Así esconde José María Ruiz-Mateos su patrimonio
El fundador de Rumasa no tiene propiedades a su nombre, pero, sin embargo, su familia dice que harán frente a las deudas del grupo con sus casas.
José María Ruiz-Mateos esconde su patrimonio detrás de una tupida malla de sociedades y no tiene ni un inmueble a su nombre. Ni siquiera la mansión en Somosaguas (Madrid) donde se asienta Nueva Rumasa es suya ni de la empresa que pone nombre a su nuevo imperio, sino que es propiedad de otra empresa.
Poco se sabe de las propiedades que posee la familia Ruiz-Mateos y de sus auténticos propietarios. Ya pasó antes. Tras la expropiación de Rumasa en 1983, el empresario no ha dejado apenas nada a su nombre. Los procesos judiciales que han ordenado embargos lo han tenido muy complicado. Un juez británico no encontró, por ejemplo, propiedades de Ruiz-Mateos para hacer frente a una reclamación de 218 millones de euros en 2001 por irregularidades en las empresas de Rumasa en el Reino Unido, a pesar de que funcionaba ya entonces Nueva Rumasa. El juez necesitaba bienes que figuraran directamente a su nombre. En otras ocasiones, Ruiz-Mateos se ha valido de testaferros para beneficiarse con algunas propiedades de empresas en crisis que compraba, como han dejado en evidencia algunas sentencias judiciales.
“Venderemos hasta nuestras casas si hace falta”, dijo José María Ruiz-Mateos hijo tras anunciarse la solicitud de varias empresas de la familia de entrar en concurso de acreedores. Pero José María Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada, el padre de la saga, no tiene ninguna propiedad a su nombre. En los registros sólo consta, con una errata, una pequeña parcela comprada con su mujer en Cambrils en 1961 sobre la que pesan varios embargos de Hacienda entre 2002 y 2006. Al frente de Nueva Rumasa, Zoilo Ruiz-Mateos Rivero, hijo del fundador del imperio empresarial, tampoco tiene propiedades a su nombre; ni su hermano Alfonso, que firma con él las cuentas anuales. Buscar las propiedades de su sobrino Zoilo Pazos Jiménez, uno de los miembros de la familia omnipresentes en Nueva Rumasa, es también una tarea vana.
La sede de Nueva Rumasa, situada en un chalé en Somosaguas, cerca de Madrid y a sólo unos centenares de metros de la mansión de la familia, tampoco es propiedad directamente de la familia ni de Nueva Rumasa, sino de la compañía Balaustrada. La finca, en una parcela de 3.000 metros cuadrados y con una mansión de 935 metros con piscina y cancha de tenis, fue utilizada para garantizar hipotecas por unos tres millones de euros, aunque este mes se suspendieron por falta de pago de los impuestos asociados a las mismas, según consta en el registro de la propiedad. En la misma dirección están domiciliadas varias sociedades de Zoilo Pazos Jiménez, el sobrino de José María Ruiz-Mateos, que un día declaró que haría todo lo posible para que no volvieran a expropiar a su tío. Hoy tiene cargos en 46 empresas y ninguna propiedad inmobiliaria a su nombre. La administradora de Balaustrada es María Susana Álvarez Ampuero, que tiene otros cargos en empresas de la órbita de Nueva Rumasa. En algún caso, sustituyendo como administrador a José María Ruiz-Mateos hijo, como ocurrió en la sociedad Dirham & Doblón. Las mansiones de las que disfruta Ruiz-Mateos en Somosaguas o en El Puerto de Santa María (Cádiz) no están a su nombre. La mansión de la familia en otra calle de la misma urbanización madrileña, 1.700 metros cuadrados construidos en una parcela de 6.700 metros, es el domicilio de otras empresas del entramado de Ruiz-Mateos, incluida la curiosa Que te pego leche, Sociedad Limitada, la frase que profirió Ruiz-Mateos en su agresión al exministro Miguel Boyer.
Embargos.
Los embargos ordenados por los jueces por deudas con la Seguridad Social y con otras empresas se llevan a cabo sobre fincas propiedad de las sociedades de la familia. Precisamente, los Ruiz-Mateos han ofrecido el anzuelo de las propiedades acumuladas en las compras de empresas en dificultades a los inversores a los que colocaron sus pagarés a un tipo de interés por encima de los habituales en los mercados. Los pagarés, que no tenían la supervisión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) debido a que eran emitidos por un valor de 50.000 euros cada uno, eran, en primer lugar, de Carcesa, una de las empresas de Nueva Rumasa. Y ahí empezaban los líos. Los pagarés se anunciaban como de Nueva Rumasa, aunque el emisor no era esta empresa. Nueva Rumasa, además, no es un holdin de un grupo consolidado. Así que los primeros pagarés, por valor de 50.000 euros cada uno, estaban respaldados sólo por Carcesa. Los anuncios indicaban que estaba a disposición de los interesados la auditoría de la empresa en un folleto informativo. Este folleto, sin embargo, sólo decía que la auditoría se encontraba en trámite. Pero la última auditoría de Carcesa era demoledora. El auditor alertaba de que el valor de la empresa que aparecía en las cuentas quedaba en entredicho por el hecho de que los Ruiz-Mateos la habían comprado por sólo 75.000 euros (detalle no conocido en el momento de la operación), por lo que indicaron que no podían expresar una opinión sobre las cuentas anuales. Una semana después de que esta revista publicara esos detalles, la publicidad de los pagarés se modificó para incluir una novedad destacada en letras rojas. Eliminaron la afirmación de que la auditoría estaba disponible y anunciaron ahora un balance consolidado del grupo “auditado por una compañía de máxima garantía” que estaría disponible en los próximos meses. El grupo nunca llegó a consolidar cuentas.
