Eduard Fernández

13 / 01 / 2017 Luis Calvo
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Candidato al Goya como mejor actor

“Para hacer muchas películas hay que ser actor. Para hacer una y ganar un Goya, no”

Encendiendo un cigarro tras otro, igual que Francisco Paesa, el personaje que le ha llevado de nuevo hasta los Goya, Eduard Fernández charla relajado en una terraza de Barcelona, a solo unos pasos de su domicilio. Interpretar al espía le ha cambiado hasta el gesto al fumar. Es, reconoce, un personaje que deja poso, complicado de olvidar. El 4 de febrero se sabrá si también deja premio. Sería el tercer Goya de un actor sobre el que todos coinciden que atraviesa su mejor momento.

¿Le sigue dando vergüenza recibir premios o ya lo ha superado?

Bueno, da nervios, apuro y una cierta vergüenza... cada uno es como es. Y para eso están los psicólogos [sonríe]. Es verdad que me daba cierta vergüenza. Hace años que no. Eso, la típica frase de “No lo merezco” es tener el ego mal puesto, pero ego al fin y al cabo. Ahora lo recibo con cariño, deportividad y alegría. Y sabiendo que los Goya, los Gaudí o el premio que sea no es más que una promoción para el cine y una fiesta.

El personaje de Paesa ya le ha dejado la Concha de plata de San Sebastián. ¿Eso le hace favorito para el Goya?

No lo sé. Nunca se sabe. A veces intervienen factores que no controlamos. A mí me haría mucha ilusión. Son muchas las veces durante los últimos 13 años que llevo siendo nominado sin conseguirlo. Este año me gustaría traerme el cabezón para casa.

¿Qué fue lo más complicado de interpretar a Paesa?

El personaje se las trae. Esconde mucho y muestra muy poco. Alberto Rodríguez [el director] me decía cuando rodábamos que el espectador tenía que tener ganas de verme. Con la pinta que llevo en la película, que no atrae precisamente, y la contención que caracteriza al personaje era complicado. Tenía que mentir, mentir muy bien, y a la vez que el espectador supiera lo que se le pasa por la cabeza. Con casi nada del personaje había que construirlo. Me inventé, o descubrí, que tenía puntos muy flacos. Yo creo que la empatía y las cuestiones humanas que otros personajes tienen muy a mano, este no. Amor, empatía... iba muy escaso. Y eso le sabía muy mal. Pero a la vez era bueno para ejercer su oficio, para manipular.

¿Ha fantaseado con conocerle ahora que sabemos que sigue vivo?

Me encantaría hablar con él. Ya me he hecho hasta mi imagen. Los dos en un bar, un chiringuito del Norte, en invierno, en una terraza junto al mar, ambos con el abrigo puesto, solos entre un montón de mesas desocupadas. Y hablar de la vida. Me gustaría hacerle una pregunta de la que supiera la respuesta para ver si me engaña.

¿Cree que lo haría?

Haría lo que más le conviniera.

Además del gesto al fumar, ¿le ha dejado rastro?

Sí que deja rastro. Cuando me acuerdo de él, es verdad que no puedo evitar mirar lejos. Hay un poso que ha quedado. Hay veces que a pesar de mí y de que el personaje sea inmoral, acabas sintiendo una cierta admiración por él.

La película muestra un lado muy humano de los personajes. Hasta Roldán acaba provocando compasión.

Esa es una parte buena de la película. Humaniza a los personajes y los explica en su globalidad. Como seres humanos todos tenemos siempre alguien que nos quiere, todo el mundo lo tiene. O casi. La película muestra todo el personaje, su grandeza y su miseria. No trata de esconder nada.

¿Es una película política o solo de trileros engañando al mundo?

Las dos cosas. Cuenta una parte importante de la historia de España y creo que la cuenta bien. A veces te dicen que hay que ver una película porque es parte de nuestra historia. Habrá que verla si la película está bien. Si no, es mejor leer un libro.

La película dice que sucede en una época en que el mundo era de unos pocos. ¿Sigue siendo así?

España sigue siendo de los mismos pocos. Y tienen más poder que antes. Hemos ahondado en la desigualdad. Creo que la crisis ha servido para ello. De hecho, creo que estaba construida para eso, estaba creada para ahondar en esas desigualdades. Las estructuras de poder se dedican a engañarnos y decorar la realidad que están construyendo con colores amables. Veinte años después seguimos igual o peor. Es muy decepcionante, muy triste.

¿Cree que como ciudadanos somos demasiado dóciles?

