El lugar donde guardan el secreto de los Red Bull

08 / 04 / 2011 0:00 POR MARUXA RUIZ DEL ÁRBOL (Londres)
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Tiempo visita la fábrica londinense donde se ha creado el bólido con el que el alemán Sebastian Vettel ha lo-grado la primera victoria de la temporada en Fórmula 1.

Las claves del éxito del Fórmula 1 de Red Bull se esconden en un lugar insustancial a 50 kilómetros de Londres llamado Milton Keynes. Los dos edificios de la escudería podrían pasar por bloques de oficinas pero en su interior se ha ideado el bólido que, pilotado por Sebastian Vettel, podría arrebatar el mundial a Alonso por segundo año consecutivo. La victoria arrasadora de Vettel en Melbourne el pasado 27 de marzo en la primera carrera de la competición podría indicar que la manufactura de Milton Keynes ha vuelto a dar con los parámetros de un auto ganador.

En esta fábrica hipertecnológica se han diseñado tanto las 4.000 piezas que dan forma al coche favorito de este mundial como las del que ganó el año pasado contra todo pronóstico. Cualquier comparación con un taller al uso es inútil. Se parece más a un centro de investigación de la Nasa. Las paredes y el suelo son blancos. Ni una sola mancha de grasa y mucho menos un calendario erótico. La herramienta más utilizada es el ordenador y el corte de las piezas del chasis se talla en una urna de cristal con un láser verde. Todo de forma automatizada, lejos de la mano del hombre.

Espionaje industrial.

Traspasar el umbral de esta catedral de la Fórmula 1 no es fácil. La información que se maneja aquí podría reventar las expectativas de Red Bull de repetir su victoria esta temporada y cualquier intruso es un potencial sospechoso de espionaje industrial. No se pueden hacer fotos. Nada se puede tocar. “Somos muy estrictos, pero es que estamos fabricando el coche ganador del gran premio. No nos podemos permitir que haya filtraciones a Ferrari, Renault o McLaren”.

Más información en la revista Tiempo

El que habla es Steven Nevey, el cerebro gris que está detrás del diseño del coche, que nos acompaña (y nos vigila) a través de las salas del insólito taller. Nevey y Vettel son dos caras de la victoria: la tecnología y la audacia. Vettel no necesita presentación; es el héroe de 22 años convertido en el piloto más joven en ganar un mundial de Fórmula 1. Nevey ni es tan joven ni tiene el físico de los deportistas de élite, pero en su cerebro se organizan con claridad los parámetros de la victoria. Es un antiguo diseñador de submarinos que hace 20 años puso su pericia al servicio de la F-1.

Lo tiene claro, el mérito de la tecnología, que es el de Nevey, gana terreno frente a la pericia del piloto. Afirma que hace cinco años los avances de I+D en los coches de carreras aportaban el 50% de las victorias y los pilotos eran responsables del resto. Hoy estos porcentajes han variado y la tecnología suma el 85% del éxito, mientras los pilotos aportan el 15% del valor añadido. No obstante, reconoce que Vettel o Webber nunca serán sustituidos por la informática ya que son “gladiadores imprevisibles”.

Durante el recorrido por la fábrica Nevey nos lleva por cuatro espacios que marcan una secuencia de creación que ha culminado en la fabricación de solo dos bólidos por temporada, los únicos dos coches que correrán las 20 carreras. Estos son: la sala de ordenadores, donde hacen el 75% del trabajo total de manufactura; la estancia donde se producen las 4.000 piezas del coche a escala; el taller de color blanco donde se monta el auto; y por último, la sala de control, donde se monitoriza cada carrera. Ningún coche se da por terminado hasta el día de la competición, en que se añaden los últimos accesorios en función de la meteorología, los contrincantes, etc.

Un potente software es el responsable del avance de la tecnología frente a la destreza del piloto. Se llama Product Lifecycle Management (PLM) y es una herramienta casi mágica. Los 180 ingenieros de la sala de diseño idean cada pieza teniendo en cuenta hasta el más pequeño detalle, incluso el peso y las habilidades del piloto. PLM analiza y mejora todos los componentes de los bólidos con excepción del motor, que es de la responsabilidad de Renault. Sin moverse del ordenador se modifican los materiales, el combustible, la aerodinámica y los elementos de seguridad. “El software ha permitido reducir el 75% del tiempo de manufactura porque ha eliminado partes del proceso tradicional”.

En la segunda sala cualquier cambio se puede llevar de la realidad virtual del simulador a la realidad física en menos de 24 horas gracias a avanzados sistemas de producción con láser y autoclaves de alta tecnología. Cada pieza se manda fabricar con un clic de ratón. Un láser aplicado a un tanque de resina moldeará cada detalle. En esta primera fase estamos hablando de piezas a escala, entre un 50% y un 60% del tamaño real del coche. Se hacen hasta 10 copias de una misma pieza con ligerísimas modificaciones hasta encontrar la forma perfecta. “Pocas industrias son tan exigentes como la Fórmula 1. Aquí la diferencia entre la derrota y la victoria son milésimas de segundo y te juegas la carrera en los pequeños detalles”, comenta Nevey.

Experiencia futurista.

La siguiente experiencia futurista es el túnel de viento. Un chorro de aire a 500 kilómetros por hora simula la velocidad sin necesidad de mover el bólido. Gracias a sensores de calor se localizan las zonas en las que se ejerce más presión al viento para mejorarlas y hacerlas más aerodinámicas.

La última sala está reservada sólo para los días de carrera. Este centro de inteligencia es una habitación con 16 puestos de control y cuatro pantallas de televisión. El pasado 27 de marzo ocho técnicos de Red Bull a pie de pista en Melbourne se conectaron con los 16 de esta sala para hacer los cambios de última hora teniendo en cuenta las informaciones más recientes como el estado de las pistas, la meteorología, etc. Equipados con potentes sistemas informáticos, analizaron los parámetros y las estrategias de los adversarios. En la primera pantalla se proyecta el mapa del circuito. En la segunda, se reproduce la señal de la cadena que emite la carrera. La tercera y la cuarta proyectan las imágenes de la cámara que persigue a sus dos escuderías enemigas. Es el centro de espionaje que ayuda a averiguar las estrategias de los contrincantes. Si en 1992 el equipo de diseño de una escudería lo conformaban 10 personas y los coches se modificaban tres veces por temporada, en 2010 una media de 200 ingenieros practican innumerables modificaciones de los bólidos en cada carrera.

La Federación Internacional del Automóvil (FIA) ha establecido 40 millones de dólares (28 millones de euros) como gasto máximo en la investigación y el desarrollo de los nuevos coches de cada escudería. Quiere que sea el ingenio y no el dinero lo que marque la diferencia. Y a Red Bull le sobra el ingenio. Sin ser, como Ferrari, una marca de coches que puede rentabilizar en sus vehículos de serie tanta tecnología, ha logrado convertir en su mejor fuente de publicidad el éxito en la Fórmula 1. “La venta de nuestras bebidas aumenta por millones con cada victoria”, comenta Nevey.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

  • Por: pepe 25/01/2012 10:45

    Steven Nevey???? quien es ese???? jajajaja

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