A la sombra de ellas

03 / 06 / 2011 0:00 POR FERNANDO BARCIELA
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Mucho se habla de las esposas de los políticos, pero muy poco de los maridos o parejas sentimentales de las políticas. Gran parte de ellos se dedican como ellas a la actividad pública, aunque también hay empresarios, funcionarios y profesionales liberales.

No es fácil ser marido de una política de primera. Al de Angela Merkel, la canciller alemana, Joaquim Sauer, se le conoce como el Fantasma de la Opera. Y a Denis Thatcher, fallecido esposo de la ex premier británica, no se le tomaba en serio, aun cuando fuera un exitoso hombre de negocios. En España no se les toma a broma, pero es verdad que a muchos de los consortes de las políticas ni se les conoce, hasta el punto de que no hay ni fotos. Las excepciones son escasas, bastan los dedos de la mano para sumar las políticas de primera fila casadas con hombres igual de populares que ellas: las socialistas Carme Chacón y Mercedes Cabrera y las populares Cayetana Álvarez de Toledo, Celia Villalobos y María Dolores de Cospedal. Las demás han elegido parejas que por voluntad propia o no están fuera del circuito mediático.

Uno de estos casos, estos días más de moda, es el de Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del PP en el Congreso de los Diputados desde 2008, quien se casó con un abogado del Estado, Iván Rosa Vallejo, un extremeño e hijo de portugués, del que no se ha sabido nada, excepto una polémica en torno a su traslado a un puesto inferior en el Ministerio de Economía cuando Miguel Ángel Fernández Ordóñez dejó la Secretaría de Estado de Hacienda para irse al Banco de España. Ahora vuelve a la actualidad, pero no por polémicas ni disputas políticas o mediáticas. Simplemente va a ser padre en el mes de noviembre, según ha anunciado hace pocos días su esposa, Soraya.

En el reducido Olimpo de consortes renombrados brilla con luz propia Miguel Barroso, 55 años, el marido de la ministra de Defensa, Carme Chacón, 39 años, con la que se casó en segundas nupcias en 2007, y al que además sería difícil hacer de menos, porque no se deja. Es más, hay quien cree que ha sido más poderoso en el PSOE que la ministra, y que ha dedicado parte de sus esfuerzos en el partido a apoyar la carrera de su esposa, la primera mujer que fue nombrada titular de un ministerio estando embarazada. Barroso, que empezó de periodista a finales de los 70, inició su fulgurante ascenso en 1982, cuando José María Maravall le hizo su portavoz en Educación, donde trabó amistad con Alfredo Pérez Rubalcaba. A partir de ahí ya no paró.

Después de dejar Educación, el marido de Chacón empezó su carrera corporativa en Fnac España para acabar en la cúpula mundial del grupo galo. Tras un breve paso por La Moncloa participó en la creación de La Sexta. Ahora está en WPP, el mayor grupo mundial de publicidad, que sigue teniendo el 20% de Mediapro, dueña de la Sexta. Nada más dejar la Casa de América, de la que fue director tres años, empezó a trabajar como consejero delegado de Young & Rubican Madrid, una agencia de WPP. Ambos son, pues, una pareja de triunfadores. Ella tampoco se queda atrás. En 1999, con 28 años, ya era teniente de alcalde de Esplugues de Llobregat, un pueblo de casi 50.000 habitantes. Y un año después, diputada.

El tirón de las finanzas.

Otra socialista muy bien casada es Mercedes Cabrera, 59 años, nacida en una familia de solera (sobrina de Leopoldo Calvo Sotelo y Fernando Morán). La exministra de Educación está casada, también en segundas nupcias (en primeras lo estuvo con el filósofo Alfredo Deaño, fallecido), con un ejecutivo de las finanzas de tanto fuste como Carlos Arenillas, 54 años, que ha sido presidente de la CNMV entre 2004 y 2008 y no tiene complejos para confesar que vive bien o muy bien. El grupo de consultoría CIMD y su filial Intermoney, fundada por Arenillas y de la que es consejero delegado, han mantenido excelentes relaciones con el Gobierno y el PSOE. Si Mercedes hizo una gran carrera académica (es catedrática) y política, la de Arenillas ha sido de aúpa. Con 23 años empezaba en lo más granado de la banca de inversiones, en el área de tesorería y capitales del Citibank: cinco años después, con 28, optaba por hacer fortuna y fundaba CIMD.

