Arturo Fernández

16 / 02 / 2012 José María Vals
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Presidente de la patronal madrileña CEIM. Vicepresidente de la CEOE, este empresario es de los que creen que la reforma laboral aprobada por el Gobierno es buena para todos, para empresarios y trabajadores, aunque no disimula su alegría: “Por la libertad que nos da a los empresarios”, dice, para ajustar cada empresa a sus circunstancias.

Foto: David García
“Si se contrata bien, la salida de los trabajadores es más difícil”

¿Cómo valora la reforma laboral aprobada por el Gobierno?

En una valoración de cinco, yo le doy cuatro y medio. Creo que es la reforma laboral más profunda que se ha hecho desde que soy empresario, y de eso hace exactamente 40 años. Toca todos los temas y con bastante profundidad. Mi valoración personal es positiva y la de la Confederación Empresarial Independiente de Madrid (CEIM), que yo presido, coincide en considerarla positiva.

¿Qué es lo que le hace darle esos cuatro puntos y medio sobre cinco?

A los empresarios nos da una libertad que antes no teníamos. Antes estábamos sometidos todos a un sistema laboral muy constreñido. Y eso va a facilitar muchísimo la entrada y la salida de nuestros trabajadores en la empresa. Creo sinceramente que es buena para los empresarios y para los trabajadores, y sobre todo es buena para los más de cinco millones de desempleados que tenemos en España, porque al fin verán la posibilidad de que con esta reforma, y otras como la financiera, los empresarios empiecen a contratar.

¿Y cuál es ese medio punto que le falta a la reforma para sacar la mejor nota?

Está en la letra pequeña. Ha sido aprobada hace muy pocos días y necesita, a través de las enmiendas que se le puedan añadir en el Parlamento, algunos retoques que son importantes para el pequeño empresario y con los que, si se consiguen, puede considerarse una reforma casi, casi perfecta.

¿Pero cuáles son esos retoques que cree que le faltan a la reforma?

Son temas técnicos. Por ejemplo, la ultractividad [vigencia automática del convenio cuando caduca], fijada
 en dos años, que creemos que es larga; las 20 horas anuales de formación a las que tienen derecho los trabajadores, que no sabemos cómo las podrán aplicar los pequeños empresarios; y los contratos de jóvenes hasta los 30 años que solo se pueden hacer en empresas de hasta 50 empleados y creemos que las medianas empresas también deberían poder disfrutar de esas condiciones especiales.

Decía que la reforma mejora la entrada y la salida. El despido será más fácil, pero la entrada...

Creo que si la entrada es fácil, la salida es más lejana. Si contratamos bien, con unas condiciones aceptables para la empresa y para el trabajador, seguramente esa relación laboral va a perdurar mucho más tiempo.

¿Se esperaban esta reforma, o una menos contundente?

La CEOE ha estado trabajando junto a Gobierno y sindicatos durante muchos meses. Hemos hablado de todo y esperábamos una reforma como esta. Creo que los sindicatos también la esperaban así. Era una reforma anunciada. El Gobierno ha dado muchas facilidades a los agentes sociales y todos hemos expuesto nuestras peticiones. Se han cumplido las expectativas que teníamos nosotros.

Aparte de la letra pequeña, ¿cree que aún es mejorable el texto de la ley en su trámite parlamentario?

Todos vamos a intentar añadir cosas que quizás se han quedado en el tintero. Pero tenemos que estudiar todavía en profundidad todos los aspectos.

Los sindicatos quieren que el Congreso suavice algunos aspectos...

Yo espero que no lo haga. Creo que la reforma laboral es equilibrada y además estoy convencido de que es buena para crear empleo y para acercarnos a lo que nos pide Europa, que por cierto ya ha hecho público un comunicado, desde las autoridades comunitarias, reconociendo que va en la buena dirección, porque precisamente afronta problemas estructurales, como la brecha entre trabajadores temporales e indefinidos.

El punto crucial es si la reforma será capaz de crear empleo. ¿Lo será?

Personalmente creo que a corto plazo va a estabilizar el empleo. La creación de empleo no será consecuencia únicamente de la reforma laboral. Va a ser fruto de un conjunto de medidas que se complementan, como la reforma financiera, algunas otras medidas fiscales y que las administraciones públicas obtengan financiación para pagar todo lo que deben a los empresarios privados. Pero indudablemente eso no va a ser de hoy para mañana. Se ha puesto la autopista para poder rodar en la creación de empleo.

