Vicente Romero
Vicente Romero (Sevilla, 1969) es uno de esos grandes actores a los que, inexplicablemente, no le llegan todos los papeles que su talento merece. Pero a él parece no importarle demasiado porque está acostumbrado a luchar desde niño. Estos días saborea el éxito gracias a la serie ‘Con el culo al aire’ (Antena-3), donde interpreta al dueño de un ‘camping’ en el que se refugian los caídos por la crisis.
“La solidaridad es propia de carteras abultadas”
Estamos ante una de las primeras series sobre la crisis en España.
Sí, es la primera que surge al abrigo de la crisis. Es más, los creadores se han inspirado en casos reales, alguno ha tenido familiares que han vivido en un camping.
El éxito de los primeros capítulos ha sido enorme. ¿A qué cree que se debe?
No lo sé, pero en un momento tan convulso tiene su importancia. En tiempos de crisis es cuando más trabajamos los comediantes, porque hace falta reírse.
El suyo es un camping lleno de perdedores, pero mantienen un rollito especial...
Sí, son como una especie de familia, aunque yo soy un poco más escéptico porque no creo que eso ocurra en la realidad.
¿Por qué?
Porque la gente no está educada para ser solidaria, y menos en situaciones extremas. La solidaridad es propia de carteras abultadas.
¿Usted viviría en un camping?
He vivido en sitios mucho peores. Si eres un superviviente, vives donde haga falta.
¿Vicente Romero nota la crisis?
Vicente Romero siempre estuvo en crisis. He vivido bajo mínimos muchas veces. Mientras el mundo supuestamente florecía, a mí me comían las moscas. En cualquier caso, las crisis son un invento.
¿Y eso?
Hacen falta para regular el sistema.
¿Cuándo le darán un papel protagonista?
No lo sé. Me encantaría hacer un protagonista, pero intento cortarle las uñas a la ambición, porque nunca se sabe.
¿Si Vicente Romero tuviera pelo y diez centímetros más de altura lo hubiera conseguido ya?
A lo mejor lo que me falta es juventud, porque hoy en día la juventud es sinónimo de éxito. A veces me pregunto si Danny DeVito hubiera triunfado en España.
Usted inició su carrera en Sevilla, pero acabó instalándose en Madrid. ¿Acaso en Andalucía no hay sitio para usted?
Tengo una pequeña pelea con mi tierra. Aquello es un páramo.
Cuente, cuente...
La cultura está monopolizada en una sola dirección. Me parece muy bien que el flamenco sea patrimonio de la humanidad, pero existen un montón de artistas andaluces que no pueden reivindicar su arte y que tienen que irse fuera para poder ser valorados. A mí a veces me dicen que soy un desertor por haberme marchado, pero no lo soy. Soy un emigrante que se ha ido de su tierra para buscar una vida mejor.
¿Quién tiene la culpa de esa situación?
La clase política, que se ha adueñado de la cultura. Andalucía no es solamente la feria, el flamenco, la Semana Santa y el Rocío. Los que piensan en algo más se tienen que ir fuera.
¿Y volverá algún día?
Seguramente. A veces sueño con que en un futuro todos los andaluces que se han marchado vuelvan para arrimar el hombro.
El día que eso suceda el páramo será Madrid...
No se crea, Madrid se alimenta bien sola. Habría otro tipo de supervivientes, argentinos por ejemplo. Eso es lo que más me gusta de esta ciudad: se vayan los que se vayan, siempre se retroalimenta.


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