También Cayetana Álvarez de Toledo, 36 años, del PP, ha sucumbido ante el appeal de las finanzas, en este caso Joaquín Güell, 42 años, de una familia catalana de solera aristocrática. Claro que ella tampoco le va a la zaga. Dos triunfadores natos con carreras estratosféricas. Después de sacarse un BA de Harvard con magna cum laude y una licenciatura en el Institut d’Études Politiques de París, Güell empezó en el Santander Investment, después se fue a Merrill Lynch en Londres y en 2004 unió parte de su destino profesional a Jaime Castellanos, con quien se iría más tarde al banco de inversión Lazzard España.

Cayetana no le ha dejado mal. Fue llegar, ver y vencer. Nacida en Madrid, pero también con nacionalidad francesa, pasó una larga temporada en Argentina y luego se fue a Oxford, donde se doctoró en Historia Moderna. En el 2000, con 26 años, volvía a España e iniciaba un recorrido estratosférico; empezaba en El Mundo, luego se haría popular en Las Mañanas de la Cope, para acabar de diputada por el PP en 2008.

No hay duda de que hay química entre las mujeres de la política y los financieros. Por si había dudas está también el caso de la secretaria general y número dos del PP, María Dolores de Cospedal, 45 años, presidenta electa de Castilla-La Mancha en los pasados comicios del 22 de mayo, quien se casó en 2009 con uno de ellos, Ignacio López del Hierro, ambos en segundas nupcias. Los dos comparten inquietudes políticas, ya que Del Hierro, con políticos en la familia (es primo de José María Álvarez del Manzano), empezaba su meteórica carrera en 1977, cuando Rodolfo Martín Villa (por entonces ministro del Interior) le nombró gobernador civil de Toledo (el más joven de España). Ahora figura en los consejos de Bami Newco, Lincoln International (un banco de negocios), Estepona Golf, Hilo de Inversiones y Renta Inmobiliaria.

Otra política que eligió pareja en el mundo de la empresa, aunque no en la estrictamente financiera, fue la ganadora de las elecciones autonómicas en Aragón, la diputada popular Luisa Fernanda Rudi, que se casó en 1996 con el empresario y abogado José Sobrino Ducai. La boda fue un acontecimiento social multitudinario. No en vano Rudi era entonces alcaldesa de Zaragoza.

Su esposo, un hombre discreto, del que se dice que es aficionado a la música clásica, siempre ha residido en la capital aragonesa, incluso cuando Luisa Fernanda Rudi fue la elegida para ser la primera mujer presidenta del Congreso de los Diputados. El cargo les permitía verse todos los fines de semana y algunos días más entre semana, cuando no había tanta actividad parlamentaria. Ahora, si finalmente ejerce como presidenta de la comunidad autónoma de Aragón, gozarán de más proximidad física.

Familia y política.

Diferente es el caso de Esperanza Aguirre, 58 años, que lleva 37 casada con Fernando Ramírez de Haro, conde de Murillo. Ambos son de lo que se podría denominar buena familia. Se conocieron en la universidad y contrajeron matrimonio en 1974. Sus carreras profesionales han discurrido de forma absolutamente separada. Ella es una apasionada de la política. Él, economista de formación, dedica buena parte de su tiempo a la administración de negocios de explotación de fincas agrarias y es un enamorado de la Historia.

Esperanza Aguirre suele ser muy cuidadosa con la intimidad de su familia y raras veces habla de su marido o de sus dos hijos (Fernando y Álvaro). De su esposo suele decir cuando se le pregunta que una de las cosas que más le gustan de él es su sentido del humor. Y donde sí se les ha podido ver más unidos que nunca ha sido en la reciente operación quirúrgica a la que fue sometida en febrero la presidenta de la Comunidad de Madrid para extirparle un cáncer de mama que ella misma anunció que padecía.

