El Príncipe, ante el caso Urdangarin
Preocupación es la palabra que mejor sintetiza el ánimo del Príncipe de Asturias sobre las revelaciones que están saliendo sobre el duque de Palma, Iñaki Urdangarin. Primero, por el juicio paralelo que se va a arrastrar durante mucho tiempo, hasta que finalice el caso.
Y en segundo lugar, porque es muy consciente del daño que está provocando este asunto a la imagen y a la credibilidad de la Corona, de la que él será el máximo representante en el futuro. El levantamiento del secreto del sumario en la pieza separada del caso Palma Arena que afecta a Urdangarin, se ha llevado por delante la imagen del esposo de la infanta Cristina sin que este haya comparecido como imputado ante el juez. Desde que saltó el caso en el mes de octubre, el abogado y portavoz del duque, Mario Pascual, se está dedicando más a preparar la defensa que a responder a las informaciones o exponer las bazas que tienen para la comparecencia. Así las cosas, en La Zarzuela se piensa que Urdangarin y su defensa están perdiendo la batalla de la comunicación en los medios. “Nadie está en condiciones de defender las posiciones de Urdangarin, puesto que su propio abogado no quiere poner sobre la mesa argumentos, ni datos ni nada hasta que no haya realizado la declaración [del día 25 de febrero]”, aseguran fuentes de La Zarzuela a esta revista.
Desde el punto de vista judicial, en el entorno de los duques de Palma se sigue pensando que hay argumentos suficientes para defenderse una vez leído todo el sumario. En primer lugar, porque después de que Urdangarin se apartase del Instituto Nóos en junio de 2006, es difícil demostrar una capacidad gestora dentro de la fundación, y no han aparecido documentos con su firma que acrediten ello. Sí hay conversaciones, transacciones y un uso patrimonial del dinero que sugieren que el duque no se apartó del todo, pero la defensa argumentará que la liquidación de una sociedad lleva su tiempo y que, por ejemplo, fruto de ella surgieron a los pocos meses desavenencias entre el duque y su principal socio, Diego Torres, tal y como ha quedado acreditado en el curso de la investigación, según Zarzuela. Además, los convenios y contratos firmados por el Instituto Nóos con entidades autonómicas y corporaciones locales tuvieron la publicidad que le quiso dar cada entidad a cada uno. “La pregunta es cómo se obtuvieron esos negocios y si los precios estaban sobredimensionados. Hay que ver quién comete el delito”, aseveran las citadas fuentes.
Otra cosa bien distinta es el juicio moral y ético que se pueda hacer sobre la actividad empresarial del duque de Palma. La Zarzuela esgrimió su poca ejemplaridad de la misma cuando anunció que Urdangarin quedaba apartado de los actos oficiales de la Familia Real. Y esa condena será difícil de levantar, a no ser que haya un archivo de la causa o una absolución que limpie la imputación que pesa sobre el cuñado del Príncipe. En febrero comenzará una nueva fase del caso con el desfile de testigos por el juzgado de Palma.


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