Paraísos fiscales.
El argumento ofrecido por los Ruiz-Mateos, al iniciar el proceso de lo que antes se denominaba suspensión de pagos, para no consolidar cuentas es que intentaban evitar otra expropiación como la del 23 de febrero de 1983. Con el mismo argumento el empresario ha defendido que las empresas matrices estén radicadas en Holanda y paraísos fiscales.
Unos 5.000 inversores suscribieron los pagarés, según la información facilitada por Nueva Rumasa. En las últimas cuentas de Carcesa conocidas, correspondientes sólo al año 2009, confiesan entre sus deudas pagarés por valor de unos 70 millones de euros de los que 50 millones vencían a lo largo de 2010, pero que, según la información de la misma memoria anual, se han ido renovando. Las cuentas, por cierto, son ahora auditadas por una firma diferente a la que expresó las dudas sobre el valor de Carcesa. Ahora, con el concurso de acreedores, la asociación de consumidores Facua ha pedido a la Fiscalía que investigue a los responsables de los pagarés por presunta estafa al engañar a los inversores sobre el destino final del dinero, ya que se anunció que se dedicaría a la compra de empresas, pero las cuentas de las sociedades indican que se dedicó a financiar el entramado societario de Ruiz-Mateos.
El patriarca, José María Ruiz-Mateos, apenas tiene cargos en las sociedades de la familia, donde sí aparecen los demás familiares. Eso sí, una de las pocas en las que consta es José María Ruiz-Mateos, SA, sin apenas actividad, que realizó en 2009 dos ampliaciones de capital por 60 millones de euros suscritas por Puertomontino, una sociedad de su sobrino Zoilo, y Tapioka Hostelera, con acciones de Almedal, otra sociedad del citado sobrino. Un sobrino que está en todo, hasta es uno de los administradores de la sociedad dueña de las acciones del club de fútbol Rayo Vallecano, presidido por Teresa Rivero, la mujer de Ruiz-Mateos, y que pasa también por importantes apuros económicos, a pesar de estar en puestos de ascenso a Primera División en la Liga Adelante. Zoilo Pazos también firmó los pagarés de Carcesa y administra Apis, dueña de la anterior. En fin, que ha sido el protagonista de las más importantes operaciones de la familia Ruiz-Mateos en los últimos años.
Dhul y el sobrinísimo.
Rumanova, otra de las empresas del entramado, respaldó otras emisiones de pagarés. La empresa apenas declaraba actividad en sus cuentas. Finalmente, la familia decidió, tras cambios legales que dificultaban su mecánica con los pagarés, ofrecer participaciones en el capital de Dhul. Curiosamente, en las cuentas de esta empresa de 2009 se puede comprobar que realizó préstamos a otras empresas. Los más importantes, por valor de 28 millones de euros, a la sociedad Bardajera, una sociedad cuyo dueño es Zoilo Pazos Jiménez, el ya citado sobrino de Ruiz-Mateos, y cuyo domicilio se encuentra en la misma dirección de la urbanización de Somosaguas donde tienen su sede Nueva Rumasa y otras sociedades de Zoilo Pazos Jiménez.
Otro detalle relevante se puede observar en los resultados de Nueva Rumasa: confiesa haber gastado casi siete millones de euros en 2009 en publicidad y relaciones públicas. Para apuntalar la confianza en la empresa, la familia Ruiz-Mateos centró su campaña de publicidad en los activos de las empresas que había acumulado antes que en sus cuentas de resultados. Así, llegó a afirmar que una denominada División Patrimonial acumulaba de 38 millones de metros cuadrados de suelo. Semejante afirmación no puede comprobarse en las cuentas de Nueva Rumasa ya que, como se ha dicho, no las consolida con el resto. Pero este hecho es llamativo. A Ruiz-Mateos le atraen estos activos. Así se puede comprobar en las sentencias condenatorias en dos casos en los que la Justicia demostró que Ruiz-Mateos compró empresas para vender alguna de sus propiedades más relevantes poco antes de entrar en concurso de acreedores. Es lo que ocurrió con la empresa Mundo Joven. La Audiencia de Madrid le condenó en 2005 a tres años de prisión por insolvencia punible y alzamiento de bienes. En los hechos probados, el tribunal señalaba que Ruiz-Mateos no pretendía reflotar la empresa sino sólo “apoderarse de su activo más importante”, un inmueble que vendió antes de declarar la quiebra voluntaria ocultándolo a través de testaferros.


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COMENTARIOS
En Jerez tienen muchas tierras y no le han enbargado ninguna.