Pero abundan más los casos de matrimonios entre políticos. Ese es el caso, por ejemplo, de Celia Villalobos, 61 años, diputada, exalcaldesa de Málaga y exministra de Sanidad, casada también con un hombre de éxito, Pedro Arriola, 62 años, con el que lleva toda la vida y considerado por muchos como el sociólogo de cabecera de Mariano Rajoy. Arriola, que después de trabajar en una empresa que asesoraba a la CEOE y a la entonces Alianza Popular, fue fichado por Aznar en 1989. Hoy cuenta con dos empresas que trabajan en buena medida para el PP. Es curioso que este licenciado en Económicas por Málaga y Políticas por Madrid, comparta tantas cosas con Miguel Barroso, el esposo de Carme Chacón. Ambos mantienen una alta implicación con su partido, desde una cierta distancia, al margen de la disciplina y también una pasión por actuar en la sombra.

Este tipo de parejas entre políticos se dan menos en el PSOE, donde hay pocos casos si exceptuamos la relación de pareja entre Bibiana Aído y Julián Martínez. Ahora mismo, no parece que haya muchos casos como el de Felipe González y su relación con Carmen Romero.

Superación femenina.

Dentro de los matrimonios entre políticos se dan también muchos casos en los que las mujeres sí han tendido a superar a su consorte. Es el caso de Ana Pastor, 53 años, exministra de Sanidad, médica que estudió en Salamanca, que hizo sus pinitos en Galicia pero que enseguida se fue a Madrid a ocupar cargos a escala nacional mientras su marido, José Benito Suárez, capitán de marina mercante, tuvo que seguir en Galicia, en puestos secundarios. Mientras Ana era diputada en Cortes, Benito tenía que contentarse con ser concejal en Pontevedra. Y cuando su mujer ejercía de ministra, él se quedaba en director general de Interior en el Gobierno de la Xunta de Fraga. Y todo esto, dicen que por la influencia de su esposa. Tras la salida de Fraga del Gobierno en 2005, volvió a dar clases en la Escuela de Náutica de Vigo, sobre sistemas auxiliares del buque y calefacción, agua caliente y sanitaria. En cuanto el PP volvió al poder encontró otro cargo como director de la Autoridad Portuaria de Marín.

Otra mujer que dejó atrás a su marido, Guillermo Cortázar, 59 años, fue Pilar del Castillo, 58 años. Los dos compartieron una azarosa carrera política que empezó en la Universidad Complutense de Madrid, donde estudiaban Derecho y militaron en Bandera Roja y el Partido Comunista. Cambiaron de opinión y se convirtieron en liberales, los dos, tras estudiar en EEUU con una beca. En 1989 se acercaron al entorno de Aznar, entraron en el partido y durante unos años desarrollaron carreras muy paralelas. Parecía incluso que Cortázar, que fue diputado y miembro de la Ejecutiva del PP, y que tenía tras de sí una densa carrera en la banca (fue ejecutivo del Banco de Vizcaya) iba a sobrepasar a su esposa. Pero al final fue ella la que acabó teniendo mejores ofertas. Nada más llegar al Gobierno, Aznar le ofreció Medio Ambiente, que Pilar rehusó. Cuatro años después se convertía en ministra de Educación.

Manto de silencio.

Y lo que sí existe es un auténtico manto de silencio sobre la práctica totalidad de los ex de algunas políticas que ahora tienen pareja pero sin boda de por medio. Entre las pocas que han hablado está Trinidad Jiménez, ministra de Asuntos Exteriores, que se casó aún joven con un diplomático, Julio Herráiz, al que conoció en la Escuela Diplomática. Lo que es seguro es que ahora estará alucinado con el carrerón que lleva su exesposa en el mundo de la diplomacia y la política internacional.

Trinidad Jiménez tiene como pareja ahora a un cámara de televisión, Miguel Ángel de la Fuente, con quien sale desde octubre de 2008. La ministra, a la que se ha visto en numerosas ocasiones paseando con su pareja, había mantenido a Miguel Ángel fuera del protocolo oficial hasta el pasado abril, cuando acudió con él a la recepción oficial del príncipe Carlos de Inglaterra y su esposa, Camila Parker.

Lo que sí está claro es que aunque se hable pocas veces de ello, en España hay un pequeño ejército de esposos o compañeros de políticas en ejercicio. También está claro que sus carreras son distintas, aunque mantengan cosas en común, y no parece menos cierto que en algunos casos las mujeres les han dejado atrás, en otras han contribuido a su carrera y en la mayoría de los casos lo que más abunda es la discreción para no mezclar política y vida personal, a no ser que ambos se dediquen profesionalmente a la actividad política.

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