¿A qué medidas fiscales se refiere?

Pues por ejemplo a que el IVA solo se pague a la Hacienda pública cuando las facturas estén realmente cobradas y no como ahora, que el impuesto hay que ingresarlo cuando se emite la factura, independientemente de que después se tarde meses en cobrarla.

Una petición histórica de los empresarios es que les rebajen las cotizaciones sociales. ¿Van a seguir insistiendo?

Ahora mismo el Gobierno tiene una patata caliente, que es el control del déficit público, y debe encajar todas las medidas posibles para lograrlo. Ya ha subido los impuestos (subió el IRPF) y los empresarios mantienen su petición histórica de que se les reduzcan las cotizaciones a la Seguridad Social en algún punto. Creemos que puede hacerse a través del dinero que sobra de las mutuas y con un cambio de modelo de la financiación de la formación.

Muchos han visto en esta reforma la posibilidad de que las empresas cambien bajadas de sueldo por no despedir...

Lo que hace la reforma es dar a las empresas la libertad, junto a los trabajadores, de ver juntos qué hacen con sus pactos de rentas. Si se pueden congelar o si deben bajarse para preservar el empleo y para garantizar la pervivencia de la empresa. Durante este periodo de crisis se han destruido muchos miles de empresas, que a su vez destruyen empleo. Lo que se pretende es que esto no pase y que, de acuerdo con sus trabajadores, los empresarios puedan acomodar los salarios para seguir adelante.

¿Tan mala era la legislación anterior?

En España ha habido miles y miles de empresarios que se han enfrentado a unas normas laborales muy inflexibles. Y en el caso de las más pequeñas y de los autónomos, cuando se les ha planteado el dilema de tener que despedir a un trabajador, han visto que era imposible y han tenido que cerrar el negocio.

Pero si no se crea empleo a corto plazo, se reducen los salarios y ya hay una subida de impuestos, el consumo puede caer más...

Sin ninguna duda. No soy especialista en macroeconomía, pero es como una pescadilla que se muerde la cola. Pero creo que las medidas que está tomando el Gobierno van por el buen camino. Ahora mismo tenemos dos españas: la de quienes tenemos trabajo y la de los más de cinco millones que no lo tienen. ¿Cómo se arregla esto? No hay varitas mágicas. Todos, empresarios, trabajadores y políticos, debemos remar en la misma dirección.

Y usted, ¿cómo lo ve como empresario que es?

Creo que una empresa es un equipo, que el trabajador sin el empresario no puede sobrevivir, pero el empresario sin el trabajador tampoco. A mí me gusta que los empleados se sientan como en su casa, que tengan un salario digno y que los empresarios tengan el beneficio lógico para poder seguir con su empresa.

¿Cree posible a estas alturas un acuerdo global entre patronal y sindicatos?

Eso sería lo ideal. Habría sido estupendo que esta reforma laboral hubiera sido pactada entre patronal y sindicatos, pero al final ha tenido que ser el Gobierno, que creo que ha sido muy valiente, el que ha aprobado una reforma contundente y precisa. Con esta reforma no tienen que ganar ni la CEOE ni CCOO ni UGT. Tienen que ganar los trabajadores, los empresarios y, por ende, España. No hay que buscar ganadores y perdedores.

Pero los sindicatos dicen que la reforma se acerca más a las tesis patronales.

Creo que está hecha sin pensar en patronales y sindicatos, sino pensando en los 5,3 millones de parados que hay en España y en la destrucción de empresas que hemos sufrido.

Decía antes que hace falta un conjunto de medidas. ¿Cree que funcionará la reforma financiera?

La vuelta del crédito a la economía es algo que todos estamos esperando. Entre las numerosas reformas estructurales que este país necesitaba estaba la financiera. Ya se puso en marcha tímidamente hace tiempo, y ahora se ha dado el último empujón. Hemos pasado de 47 cajas a 16 y seguirá la concentración. Al final quedarán seis o siete grandes bancos. Se trata de dar seguridad a las propias entidades y al exterior.

¿Y cuáles son esas otras reformas estructurales que faltan?

España necesita un plan Renove. Además de la laboral y la financiera, pide una reforma de la Justicia que potencie el arbitraje para ser más rápida, una reforma educativa, que ya está en marcha, y una energética.

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