Dinero público para el Gobierno del amor

20 / 03 / 2013 12:21 Luis Calvo
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Algunos estudios subvencionados por la Administración representan un gasto de recursos difícilmente comprensible durante una época de recortes en los servicios básicos.

El Instituto de la Mujer sigue acumulando polémicas. En plena época de recortes sociales, la ministra de Sanidad, Ana Mato, ha aprobado la partida concedida a estudios de género que tanto criticó el PP durante los años de José Luis Rodríguez Zapatero. Entonces, calificaron los informes de “chorrada adolescente” y criticaron el uso de dinero público. Pero una cosa es la crítica desde la oposición y otra la gestión desde el Gobierno. Así, en lugar de a la mejora y el mantenimiento del sistema de salud, parte del presupuesto del Ministerio de Sanidad ha acabado reconociendo el mérito de investigaciones como la de la Universidad de Gerona, Gobernar con amor. Las condesas catalanas (siglos IX al XII), subvencionado con 17.700 euros.

Otro ejemplo es el estudio sobre “la transmisión de estereotipos de género a través de la canción”, en este caso con un coste de 26.911 euros. En total, la partida suma 597.208 euros para 24 estudios e incluye fondos de la Unión Europea. La concesión de las ayudas coincide con decisiones como la de retirar el servicio médico a los inmigrantes o cerrar las urgencias locales, ambas medidas justificadas por el exceso de gasto en Sanidad. Pese a todo, el total se ha visto recortado con el tiempo. En 2010, cuando Bibiana Aído dirigía el Ministerio de Igualdad, el montante destinado a este tipo de estudios era de 845.803 euros.

Lo cierto es que el desarrollo o subvención de estudios por parte de la Administración salta cada poco tiempo a los titulares y rara vez lo hace por su acertada gestión. Es algo que ocurre en casi todas las administraciones. En 2009 un estudio interno del Gobierno de Cataluña cifraba entre 45 y 70 millones de euros el ahorro que podía conseguir la Generalitat solo suprimiendo los estudios sin ninguna utilidad. Solo en 2007 se detectaron 300 estudios o informes sin una clara justificación que costaron un total de 725.000 euros. Entre ellos se consignaron 30.000 euros para un manual contra la crisis que, a la vista de los resultados, no fue demasiado certero, o un estudio sobre la percepción pública de los dirigentes del Tripartito a través de programas como el espacio satírico Polonia. Otro de los estudios de la Generalitat que pueden causar extrañeza es el que versaba sobre “el papel de China en la construcción del orden regional en materia de seguridad”, algo completamente ajeno a las competencias autonómicas. Costó 15.000 euros.

Estudios sin resultado.

No es la única comunidad en la que se ha derrochado dinero público en estudios y no siempre por su temática. En 2008 el Gobierno bipartito gallego encargó a una empresa un informe para corregir la proliferación de un alga tóxica en el embalse de Umia. Costó 151.000 euros, pero el resultado nunca se hizo público. Según la propia consejería, no solo se reveló inútil, sino que nunca se llegó a certificar por completo.

El problema tampoco es exclusivo de España. El 50% de los proyectos de investigación sobre salud financiados por la UE entre 1998 y 2006 no produjeron ningún resultado detectable a través de publicaciones en revistas científicas. Se estima que más de 4.000 millones de euros destinados por la UE a I+D no han arrojado ningún fruto, académico o práctico. Incluso EEUU, referencia de muchos en cuanto a la gestión del dinero público, comete este tipo de pecados. En 2010 saltó a la luz que el Instituto Nacional de Salud americano había gastado 219.000 dólares (169.000 euros) en investigar cómo el alcohol potencia la fogosidad sexual de las universitarias en su primer año de carrera. Más específico fue el Instituto Nacional de Abuso del Alcohol, que puso en marcha un estudio que analizaba los usos de consumo de las prostitutas chinas durante el trabajo.

Son las universidades, en España fundamentalmente financiadas a través de la Administración, quienes se llevan la palma en cuanto a estudios poco prácticos. A principios de año, la Universidad de Granada presentó los resultados de una investigación para detectar las circunstancias de riesgo de la circulación en bicicletas. Para ello analizó 22.000 accidentes de ciclistas desde 1993. Entre las causas detectadas están el consumo de alcohol y drogas, la ausencia de casco o el uso de un vehículo defectuoso.

España ostenta incluso el dudoso honor de albergar a alguno de los ganadores del premio IgNobel a las investigaciones más ridículas. Los premiados en Lingüística de 2007 fueron el colombiano Juan Manuel Toro y los españoles Josep B. Trobalón y Nuria Sebastián, de la Universidad de Granada, por un estudio que constataba que las ratas rara vez distinguen entre el japonés y el neerlandés cuando la grabación de las conversaciones en estas lenguas se reproduce al revés.

Dos de los más famosos ganadores de los IgNobel datan de 2005. Ese año, dos profesores de la Universidad de Minnesota resolvieron en su laboratorio la cuestión sobre si un humano es capaz de nadar más rápido en agua o en sirope. Tuvieron que competir sin embargo con otro estudio digno del premio. En la Universidad de Newcastle, Reino Unido, un equipo vigiló la actividad cerebral de una langosta a la que se le mostraban fragmentos de La guerra de las galaxias.

Instrumento de corrupción.

Lo cierto es que la falta de control sobre el dinero que se dedica a los más diversos estudios ha permitido que en ocasiones estos se utilicen para desviar fondos públicos. En el caso Filesa, de financiación irregular del PSOE, se facturaron más de 600 millones de pesetas por informes que disponían de una sola línea, el título que figuraba en las cuentas. También el Instituto Nóos utilizó esta técnica. La empresa de Urdangarin cobró 240.000 euros de diversas instituciones por estudios tan relevantes como las reglas del fútbol o un listado de las federaciones deportivas. Al Villarreal llegó a facturarle 690.000 euros por 13 folios plagiados de diversos estudios presentes en Internet y editados por un becario que cobraba 600 euros. Todo un negocio.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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