones de empleos menos que en 2007.

-VALLADOLID-Nueva-F

La Comisión Permanente del PSOE

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