El último enigma en torno a Franco

02 / 12 / 2011 11:44 Antonio Rodríguez
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El general nunca dijo que se le enterrase en el Valle de los Caídos y la fundación que lleva su nombre subraya que compró una tumba en el cementerio de El Pardo.

Han pasado 36 años de la muerte de Francisco Franco y todo lo que gira en torno al emplazamiento final de sus restos sigue envuelto en la polémica. La propia comisión de expertos sobre el futuro del Valle de los Caídos acaba de presentar su informe final, en el que el único punto de discrepancia es el asunto de si tendrían que exhumarse los restos del anterior jefe del Estado para que este lugar de la sierra madrileña sea también del agrado de los vencidos de la Guerra Civil.

Lo más sorprendente es que Franco nunca dijo dónde le gustaría ser enterrado. La comisión indica en un párrafo, aquí sí por unanimidad, que no hay constancia de que el enterramiento en Cuelgamuros “fuera el propósito del general Franco y de su propia familia”. Así pues, ¿quién o quiénes decidieron enterrarle allí?

La fundación que lleva su nombre y que está presidida por la única hija del general, Carmen Franco, da varias pistas en su página web sobre lo que pasó antes y después del 20 de noviembre de 1975: “Franco compró una tumba en el cementerio de El Pardo. Fue el Gobierno de entonces quien determinó que el enterramiento del generalísimo fuera en el Valle, decisión ratificada por S.M. el Rey, quien pidió permiso al abad de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos para enterrar allí a Franco”.

Antes de la inauguración del Valle en 1959, el arquitecto Diego Méndez preparó una fosa similar a la de José Antonio en la parte posterior del altar tras una conversación con Luis Carrero Blanco, quien luego sería presidente del Gobierno. El mismo Méndez explicó en su día a varios historiadores que Franco, en una de sus periódicas visitas, le señaló un día el hueco de la citada fosa y le dijo: “Bueno, Méndez, y en su día yo aquí, ¿eh?”. Pero el testimonio evolucionó con el paso de los años. Primero dijo que ese deseo expresado verbalmente por el general solo fue pronunciado ante él... luego que había uno o dos testigos a los que nunca quiso o pudo identificar.

¿Idea megalomaníaca?

Ha habido otros testimonios que han reforzado la tesis de que Franco quería reposar allí, como los del arquitecto Ramón Andrada o el delineante Antonio Orejas. Ambos trabajaron en la basílica y le oyeron decir a Franco lo mismo, más o menos. Sin embargo, Tiempo ha tenido acceso a una nota reservada que el Gobierno franquista elaboró en 1959 para sus ministros y altos dignatarios en la que se les aleccionaba ante los rumores que había propagado la oposición en el exilio de que el Valle iba a ser “la realización de una idea megalomaníaca del jefe del Estado, que se prepara en vida el más fastuoso mausoleo”.

El siguiente párrafo de la nota es contundente y revelador: “Nadie puede afirmar que haya proferido el jefe del Estado palabras que pudieran justificar tal rumor aun del modo más vago o indirecto. Es más, nadie que conozca los planos de la Cripta o la Basílica o el Valle entero puede señalar el menor indicio de que se haya previsto, ni lejanamente, un posible emplazamiento donde en el futuro pudieran reposar los restos mortales del hoy jefe del Estado español”, se decía en 1959. ¿Jugaba el régimen al despiste en el momento de la inauguración?

Lo cierto es que pasaron los años, Franco fue envejeciendo y nadie pareció prestarle atención al asunto, hasta que el dictador sufrió en julio de 1974 una hemorragia intestinal que le colocó al borde de la muerte. El entonces presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, reunió con urgencia un gabinete de crisis y diseñó las honras fúnebres con varios escenarios. Según Fernando Olmeda, autor del libro El Valle de los Caídos. Una memoria de España, existe un telegrama de la Embajada estadounidense a Washington fechado el 1 de agosto de ese año y con el siguiente encabezamiento: Probables preparativos para el funeral en caso de que se produzca la muerte de Franco.

El punto cuarto está dedicado al entierro y en él se cuenta que tras esa reunión de crisis Gabriel Cisneros, por aquel entonces subsecretario de Presidencia, señaló al embajador que Franco no quería ser enterrado en el Valle de los Caídos. “Según Cisneros, el grupo de trabajo de Presidencia elaboró sus planes provisionales para el funeral basándose en el supuesto de que Franco sería enterrado en El Pardo, bien en el cementerio, bien en un lugar especial aparte en los jardines, o quizás dentro del mismo palacio”, se relata en el telegrama enviado al departamento de Henry Kissinger.

Quince meses después, el 25 de octubre de 1975, el nuevo embajador estadounidense, Wells Stabler, transmitió a sus superiores en Washington que el entierro “tendría lugar en El Pardo” y que se descartaba “totalmente” la posibilidad de una inhumación en el Valle de los Caídos. Pero en el último mes de vida de Franco se produjo un giro radical en los preparativos del entierro. En el entorno de Arias Navarro se mencionó la existencia de una fosa oculta, de la que no había ninguna señal en el suelo de la basílica. El arquitecto Andrada rompió el granito pulimentado del altar y encontró, efectivamente, un hueco anegado por el agua y el cieno por culpa de los conductos del aire acondicionado que pasaban por allí. A toda prisa y en total secreto, se desviaron las conducciones y se hizo un encofrado de impermeabilización con hormigón forrado en plomo.

La historia de la lápida también es surrealista. En 1959 se encargaron dos idénticas, de 1.500 kilos cada una, para la tumba del fundador de la Falange: la mejor tallada fue la que se colocó sobre los restos de José Antonio y la otra quedó arrumbada en un taller de canteros de la localidad de Alpedrete. Una vez localizada, se grabó en ella el nombre de Francisco Franco y se llevó a la cripta, donde un equipo de técnicos de Patrimonio Nacional hizo varios ensayos de colocación, incluso la misma mañana del sepelio.

La rúbrica del Rey.

El último capítulo de este novelesco enterramiento lleva la firma del rey Juan Carlos y ocurrió a las cuatro de la tarde del 22 de noviembre. En una de sus primeras decisiones como monarca, el nuevo jefe del Estado firmó una carta dirigida al abad con la extraña rúbrica “Yo, el Rey”, en la que le anunciaba que los restos de Franco serían entregados a la comunidad benedictina.

¿Dijo Franco algo en su agonía? El silencio de su familia ha alimentado desde entonces esta incógnita, hasta que en septiembre los presidentes de la comisión sobre el futuro del Valle, Virgilio Zapatero y Pedro González-Trevijano, visitaron a Carmen Franco en su domicilio. La hija de Franco les señaló “que su padre en ningún momento manifestó su deseo de ser enterrado en el Valle de los Caídos y que su madre tampoco se lo había transmitido nunca”, indicó el pasado martes González-Trevijano al respecto. Pero ella no quiere que se le mueva de allí.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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