Yo creo que sí. Con todo lo que ha ocurrido durante la crisis, con la gente tirándose de los balcones cuando se veía perdido, el trabajo del Gobierno, como decía José Mujica, debería dedicarse a paliar el dolor y el sufrimiento de los ciudadanos. Lo que hacen es todo lo contrario. La prensa evitaba hablar de la gente que se suicidaba con el argumento de que eso incita a más suicidios. Yo no me lo creo. Siempre hay una excusa para hablar de lo que no se quiere hablar. El sistema es perverso. La corrupción en el PP está tan extendida y es tan generalizada... Y siguen ganando. Cuando la gente se tiraba por los balcones a mí me sorprendía que no hubiera altercados fuertes. Pere Casaldáliga, un obispo de la teología de la liberación a quien interpreté decía cuando le acusaban de amparar la violencia: “Tengo que admitir que no me gusta hablar en términos de violencia o no violencia. Ahora bien, si hay que hablar de violencia, hay que decir que no hay violencia mayor que la violencia institucionalizada, oficialmente justificada y que por reacción provoca otras violencias mucho menores”. Y soy alguien que rechaza la violencia.

¿No ve ninguna alternativa?

Bueno, yo soy de izquierdas. Creo que si gobernase un partido de izquierdas, en lugar de dedicarse a pelear entre ellos... Quizá es excesivo el poder que acumula a veces un solo ser humano. Merkel, por ejemplo: una señora que vive en su casa y que hace pis y caca como todos. Tiene mucho poder, demasiado. Igual que tuvo Hitler o tuvo Franco. No logramos acabar con esas acumulaciones de poder en una sola persona. En los partidos políticos debería acordarse que no caiga todo el peso sobre una persona. Todos somos muy vulnerables. Por ejemplo, hablo de Podemos. Se necesita mucho trabajo personal y psicológico para que los egos no te hagan seguir el mismo camino que aquellos a los que criticas, aunque prediques lo contrario.

¿Cree que no es buena la institucionalización de Podemos?

Podemos está haciendo un camino lógico, normal, cuando un partido se hace partido. Pero al mismo tiempo tengo la sensación de que todo está tan bien armado y organizado, que los caminos están tan trazados, que acabas entrando en los cauces del sistema y acabas domesticado. Dicho esto, no me vale el discurso de que todos son iguales. No es verdad. Todos no son iguales. Lo que hay que intentar es que los nuevos no caigan en los mismos errores, que sean mejores.

Le he leído que el poder lleva a la corrupción. ¿Lo sigue creyendo?

El poder tiende a corromper. Por eso hay que estar muy bien armado como persona. Ese trabajo es personal. Todos tendemos a que la adulación nos confunda. El enemigo, este sistema capitalista y bestial en el que vivimos, es muy peligroso. Eso de que todos queramos ganar cuanto más mejor debería acabarse. No debería ser así. Eso es el germen de la corrupción. Hablábamos de Podemos. Querer ganar, dicho así, es un germen de corrupción futura. No tienes que querer ganar. Tienes que mostrar tu apuesta y esperar que te vote quien quiera.

Argumentan que es la única forma de cambiar las cosas.

Sí, pero no tiene que querer ganar. Si lo que quieres es ganar, sin más, puedes acabar tomando atajos o vericuetos que te acaben metiendo en el sistema. Si tú lo que haces es limitarte a exponer tus motivos te mantienes más puro.

Sigue habiendo cine español que tiene muy complicado ser expuesto. ¿Qué se puede hacer?

Protegerlo. La labor del Gobierno debe ser promocionar el cine como cualquier otra industria del país, como la lechera por ejemplo. Si está todo inventado. Solo hay que copiar. ¿Qué se hace en Francia? De cada tantos euros de cualquier entrada, una parte va para hacer cine francés. Protejamos el cine español. Tenemos calidad, mucha. Promocionémosla. Y seamos exigentes. Con esa protección podríamos ser más artísticos y solo hacer películas viendo quién va o no va a la sala.

Los actores tampoco pasan su mejor momento. Según un estudio solo el 8% puede vivir de ello.

Lo sé. Soy un privilegiado. Ocurre en muchas profesiones, pero en mi sector hay mucho intrusismo. A veces alguien guapo, o que vende, conocido o graciosete haciendo el casting se queda el papel. Para hacer muchas películas hay que ser actor. Para hacer una o dos y ganar el Goya, o incluso el Oscar, no hace falta. Puedes hacerlo muy bien sin tener ni idea y que luego no hagas nada más. Casos hay a patadas. 

Escríbanos: tiempo@grupozeta.es

COMENTARIOS

No hay comentarios

ENVIA TU COMENTARIO

  • Los campos marcados con "*" son obligatorios

Grupo Zeta Nexica