Cataluña contra Cataluña o el retorno de las dos Españas

22 / 12 / 2017 Agustín Valladolid
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¿Le saldrá gratis al secesionismo haber activado el mayor proceso de confrontación social y decadencia económica desde la muerte de Franco? 

Los candidatos en el primer debate de la campaña. Foto: Quique García/EFE

Lo ocurrido con las obras de arte del Monasterio de Villanueva de Sijena es un ejemplo de la puerilidad autodestructiva de la política catalana, de la medianía y hasta mezquindad de algunos de sus dirigentes. Desgraciadamente, la que fuera modelo de diálogo y entendimiento se ha convertido en prototipo del populismo más cínico y ventajista. Todo vale con tal de seguir alimentando ese victimismo tan rentable y fingido. La política catalana es la que aplaude que un expresidente de la Generalitat califique de “expolio a Cataluña” la devolución de un patrimonio, tras 21 años de trámites judiciales, arramblado a los aragoneses con anómala opacidad. Y si no aplaude, calla. La política catalana es la que acepta, sin apenas capacidad de respuesta, que el insustituible debate sobre el bienestar ciudadano que debiera protagonizar una campaña electoral decaiga en favor de la estrategia tuitera de un manipulador sinsustancia como Carles Puigdemont.

El 21 de diciembre los catalanes tienen la oportunidad de cambiar las cosas, de elevarse por encima de la mediocridad reinante y recobrar la autoestima. Probablemente, estén ante la decisión individual, y por extensión colectiva, más trascendental de cuantas han tomado hasta ahora en el terreno de la política. Una decisión que va a marcar su futuro durante años; quién sabe si décadas. Para bien o para mal. Y que no deberían resolver sin antes responderse a ciertas preguntas: ¿desean el fin del procés o no? ¿Están dispuestos a asumir el riesgo de precipitarse por largo tiempo en una suicida caída libre en lo económico y en lo social? ¿Consideran urgente, o no, iniciar el proceso de reconstrucción de la convivencia? ¿Creen fundamental recuperar el seny u optan por echarse definitivamente al monte?

Para responder a tales interrogantes convendría que cada cual realizara antes una somera observación de la realidad que nos han legado estos cinco años de obsesiva entrega al fatuo ideal independentista. Tres legislaturas interrumpidas, ni una sola ley con enjundia aprobada, infraestructuras paralizadas por la falta de entendimiento, un alarmante deterioro de los servicios públicos, el porcentaje más elevado de tijeretazos en gasto social de España, la constatación de prácticas de corrupción política, incompatibles con esa imagen de modernidad y progreso que nos vendía el conglomerado mediático de la Generalitat... ¿Todo culpa de Madrid?

Alguien recordaba recientemente cómo, en una charla con empresarios, el exconsejero Santi Vila reconoció la gran mentira sobre la que descansaba el procés: “Nos está permitiendo resistir” [cuatro años de recortes]. “Si este país –se preguntaba el hoy traidor Vila– no hubiese tenido un relato en clave nacionalista, ¿cómo habría soportado unos ajustes de más de 6.000 millones?”. Es decir, abro paréntesis, para tapar nuestra incompetencia teníamos que echarle la culpa a alguien, buscar como Trump el “enemigo exterior”, y quien siempre estaba a tiro era Madrid, el Gobierno central, el Tribunal Constitucional, al que le aprobábamos leyes sabiendo que no podía hacer otra cosa que echárnoslas abajo, que ya sabíamos que eran inconstitucionales de principio a fin, pero así podíamos contarle al catalán cabreado que lo de no ayudar a los pobres del mundo y a los ancianitos desasistidos no era cosa nuestra, sino de los tribunales politizados y liberticidas españoles, de esos fiscales y jueces al servicio del Partido Popular. Y colaba, vaya si colaba. Colaba a pesar de que esos mismos jueces y fiscales son los que han expuesto en la plaza pública las vergüenzas del PP, sentándolo en el banquillo de los acusados.

Todo es posible

Pero, ¿seguirá colando? ¿Le saldrá gratis al secesionismo haber provocado el mayor proceso de empobrecimiento económico, sin intervención de factores externos –este sí que es real–, y de deterioro de la calidad cívico-democrática que ha sufrido Cataluña desde la muerte de Franco? ¿No va a haber al menos un 10% de arrepentidos entre los que apoyaron en las últimas elecciones a partidos soberanistas? Veremos. Cuando lo que prevalece es lo irracional, todo es posible. Incluso acabar premiando a los causantes del destrozo.­

Carbón

Divorcio SOMA-PSOE

Las relaciones entre el Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA) y el PSOE son cada vez más tensas a costa del llamado carbón nacional, para el que el sindicato reclama ayudas del Estado para competir con el de importación. El presidente del SOMA, José Luis Alperi, ha dejado caer su intención de independizarse de UGT, y en la Ejecutiva Federal socialista nadie quiere saber nada del asunto.

APOYO-F

Alperi, Fernández (PSOE) y Álvarez (UGT)

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