Cataluña camina hacia unas nuevas elecciones

23 / 03 / 2017 Antonio Fernández
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La imposibilidad de celebrar un referéndum pactado con el Gobierno no deja más salida que la celebración de comicios autonómicos, donde Artur Mas ya no podrá ser candidato debido a su inhabilitación.

Artur Mas, entre Irene Rigau y Carles Puigdemont, en una rueda de prensa tras el anuncio de su condena a dos años de inhabilitación. Foto: Lluís Gene/AFP

El conflicto catalán se encona tras la sentencia condenatoria del expresidente de la Generalitat, Artur Mas, y de sus consejeras Joana Ortega e Irene Rigau por desobediencia al Tribunal Constitucional al haber permitido la celebración de la consulta del 9 de noviembre de 2014. El revés le supone a Mas no poder presentarse en unas listas electorales durante dos años, con lo que sus planes han quedado dinamitados. O, por lo menos, en suspenso. Políticamente, Mas ha tenido sus idus de marzo, igual que Julio César. Por algo él y sus partidarios no se cansan de denunciar que el juicio del 9-N se produjo porque se quiere la muerte política de los acusados. Pero la sentencia es solo uno de sus problemas: a ella se le suman tres macrojuicios por corrupción que asedian a su partido, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), y la investigación del caso 3%, que dirige el juez de El Vendrell Josep Bosch y que poco a poco va acercándose a Artur Mas.

Todo ello ha dado como resultado que, en estos momentos, el expresidente de la Generalitat sea visto como una rémora desde las filas del Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT), el partido sustituto de CDC. En otras palabras, se considera que Mas está amortizado. Otra cosa es que él se resista a dar un paso al lado. Un alto cargo de la nueva formación esboza un resumen de la coyuntura: “Marta Pascal, la coordinadora general, aprieta para limpiar el partido. Y cuanto antes el PDeCAT quede libre de sospechas, mejor. Por tanto, si queremos olvidar para siempre la sombra de la corrupción, es evidente que Artur Mas molesta. Pero también es verdad que creemos que la sentencia que le condena por desobediencia ha sido injusta, porque es una sentencia política”. Solo hay una consigna: retirar a Mas de primera línea sin que parezca que se le retira. Porque entre la militancia de lo que era la antigua Convergència duelen más las acusaciones de corrupción que la condena por inhabilitación.

Eva Granados, portavoz del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC), critica: “Los irresponsables al frente de la Generalitat retuercen la legalidad. En primer lugar, la sentencia no era por poner las urnas, sino por desobediencia al Tribunal Constitucional. Eso fue lo que se juzgó. En segundo lugar, esta sentencia no soluciona el conflicto. Más bien, visualiza el fracaso de la política. El PP, con su mayoría absoluta, no hizo frente a un problema con una comunidad autónoma. Y el enfrentamiento entre los dos Gobiernos, el central y el autonómico, convirtió en víctima a la sociedad, al tiempo que se bloqueaba todo por el tema de las identidades y no se hablaba de los temas sociales. Y, por si fuera poco, los partidos que dominan esos Gobiernos, PP y Convergència, tienen graves problemas estructurales de financiación”.

 

Sigue el plan

Pero, aparentemente, la decisión del Tribunal Superior de Cataluña no modificará la hoja de ruta independentista, que prevé la celebración de un referéndum como muy tarde a finales de septiembre y elecciones “constituyentes” seis meses después. “La hoja de ruta continuará inalterable. Trabajamos a buen ritmo para tenerlo todo a punto cuanto antes. En nuestro calendario figura septiembre como fecha tope para la consulta y yo apostaría por situar las elecciones a principios de 2018”, afirma Sergi Sabrià, portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

En la Asamblea Nacional Catalana (ANC) piensan lo mismo. “Unas elecciones adelantadas no aparecen en nuestros escenarios. Están descartadas”, dice una fuente de la dirección de la ANC a este semanario. Pero hay algunas sospechas de que el calendario se puede alterar. Este martes, en la reunión de portavoces parlamentarios, el representante de la CUP, Benet Salellas, insistió en la tramitación de la ley de las últimas voluntades digitales “porque nos queda muy poco tiempo en esta legislatura”. El comentario podría pasar sin pena ni gloria, pero el interés de la CUP por aprobar una ley que ya se encuentra en trámite de enmiendas no deja de sorprender.

