El ministro que no se arredra ante nadie

31 / 01 / 2012 Antonio Rodríguez
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José Manuel García-Margallo, una de las sorpresas del Gobierno de Mariano Rajoy, ha asombrado en su primer mes de trabajo al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores al imponer sus tesis organizativas y de nombramientos tanto a Moncloa como a FAES.

La llamada que recibió fue una de las últimas que hizo Mariano Rajoy antes de anunciar su equipo de ministros el 21 de diciembre. José Manuel García-Margallo no era la primera opción del presidente del Gobierno para dirigir el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, pero a la hora de la verdad, su fiel amigo no le defraudó cuando le propuso dirigir la diplomacia española.

“Me dejaré el alma si es necesario”, le dijo a Rajoy tras aceptar el puesto y agradecer la confianza depositada en él este veterano eurodiputado (desde 1994 llevaba en Estrasburgo) que vivió en sus propias carnes las alegrías de la Transición y los sinsabores del 23-F, y que camino de los 68 años de edad ha cumplido el sueño de todo político, sentarse en la mesa del Consejo de Ministros.

El día que recibió la cartera de titular de Exteriores de manos de su predecesora, Trinidad Jiménez, Margallo confesó en uno de los patios interiores del palacio de Santa Cruz, la sede emblemática del Ministerio en el centro de Madrid, que necesitaba tiempo para confeccionar su equipo, que no conocía ni siquiera su despacho ni dónde estaba el baño.

Conciliábulos el día de su llegada.

Fue un aterrizaje de improviso y, sin embargo, muchos de los diplomáticos e invitados allí presentes ya hablaban en conciliábulos del nuevo organigrama del departamento: que si el área de Cooperación pasaría a depender de la Secretaria de Estado de Exteriores; que si Iberoamérica recuperaría su preeminencia con una secretaría propia, limpia de polvo y paja por expreso deseo de Rajoy; que si la Oficina de Información Diplomática (OID) recuperaría su nombre y la comunicación volvería a estar dirigida por un diplomático, y así un largo etcétera.

La estructura de Exteriores parecía cocinada tanto desde Moncloa, donde la influencia del jefe de Gabinete de Rajoy, el diplomático Jorge Moragas, es innegable, como desde la Fundación de Análisis y Estudios Sociales (FAES), donde la sombra de su director del área internacional y mano derecha de José María Aznar, Alberto Carnero, es muy alargada. Sin embargo, Margallo no se arredró ante las sugerencias de ambos centros de poder y, al final, se ha salido con la suya.

Primero eligió como jefe de Gabinete a Juan Sell, el mismo diplomático que había tenido Jiménez, lo que fue visto en Santa Cruz como una muestra de que no venía con ánimo de cortar cabezas a diestro y siniestro. Luego modificó el primer Boletín Oficial del Estado (BOE) de la era del PP para unir Iberoamérica con Cooperación, y si bien recuperó el nombre de la OID, dividió en dos el área de comunicación. De la portavocía se encargará una diplomática, Cecilia Yuste, mientras que María Claver, una periodista con amplios conocimientos económicos, dirigirá la nueva Dirección General de Medios y Diplomacia Pública. Con ello, protege a esta última del ostracismo al que se vieron arrastrados siempre los asesores de prensa que han pasado por el Ministerio por culpa de los recelos de los diplomáticos.

En cuanto al resto de nombramientos, ninguno aparecía en las quinielas salvo el del secretario de Estado para la UE, el eurodiputado Íñigo Méndez de Vigo. Como número dos se especuló con Francisco Millán, el cuñado diplomático de Rajoy, pero su condición también de europarlamentario jugó en su contra.

El elegido finalmente ha sido Gonzalo de Benito, jefe de Gabinete de Josep Piqué y que ahora estaba de embajador en los Emiratos Árabes Unidos, un país con muchas posibilidades para las empresas españolas, pero su nombramiento fue uno de los últimos llevados al Consejo de Ministros. ¿El motivo? Las presiones del PP y FAES para colocar a uno de sus hombres, caso de Eduardo Gutiérrez, mano derecha de Moragas en Génova, o el citado Carnero. Al final, Margallo impuso su criterio.

Algo parecido sucedió en el área de Iberoamérica y Cooperación. Los candidatos que sonaban con más fuerza para el puesto de secretario de Estado eran Fernando Villalonga o el propio Gutiérrez, que ya había sido director general para Iberoamérica en la época de Aznar, pero el ministro se decantó por Jesús Gracia, un diplomático sin carné de partido que desde 2004 purgaba en la legación de Buenas Aires su pecado de haber sido embajador en Cuba en la convulsa legislatura 2000-2004, que terminó con la congelación de relaciones entre la España de Aznar y la Cuba de los hermanos Castro.

Un ejemplo muy claro de que más de uno se ha querido aprovechar de la bisoñez de Margallo como ministro ha sido el intento de Cultura por hacerse con la red de centros del Instituto Cervantes.  Esta es una batalla que se arrastra desde los tiempos de Miguel Ángel Moratinos y César Antonio Molina, y el nuevo secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, pidió esta cesión a Moncloa para compensar la desaparición como tal de este Ministerio. El titular de Exteriores no dio su brazo a torcer y en la toma de posesión de Gracia y otros altos cargos de su departamento, el 9 de enero, ya dejó claro que una de sus prioridades era impulsar el Cervantes. De esta forma consiguió parar el primer el golpe.

Internacionalización de empresas.

Margallo ha destacado en este primer mes de Gobierno por su hiperactividad: ha convencido a todos sus antecesores para que consensúen las directrices de la ansiada reforma del servicio exterior, y desde Riad, donde el 14 de enero presidió junto a la ministra de Fomento, Ana Pastor, la firma del contrato del AVE del desierto con las autoridades saudíes, anunció una cita con directivos de 23 grandes empresas españolas para potenciar su internacionalización y la búsqueda de oportunidades de negocio en el exterior, convencido de que este sector es uno de los pocos que resiste a la crisis en España. Sorprendió la ausencia de Inditex, el primer grupo textil mundial por ventas y que obtiene el 74% de su facturación en el extranjero, pero Margallo no tuvo inconveniente en reconocer el fallo e invitó al grupo de Amancio Ortega a la reunión de esta semana.

Su mayor éxito ha sido lograr la liberación del empresario y periodista Sebastián Martínez en Cuba, así como recuperar del olvido la reclamación del Peñón de la forma más curiosa, saludando a un eurodiputado británico al grito de “Gibraltar español”. Ya llegarán tiempos peores, como cuando lleve a la práctica la reducción de embajadas y consulados como medida de ahorro, pero por el momento Margallo ha asumido con ímpetu el encargo de Rajoy.

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