Desde el Gobierno central aseguran a Tiempo que no descartan “ninguna posibilidad”: “Tenemos en cuenta todas las variables, incluso las de que se intente celebrar la consulta antes de verano. Pero estaremos preparados y tomaremos todas las medidas oportunas”.

¿Trabajan los independentistas con una agenda secreta que contemple elecciones a corto plazo? Desde el PDeCAT y Esquerra Republicana de Catalunya se niega esa posibilidad. Pero en algunos círculos no descartan el adelanto. “Lo que habíamos hablado es que si no se podía convocar el referéndum íbamos a elecciones, aunque ahora, con Mas inhabilitado, la cosa se pone más difícil y debemos decidir quién es el candidato mientras intentamos librarnos de las sombras de corrupción”, admite una fuente convergente.

Incógnitas y problemas

Y ahí surgen varias incógnitas. La primera es si ERC y PDeCAT se presentan por separado o continúan con la plataforma de Junts pel Sí (JxS). Según diversas fuentes, no se ha discutido todavía, pero el presidente republicano, Oriol Junqueras, no está por la labor de continuar con sus hasta ahora socios. Y en ese caso, el PDeCAT se encontraría con un problema, ya que las encuestas le vaticinan un descalabro histórico: podría pasar a ser la quinta fuerza catalana en unas autonómicas, cuando siempre había sido la primera.

Y con Mas en la cuneta, Carles Puigdemont estaría casi obligado a encabezar la lista. “Cuando asumió la presidencia de la Generalitat, prometió que su etapa finalizaría cuando dejase a Cataluña a las puertas de la independencia. Pero si eso no puede ser, le pediremos que sea el candidato para que pueda cumplir su promesa”, subrayan fuentes de la antigua Convergència. Además, afirman, todavía existe la posibilidad de que se reedite JxS. “Evidentemente, al no haber conseguido el objetivo, las entidades cívicas como ANC y Òmnium presionarán para que nos volvamos a presentar con ERC”. En caso contrario, y aun en el supuesto de que Puigdemont no fuese candidato, los convergentes no tendrían muchos problemas para buscar a alguien de la “nueva hornada”, como el exalcalde de Figueres y actual consejero de Cultura, Santi Vila (a quien se le reservaba hasta ahora la tarea de ser el alcaldable en las próximas municipales para reconquistar Barcelona).

Desde la ANC se pone en duda esa posibilidad en estos momentos. “No se ha hablado de elecciones ni de candidaturas. ¡Pues solo faltaría que ahora nos pidiesen presión para ir a unas elecciones que nadie quiere! Lo único que queremos es que se celebre el referéndum siempre y cuando sea antes de finales de septiembre. Y lo crucial es que sea efectivo, es decir, que sirva para lo que tiene que servir”. En otras palabras, ha de tener dos condiciones básicas: una pregunta binaria con una respuesta clara y un “compromiso político claro de aplicar el resultado”, es decir, que sea vinculante.

Un espacio a ocupar

Pero de lo que no hay duda es de que la lucha por el espectro político independentista se recrudecerá en los próximos meses. “Hay un espacio político que es el que tradicionalmente ha pertenecido a Convergència que no puede quedarse huérfano aunque no pueda presentarse Mas. Por eso el PDeCAT debe seguir adelante”, argumentan desde las filas de esta formación. Carlos Carrizosa, portavoz de Ciudadanos, alerta de que “el líder que tiene mayores posibilidades de ser elegido no es Puigdemont precisamente, sino que las encuestas dan ganador a Oriol Junqueras. Y Junqueras sabe que no va a haber referéndum, por lo que no quiere ser inhabilitado como Artur Mas. Prefiere no tener la fuerza suficiente para formar Gobierno antes que cometer un desliz y ser condenado. Lo que no tiene claro es cómo podría pactar un Gobierno si mañana hay elecciones, porque con las previsiones electorales no suma con un solo partido. Pero el hecho de que mida sus pasos para no ser inhabilitado produce tensión entre ERC y PDeCAT”.

Los acontecimientos también juegan en contra de Mas y los convergentes. La implicación de CDC y de sus dirigentes en sumarios como los de los casos Palau, Pretoria (ambos se juzgan estos días) y Adigsa (el primigenio 3% que Pasqual Maragall denunció en el Parlamento catalán, que comenzará en mayo) pesarán como una losa en la imagen de Convergència y de Mas. Mas deberá explicar el próximo día 29 en el Parlamento catalán las sombras de corrupción que le afectan a él y a su partido.

Desde la ANC, se denuncia una maniobra del Estado español para enlodar el procés. “Es evidente que desde sectores y partidos españolistas hay una clara intención de asociar a las cabezas visibles del independentismo con la corrupción, incluso mediante métodos manifiestamente ilegales. Y no solo eso, hay la clara voluntad de identificar a los ciudadanos catalanes con presuntas actuaciones ilegales de algunos de sus líderes políticos. Me costaría imaginar la misma situación a la inversa. Me explico: ¿alguien identifica a los españolistas con Bárcenas, las tarjetas black, los sobres que corren por La Moncloa o la corrupción a gran escala de, como mínimo, algunos miembros relevantes de la Familia Real española?”, dice a Tiempo Natalia Esteve, vicepresidenta de la ANC.

Esteve subraya que el independentismo pretende crear un nuevo Estado en Cataluña a través de una amplia participación ciudadana e ironiza: “Agradecemos sinceramente los esfuerzos del Estado español para arrojar luz sobre cualquier caso de corrupción ocurrido en Cataluña. A nuestros presuntos corruptos, les pedimos valentía y responsabilidad para que expliquen la verdad, a pesar de las consecuencias, y agitar bien fuerte las ramas, de manera que toda España se pueda beneficiar del celo de algunos sectores del españolismo más radical en lo referente a la corrupción”.

En las filas de ERC, en cambio, la asociación de CDC y corrupción huele a cuerno quemado. Tanto, que algunas agrupaciones locales republicanas ya han comenzado a elevar sus voces de protesta y piden que Junqueras (vicepresidente de la Generalitat) rompa el Gobierno y deje de apoyar a Convergència. “Si hay que ir a elecciones anticipadas, vamos. Pero ir de la mano con CDC, con la que está cayendo, transmite la sensación de que estamos ayudándoles a tapar sus vergüenzas con el referéndum”, dicen críticos de ERC a este semanario. Estas fuentes añaden que prefieren que “se celebren elecciones anticipadas a tener que hacer un referéndum tapándonos la nariz en el tema de la corrupción; y al paso que vamos, no descartamos que haya elecciones antes de que finalice el año”.

Esta apreciación coincide con la que tiene la oposición. Carrizosa señala a Tiempo que “hace unos meses, CDC contaba con hacer el referéndum en septiembre, pero ya veremos si se cambia el calendario. Podría ser que haya elecciones en octubre o noviembre porque saben que no podrán realizar la consulta”. La socialista Eva Granados también sostiene que “el Gobierno catalán ha emprendido una huida hacia delante por la presión de la CUP. Los dos partidos coaligados piensan más en lo táctico y en cuántos escaños pueden sacar que en la hoja de ruta. Ellos mismos se han ido poniendo la soga al cuello. Lo que tienen que aceptar es que Cataluña es un país plural y que sus consignas de pensamiento único y de tirar pel dret [tirar adelante, arrollar] lo que hacen es dividirnos como pueblo”.

Tensión en JxS

El popular Santi Rodríguez no está tampoco lejos de estas apreciaciones. “Habrá que ver si hay presupuestos, finalmente. Si la CUP no los aprueba finalmente, se deberían convocar elecciones. Pero en estos momentos hay una tensión interna en JxS, no solo por la inhabilitación de Mas, que es un tema que afecta principalmente al PDeCAT, sino porque con los casos de corrupción ERC no quiere aparecer como socio para todo de Convergència. Tanto es así que hace quince días parecía factible repetir la coalición de JxS y ahora esa posibilidad se ve lejana debido a los casos de corrupción que afloran”, dice a este semanario.

Sergi Sabrià se muestra prudente al analizar la cuestión. “Que cada uno responda de sus actos. Nosotros no solemos hablar de la situación de los rivales. Pero en 86 años de historia que tiene Esquerra, el nivel de exigencia es alto y ojalá fuera igual en todos los partidos. De todos modos, hay cosas para las que no podemos esperar a tener una República, sino que se han de solucionar cuanto antes”, dice el portavoz de ERC. La procesión, sin embargo, va por dentro. Junqueras evita hablar en público para no tener que hurgar en las heridas de sus socios de Gobierno Y Carlos Carrizosa ve en esta actitud una estrategia fina del republicano: “CDC está en fuera de juego y ERC quiere pasar por caja para cobrar los beneficios”.

La corrupción, pues, ha entrado como un huracán en el procés y puede pasar factura a las huestes de Artur Mas. La gran incógnita es si Convergència puede desprenderse finalmente de esa losa y tener listo un candidato con tirón a corto plazo.

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

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